Puebla, México, 28 de mayo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 13 minutos

Ubicada en el Bulevar Miguel Hidalgo número 52, Colonia El Centenario en Hermosillo, Sonora, la librería Dr. Kafka abrió sus puertas recientemente. El escritor Franco Félix es quien comanda este proyecto. Siempre será motivo de celebración que aparezca un foro nuevo, porque Dr. Kafka no solo ofrece servicio de cafetería y venta de libros especializados en literatura, sino que se constituye como un espacio para talleres y presentaciones de libros.

Platicamos con Franco Félix, quien tiene una amplia experiencia como librero pues en la CDMX se formó en la librería La Murciélaga, y nos contó lo que espera de este proyecto. Además, nos dio 5 recomendaciones para ser un buen librero.

1.57 librerías por cada 100,000 habitantes en Hermosillo, en ese contexto Dr. Kafka abre sus puertas

Óscar Alarcón. De acuerdo con la página del Sistema de Información Cultural del Gobierno de México, en Hermosillo existen diez librerías. ¿A qué le apuesta una librería como Dr. Kafka en un mercado que desafortunadamente no es extenso?

Franco Félix. Creo que ese número del Sistema de Información Cultural del Gobierno de México debe de estar desactualizado, porque no hay 10 librerías en Hermosillo.

La librería de la Universidad de Sonora no creo que cuente. Además de que se ha convertido en un aparador de souvenirs. Antes, la librería de la Universidad era una cosa increíble, muy nutrida. Pero ahora es una tienda de souvenirs: venden suéteres, gorras, banderines y lo que menos tienen son libros.

En Hermosillo hay una librería católica, una librería de textos, pero no hay librerías en sí. Hace muchos años hubo una época dorada de librerías en Hermosillo. Si le preguntas a cualquier hermosillense –de cuarenta años para arriba– te lo va a responder con nostalgia.

Había una bodega enorme que se llamaba Librolandia; otra, la Librería de Cristal, una cadena muy conocida. Aquí era tan grande como Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo en la Ciudad de México. La EDUCAL era un edificio gigante de dos o tres plantas; fue una época muy linda para las librerías.

En la época moderna, en la era post redes sociales, que yo recuerde está Hypatia, que va y viene. Creo que Paco ha estado abriendo y cerrando porque no hay mucho interés por la lectura y ha batallado. Tiene el foro Babel, que es el brazo activo de Hypatia.

Pequebú de Hermes, pero creo que falleció ese proyecto. Está una EDUCAL pequeñita y las dos grandes cadenas: Gandhi y Porrúa.

A diferencia de esas librerías, Dr. Kafka le apuesta a la creación de una comunidad. Tan solo ayer estuvimos presentando a la gente que llegó y surgieron amistades muy interesantes entre filósofos y burócratas, entre académicos y bailarines de música coreana. Se mezcla un montón de personas interesantes. En un momento del día hubo cinco generaciones de gente que estuvo en la Escuela de Letras, pero no se conocían entre ellas, pero fue lindo reconocerse e intercambiar una sonrisa, un par de ideas y platicar.

Eso es a lo que aspira la librería Dr. Kafka: a generar un espacio donde la cultura tome una personalidad. Y cuando digo “cultura” no me refiero a la alta cultura, a las artes sino al fenómeno antropológico de la cultura: a esta serie de conexiones e interconexiones que hacen distintas personas, de distintos espectros disciplinarios, de intereses. Dr. Kafka tira hacia allá. Un espacio que hacía mucha falta.

Te mencioné las otras librerías para decirte la falta que hacía un locus donde se pudieran reunir distintas personas.

Creo que es como está funcionando: una especie de satélite para atraer a todos los lectores que andan desparramados en Hermosillo y que, en conjunto, pueden generar un impacto más grande y generar más lectores.

Una de las paredes en la librería Dr. Kafka
Una de las paredes en la librería Dr. Kafka

ÓA. La misma página del Gobierno, arroja 32 bibliotecas, un número más alentador. ¿Dr. Kafka se preocupa en promover la lectura realizando selección de títulos de materias específicas o podemos encontrar cualquier libro de diferentes intereses, como ciencia, literatura, esoterismo, superación personal?

FF. Creo que esa cifra sí es correcta. Las bibliotecas tienen muchos clubes de lectura y muchas actividades que funcionan como lo que mencionaba: hacer comunidad. He visto que ahí se reúne más gente.

La cosa con las bibliotecas es que su material es reducido, limitado. Para que las bibliotecas puedan solicitar libros nuevos tienen que pasar por una serie de trámites y una burocracia kafkiana que nadie quiere. Los libros que existen en las bibliotecas van creciendo a cuentagotas.

