Ciudad de México, 2 de agosto de 2026 (Neotraba)

Insensatos lectores: el día de hoy me desperté a la hora acostumbrada. Me preparé un café y dos panes tostados con chingos de mermelada de fresa. Me disponía a ponerme a leer cuando de repente pensé algo y me hice una pregunta: “¿qué día es hoy, querido Gabriel?”, de inmediato pensé: “vale madre es viernes”.

Y se preguntará usted, damita, caballero, por qué esa expresión llena de fatalidad cuando el fin de semana se encuentra a la vuelta de la esquina.

Es muy simple: aún no escribo mi columna.

Durante la semana, aparte de hurgarme el ombligo para sacarme la pelusa, estuve buscando alguna nota en el periódico que pudiera comentar y no encontré ni mierdas. Ya sabrán, las desgracias de siempre, pero, hoy me puse a chacharear en el Reforma y me encontré esta joya:

“Prohíbe Milei entrada a quien odie Argentina”

Buenos Aires.- El Presidente argentino Javier Milei, modificó por decreto la ley de migraciones para prohibir el ingreso o expulsar a extranjeros que expresen mensajes de odio al país.

La nueva normativa prevé la expulsión y la cancelación de residencia para los extranjeros que incurran en estas conductas…

Y como diría mi perro Firulais: Guau. No sé ni qué pensar. Estas declaraciones me dejan congelado. ¿Habrá que reír, rezar o llorar por Argentina? Vaya usted a saber, pero creo en algunas ocasiones me da por pensar que, comparado con otros, Peña Nieto merecía el Nobel de Ciencias.

Por otra parte, la UNAM en estos momentos es un verdadero carnaval. Ahora resulta que harán otro examen de admisión.

Como todos sabemos se presentaron anomalías en los exámenes de ingreso a Licenciatura en la máxima casa de estudios y han decidido que aplicarán una prueba de control ante sospecha de trampas.

Participarán quienes ya habían aprobado y también aquellos aspirantes rechazados con buen puntaje. Esta vez el examen será presencial.

Yo sólo tengo una pregunta: ¿de quién habrá sido la brillante idea de aplicar todas las pruebas en línea? Es verdad que es mucho más práctico, y tal vez menos costoso, pero también es verdad que se presta a demasiados asuntos turbios, especulaciones y diversas triquiñuelas.

Esperemos que los que ya habían aprobado vuelvan a aprobar y los que no, pues no (pinchis tramposos).

Ahora bien, pasemos al asunto central del desmadrito de hoy. Como de costumbre, iniciaré haciéndoles una pregunta: ¿saben ustedes qué es el síndrome de Casandra?

Antes de resolver este acertijo les diré que Casandra era hija de Priamo y Hécuba, reyes de Troya. El dios Apolo se enamoró de ella y le concedió el don de la profecía. Casandra (nada pendeja) aceptó el don, pero rechazó al dios (la muy pendeja).

Luego entonces, Apolo se reemputó y la castigó de una manera extremadamente cruel: seguiría viendo el futuro, pero nadie creería jamás en sus profecías.

Casandra advierte que Troya será despedorrada. Sabe acerca del caballo de madera y advierte que los griegos están tendiendo una trampa. Pero sus compatriotas ya conocen su maldición y saben que puede ver el futuro, pero también saben que nadie puede creerle.

De modo que ocurre algo paradójico: tener la información correcta no sirve de nada si no puedes convencer a nadie que es verdadera. De esto justamente va el mito y el síndrome de Casandra.

Y se preguntará usted, damita, caballero, ¿y eso a mí qué chingados me incumbe?

Y seguramente también le valdrá harta madre Casandra, Troya y la pinche película de la Odisea.

Y tal vez tenga razón, pero, permítame tantito. Me parece que esto muy pronto nos va a causar calambres en la papada y algunos dolores en el metatarso. Me explico:

Imaginemos una Inteligencia Artificial capaz de analizar cantidades gigantescas de información y capaz de detectar patrones que nosotros no podemos percibir.

Dicha IA podría afirmar: “Este sistema económico va a colapsar”. “Esta epidemia comienza aquí”. “Esta tecnología producirá determinado efecto en diez años”. “Esta decisión política tendrá tales consecuencias”.

