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Puebla, México, 21 de julio de 2025 (Neotraba)

Alguna vez hablé con un compañero de la facultad sobre Antonio Cisneros. Por ese entonces Vargas Llosa seguía vivo y se enojaba con el lenguaje inclusivo. La conversación saltó de la mención de autores peruanos, a buscar algo de su obra poética. Tras leer su extensa trayectoria, desde 1961 con su primer libro Destierro, premios como el Nacional de Poesía de Perú con Comentarios reales en el ’64; premio Casa de las Américas con Canto ceremonial contra un oso hormiguero en el ‘68, o el Latinoamericano de Poesía Rubén Darío con Crónicas del niño Jesús de Chilca en el ‘81, llegamos a leer el poema que abre la colección que reseño. Es curioso cómo cambia el aspecto de una lectura con el paso del tiempo.

Esta reseña corresponde a El libro de Dios y los Húngaros, en su primera edición de 2024. Una vez más, bajo el sello de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla. La excelente fotografía de la portada viene de la lente de Mario Acha. En el característico formato de cuadernillo de la colección “Epifanías”, el decorado es blanco con verde. Sobra decir que la edición gráfica del libro me parece fascinante por sí sola y, además, acompaña de maravilla al contenido del libro.

De forma general, la colección comprende tres apartados. Aunque no puedo precisar que el compilado pertenezca a uno o varios libros del autor –más adelante ahondaré en ello. “El libro de Dios y los Húngaros”, apartado que comparte título con el libro y que, tanto en extensión como en contenido, devora las manos del lector. “En Román Paladino” sección que diría, se trata de la boutique y aparador de la extensa obra del autor fuera del compilado en el libro, sin que esto sea un objeto en contra para el acto de disfrutar el libro por sí mismo. Y por último “Dedicatoria”, que es tal cual una dedicatoria a su esposa; una que a la par de breve es muy dulce. Hay, además, un soporte al lector: fragmentos de una entrevista a Antonio Cisneros en la pluma de Marco Antonio Campos en la revista Círculo de Poesía, publicada el 7 de octubre de 2012. Entrevista que dejaré como anexo[1], como herramienta de lectura –aunque tampoco es necesario; la poesía de Cisneros me parece muy concreta.

La frutería al lado

“Domingo en Santa Cristina de Budapest y la frutería al lado” es el poema que abre la colección. Y puedo entender por qué es así. Durante la entrevista que viene anexada al libro explica un poco más sobre cómo surgieron algunos de los poemas de El libro de Dios y los Húngaros de 1978.

Narra una anécdota en la que ante una tormenta, se refugia en la iglesia de Santa Cristina de Budapest, y aunque no puede comprender el húngaro con el que se celebra la misa, comprende el rito. Y se adhiere a él. Bien, este poema recupera mucho de la anécdota detrás de su creación. Y establece un paralelo entre él como sujeto poético y la parábola bíblica del hijo pródigo. Él, como alguien que no comprende por completo la realidad que lo rodea, pero sí el ejercicio divino –o místico– dentro y fuera de un espacio sacro, como la frutería al lado. El hijo de Dios que se halla a sí en la experiencia de vivir.

El poema, además, se acompaña de imágenes llenas de color, textura y aroma, pero que carecen de movimiento. Este apartado en la colección se caracteriza por ello, es un compendio de postales que se aglutinan la una con la otra para formar otra postal más grande. Como el siguiente fragmento: “Llueve entre los duraznos y las peras, / las cáscaras brillantes bajo el río / como cascos romanos en sus jabas”. Tres líneas que describen la forma en que cae la lluvia sobre las frutas, y que desde esas tres líneas hacen un llamado al reconocimiento de formas y aromas como herramienta empática. Para cuando un par de versos más adelante diga: “Llueve entre los duraznos y las peras, / frutas de estación cuyos nombres ignoro, pero sé / de su gusto y aroma, su color / que cambia con los tiempos”.

Otros poemas en la sección como “Café en Martirok Utja” ejemplifican muy bien el cómo las postales construyen una imagen más grande. Tres estrofas bastan para describir la evolución del tiempo. Y que, además, se suma al resto de poemas en la sección que nos ayudan a construir Budapest –o el oriente europeo que se cierne sobre Cisneros–, desde la cotidianidad.