En la librería, tenemos varias secciones, varios intereses: hay un nicho de ciencia. No es mucho, pero sí hay divulgación científica, ciencias duras. Es una librería pequeña. Contamos con cerca de 6 mil libros, pero irá creciendo. No se puede iniciar con todos los libros por delante, además de que no sabíamos realmente cuáles son los intereses de los lectores en Hermosillo.

Como viví un tiempo en la CDMX pude ver más o menos cuáles eran los intereses –sobre todo en la experiencia de la librería La Murciélaga que fue donde estuve trabajando–, pero en Hermosillo no tenía idea. Tuve que generar y ampliar un catálogo muy diverso.

Por supuesto que hay Best Sellers, hay libros que son muy comerciales, libros de psicología, de superación, pero hay una lista de libros muy cuidados, de textos y editoriales muy bellas, que se conocen muy poco. Libros que sé que en cuanto empiecen a leerlos van generar una reacción muy positiva y ¡vaya que ha pasado eso! Porque en la semana que tenemos abierto, he visto un montón de gente comprar libros muy sofisticados. Tienen un gusto muy sofisticado, lo cual me ha sorprendido.

Llegamos pensando en “Vamos a ver qué les gusta”, y tomamos un poquito de aquí, un poquito de allá. Ya se está creando un perfil de lector de Hermosillo. Créeme que estoy muy sorprendido alegremente porque son lectores muy sofisticados. Se han vendido libros de editoriales raras de encontrar en las grandes librerías, como Nórdica, Fulgencio Pimentel, Consonni, editoriales que son de nicho. Se han vendido bien. La propia comunidad dirá qué es lo que más necesita, qué es lo que quiere leer.

Franz y la literatura infantil

ÓA. ¿Cuál es la importancia de la literatura infantil en el catálogo de venta de Dr. Kafka?

FF. La literatura infantil es protagonista. Tiene toda una pared… no, ¡tiene dos paredes! Tiene una esquinita que estamos adecuando poco a poquito. Es una esquina infantil muy linda. Metimos bastantes títulos de literatura infantil y juvenil. Hicimos un rinconcito para que los niños lleguen y se tiren en una alfombra.

Las librerías deben de apostar a esto urgentemente. Una librería sin área infantil es una librería sin alma, es una librería que solo piensa en conseguir ventas –aunque se vende muy bien, déjame decirte–, pero creo que lo que tenemos que hacer en un estado de emergencia es enseñarles a los niños que hay libros muy lindos.

Acusamos a las nuevas generaciones de que se la pasan en el celular: los niños hacen exactamente lo que ven. Un padre no puede decir que un niño se la lleva todo el día con el celular en la mano. Esa postura romana –dirían Los Tigres del Norte– de traer el celular en la mano y acusar al otro es bastante hipócrita.

Creo que lo que tenemos que hacer es traer libros en la mano y llevarlos y presentarles este mundo que ignoran, pero que ignoran porque los padres no los llevan. Esta librería apuesta a eso.

Si llegáramos a crecer –si llegáramos a encontrar un espacio más grande– créeme que haremos todo lo posible por hacer un rincón muy ameno para los pequeños porque en la fase de formación mental, cognitiva, se genera la personalidad: un libro que te encuentres, que te mueva algo en el cerebro cuando tenemos esa edad, puede cambiar la vida, puede modificar completamente la personalidad.

Bailando al ritmo que toque Kafka

ÓA. Nos hemos enterado que la música también tiene un peso específico en Dr. Kafka, ¿podrías comentarnos cuál es el catálogo musical que la librería tiene a la venta?

FF. Queremos poner unas bocinas afuera del local para que la gente la escuche.

No estoy en contra de la música regional, del reguetón nuevo, del corrido tumbado y alterado. Creo que la diversidad hace muy rico todo, pero cuando todo es monótono, cuando todo es lo mismo, generas una mecanicidad. Y el arte no debe de ser mecánico jamás, salvo que estés haciendo ejercicio o experimentos literarios como los Automatistas.

Tanto en la pintura como en la música, el cine, todas estas artes tienen un espectador pasivo: recibe, reciben, reciben. La lectura y la escritura necesita lectores activos y tienen que superar todo el tiempo su monotonía.

Uno puede estar todo el día escuchando –estoy seguro de que nos ha pasado a todos– una canción y aprendiendo la letra. Llega un momento en el que esa canción se pierde y muere, como que se desgasta algo; como que le exprimimos algo a la música, a una canción hasta que ya nos parece cualquier otra pinche canción que suena en la radio. Siento que eso no pasa con la lectura.

No sé cuántas lecturas le puedes dar a un libro, pero nunca va a lograr condensar todo lo que tiene un libro, todos los ángulos, todas las perspectivas, toda la crítica. No se puede cribar el libro en uno o dos días. Hay libros que siguen estudiándose, ahí está el Ulises. Recientemente vi una noticia de un club de lectura que pasó treinta y tantos años con ese libro y apenas lo terminaron.