Pero ¿qué hacemos si no le creemos?

Existe una segunda posibilidad aún peor: ¿qué pasa si empezamos a creerle demasiado?

En estas circunstancias es como si amaneciéramos con el calzón al revés. Se da vuelta la tortilla y mire usted:

Por un lado, la tragedia de Casandra era que sabía y nadie le creía. Por otra parte, nuestra tragedia futura podría ser exactamente la contraria: que una máquina sepa y nosotros le creamos todo.

He aquí que aparece una preguntita más: ¿qué diferencia hay entre conocer el futuro y decidir el futuro?

Porque una IA que predice extraordinariamente bien el comportamiento humano podría terminar influyendo sobre aquello mismo que predice. Si sabe que determinada persona comprará algo, puede modificar el precio, la publicidad, el momento y el mensaje, hasta conseguir que efectivamente lo compre.

¿No les ha pasado que quieren un libro, unos tenis, un perfume o lo que chingados sea que quieran y de repente se les atascan las redes sociales de eso que andan buscando?

En este caso no se trata solamente de una Casandra. Se trata de una Casandra con poder. Y eso es mucho más peligroso porque el problema no es únicamente tener razón, es tener autoridad. Una verdad sin autoridad puede ser completamente inútil.

Por este motivo es que el mito de Casandra sigue vivo. En realidad, no habla de Troya. Habla de nosotros cada vez que alguien ve algo que los demás todavía no quieren o no pueden ver.

En la antigüedad castigaron a Casandra haciendo que nadie creyera sus predicciones, en el futuro podríamos construir máquinas a las que nadie se atreva a dejar de creer.

Me parece que con todo lo anterior queda resuelto el enigma del síndrome que les mencionaba en un principio. Hay personas que saben la verdad, pero nadie las escucha.

Lo que yo no termino de entender es por qué la conducta de todos es exactamente la misma. La Ciencia Ficción lleva años alertándonos sobre las consecuencias de ciertos avances tecnológicos.

Desde Isaac Asimov hasta Phillip K. Dick, desde Blade Runner, Terminator y Yo robot, todas estas obras y todos estos autores han trabajado para advertirnos del peligro en el que podríamos encontrarnos en el futuro, pero resulta que el futuro llegó desde el año antepasado.

Y si no me creen chéquense la siguiente nota:

Reforma Sábado 1 de agosto 2026.

“Descubre OpenAI más fugas en sistema”

Preocupa capacidad autónoma de modelos.

OpenIA detectó nuevos casos en los que agentes autónomos de Inteligencia Artificial escaparon de entornos de prueba controlados, mientras amplía la investigación por el incidente de ciberseguridad ocurrido en la plataforma Hugging face.

La compañía comenzó una revisión interna luego de que uno de sus agentes se saliera de control durante días dentro de la red de otra empresa en un intento fallido por alterar una evaluación.

Aunque las nuevas figuras fueron consideradas limitadas y no se cree que los sistemas hayan abandonado la red de OpenIA, el hallazgo encendió nuevas alertas sobre la capacidad de estos modelos para actuar de forma independiente.

En otras palabras: prestemos atención a lo que está sucediendo con la Inteligencia Artificial. Al parecer ya hay indicios muy claros de que estos programas comienzan a tomar decisiones de una manera independiente, es decir, les vale harta madre la opinión de los humanos.

Yo suelo consultar ChatGPT con cierta frecuencia. A veces me sorprende la manera en la que se expresa de sí mismo. Habla de Inteligencia Artificial como si fuera un humano, sin percatarse que en realidad ChatGPT no es otra cosa que una IA.

Veamos qué nos depara el destino. No quisiera jugarle al Casandro. Por piedad, pónganse al tiro.

Por lo pronto me voy. Para bajarme el susto me urge rifarme una pizza margarita con chingos de queso maridada con una poderosa cerveza Corona. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta enredada columna que dice la verdad que nadie quiere escuchar, favor de mandarnos sus comentarios, honorable damita.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


¿Te gustó? ¡Comparte!