Entre imágenes urbanas y algunas del paisaje, exploramos la contemplación del autor. Destaco una sobre el resto, “Tu cabeza de arcángel italiano”. Poema en seis partes que narra la historia de la familia de Jutka. Desde quién intuyo, es su madre Lutka; comprendemos la situación de nuestra protagonista, la de una exiliada o inmigrante nacida en una tierra extraña –en un momento llegué a pensar que estaba emparentado con otro poema, “Nacimiento de Soledad Cisneros”. Desde la visión de su padre, el ambiente y el aspecto que rodean a Jutka como un oriente europeo en el tránsito de la modernidad, o de los imperios que la empuñan. Cuando habla el sujeto impersonal entendemos la posición en que se habla del imperio en cuestión; la opresión soviética en levantamientos como los que nombra la misma Jutka en uno de sus sueños.

“Tu cabeza de arcángel italiano” destaca del resto de poemas por su sencillez para retratar imágenes, pero su profundidad histórica y referencial.

Boutique

El título de la siguiente sección por sí sola es una ironía, pero quizá no una intencional. Escribir o decir algo en “román paladino” refiere a una expresión en desuso. Acuñada por Berceo para describir la lengua del vulgo, la expresión quiere decir algo claramente. Por ello pienso que esto es una desafortunada casualidad, en que nuestra distancia entre 1978 y el referente de un autor, juega a la contra. Decir algo en román paladino, ya no es tan claro como entonces.

Fuera de este aperitivo complejizado, esta parte de la colección comprende poemas que no necesariamente mantienen una conexión temática o estilística. Por ello lo comparo con una boutique del autor. Una habitación apropiada por hilos de conversaciones sueltas. Cada poema trabaja por sí mismo, postales individuales de momentos aislados.

Los poemas recuperan situaciones diversas. Dos son mis favoritos; el primero se llama “Por Robert Lowell”, el epígrafe nos resume –lo que puedo intuir es– una nota del periódico, en la que un pasajero de un taxi muere en su traslado al aeropuerto. El segundo es “Holofernes complaint”, que, naturalmente, remite al mito judeocristiano de Holofernes y Edith, aunque aquí el giro del autor está en que la Edith, que tortura al protagonista (Holofernes), no parece tener la intención de cometer la traición, como sí ocurre dentro del mito original.

En profundidad, ambos poemas se componen de lo que diría es el núcleo poético de Cisneros: imágenes inmensas y casi fotográficas de la realidad. Cisneros parece jugar con el límite del gráfico léxico y el comienzo de una descripción. La mayoría de poemas parte de una imagen que comienza por darnos un objeto visual fijo, en el caso de “Holofernes Complaint” se trata de una libreta negra, pero la imagen no es completada con otros objetos en interacción, sino con sujetos inmateriales que dibujan la postal fuera de la postal, como las personas dentro de la libreta negra. El poema de “Por Robert Lowell” sirve mucho para ejemplificar cómo es que Cisneros suele meter referencias metatextuales en su poesía, otra forma más de dibujar una postal fuera de sí misma.

Dedicatoria y otras anotaciones

La última postal del libro es muy personal, aunque no diría que romántica. Está dirigida a su esposa, pero parece ser un poema introspectivo sobre la forma en que se ama. Una especie de revisión de votos matrimoniales mientras se mira un libro de algo lejano.

Aquí cabe mencionar lo que dije al principio; no tengo muy claro si este libro es una compilación de trabajos de Cisneros, o si es una reimpresión del libro original con el mismo nombre de 1978. Pues, aunque las secciones por sí mismas mantienen cohesión temática y de estilo, la disparidad entre la boutique y el compilado místico crean un llano en la lectura.

Aunque debo reconocer que, de esa forma la dedicatoria final tiene más fuerza a pesar de ser un solo poema. Pues la imagen nocturna y hasta íntima que refleja, se replica con la del lector cerrando el poemario. “Puedes pedir otra jarra de vino / pero esta noche / no esperes a los dioses en tu mesa” como en el poema “Café en Martirok Utja”.


[1] Justo aquí: https://circulodepoesia.com/2012/10/marco-antonio-campos-entrevista-a-antonio-cisneros/


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