Creo que el aspecto de participación que tiene la lectura es mucho más alto en la naturaleza de consumo. Por eso tenemos una sección de música que acompañamos con una curaduría: semanalmente se estarán vendiendo discos, CD’s, viniles, hasta cassetts, y los aparatos para reproducirlos porque queremos hacer curadurías. De esto se encarga nuestro querido Juan Canez, un melómano empedernido de Hermosillo: en una semana va a estar un tema, en otra semana, otro. Vamos a dar unas charlitas cada vez que inauguremos estos temas.

Ahorita tenemos “Divas”, que son discos de puras mujeres. La próxima semana iniciamos con jazz, sigue música del medio oriente. Iremos cambiando para que no se vuelva monótono. Creemos que la música es ese trato: hacer que la gente esté buscando más y más. Que no se convierta en esa canción que se oye al fondo y ya no te dice nada. Por eso la música es importante.

Foto intervenida en la revista Ethic
Foto intervenida en la revista Ethic
Cinco características que el Dr. Kafka receta para todo buen librero

ÓA. Tuviste una experiencia como librero en la CDMX, ¿cuáles podrías decir que son las 5 características que todo buen librero debería tener?

FF. Primero, estar preparado para las rarezas. Las librerías atraen a una comunidad de bichos raros, pero de una manera exagerada, hiperbólica. Llegan y llegan y llegan. En la librería ya han llegado a manifestarse. El otro día llegó un hombre diciendo que venía por sus medicamentos con el Doctor Kafka, que lo habían enviado del Seguro Social. Te estoy hablando de una persona que –al menos– no parecía que estuviera en condición de calle ni que padeciera de sus facultades mentales… quién sabe, eso no se puede ver a simple vista. Era una persona, digamos, más o menos normal que aseguraba que el Doctor Kafka le había recetado unos medicamentos y que venía por ellos.

Dos. Debe de estar abierto a la humildad. Creo que hay un montón de libros que no hemos leído y surge esta clase de personas que quiere hacerle creer a fuerza al otro que sí conoce todos los libros –como si eso fuera posible. Creo que el librero tiene que ser humilde y tiene que dejarse enseñar por el lector, quien luego trae libros que son extraños, interesantes o que simplemente uno no conoce y eso te permite no sólo ser más empático con los lectores, sino que te ayuda a crecer. Creo que eso ayuda a no minimizar el gusto de los lectores porque la vanidad termina por arruinar todo. He conocido algunos libreros que son arrogantes y pedantes. Eso a nadie le encanta. Sé de algunas librerías a las que no les ha ido bien porque los clientes no quieren ver al librero engreído.

Pasamos a la tercera: no sólo ser humilde sino ser empático, ser amable. Al final, el librero está desarrollando una actividad, una profesión, que ya quisiera mucha gente, un montón de personas quisieran estar trabajando con libros. Todo el día en contacto con los libros es sublime, es alucinante y creo que ahí debe de haber un agradecimiento. Vuelvo un poco a lo mismo: estar tanto y tanto y tanto, se mecaniza el mundo y no. El contacto con los libros debería ser así: muy vivo, muy abierto, muy dinámico.

Ser muy curiosos, totalmente curiosos. Hay un montón de cosas que se están haciendo, un montón de libros, un montón de editoriales están surgiendo por todas partes y tienes que estar alimentando constantemente de esto. Qué está pasando en otros países –incluso– no sólo en México: qué librerías están abriendo, qué librerías están cerrando, qué títulos están vendiendo en tal parte. Creo que esa curiosidad es vital para las librerías.

El último: no confundir el gusto personal con el gusto de la librería o con el inventario o el catálogo de la librería. Creo que lo que se busca es no sólo tener una venta –por supuesto, eso es fundamental que se venda–, pero hay muchísimos libros a los que no se quiere incluir en catálogo porque “no me gusta” o porque “tengo este punto de vista político” o porque “esa autora es farsa, ese autor es pura publicidad”. Hay que sopesar muy bien la personalidad de la librería y la personalidad del librero. Hay que tratar de vender lo máximo –no monetariamente, sino que los lectores tengan opciones, que haya lectores de cualquier tipo. Prefiero que haya lectores de Og Mandino a que no haya lectores. Siempre es preferible que esté ocurriendo porque, aunque no quiera aceptarlo, uno empezó leyendo porquerías también, nada más que la memoria es selectiva y trata de fingir que venimos en un moisés literario, directo hacia lo más sofisticado de la escritura, pero no, todos leemos barbaridades, todos nos enamoramos de un autor que al final repudiamos.

Todas las personas tenemos derecho a pasar por ahí e incluso a quedarnos ahí si queremos. Como librero no puedes someter a juicio a tus lectores. No puedes decir: “ay, ese libro no porque es menor o es más comercial”. Creo que todos pasamos por ahí y eso no deberíamos de olvidarlo nunca.


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