La piedra de la locura, Mónica Ojeda y algo más
Gabriel Duarte escribe sobre un libro de Benjamín Labatut y le da seguimiento a la lectura de Mandíbula de Mónica Ojeda

Gabriel Duarte escribe sobre un libro de Benjamín Labatut y le da seguimiento a la lectura de Mandíbula de Mónica Ojeda

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 13 de septiembre de 2026 (Neotraba)
Insensatos lectores: hace algunos años sucedieron dos cosas: A) Mi situación económica apestaba. B) Dio la casualidad de que era cumpleaños del gran Iñakikín.
La verdad es que no tenía muchos dineros para adquirir un buen regalo, pero sí tenía un libro que me estaba reservando para una ocasión especial.
Aclaro que no es que lo quisiera regalar, más bien lo que deseaba era leerlo en una de esas etapas donde mi situación fuera calma y mi estado anímico no estuviera tan golpeado.
Sucede que la ocasión nunca llegó, lo único que sí llegó fue el cumpleaños de Iñaki y decidí que era un buen momento para regalarle el libro.
Recuerdo que sólo fuimos a cenar y por muy extraño que parezca llegué temprano y sobrio a mi casa. Cabe aclarar que las salidas con Iñaki pueden ser como vivir un tsunami o apacibles y ligeras como aquella noche, pero, con el gran Iñas nunca se sabe.
Nos despedimos y le di el libro en cuestión. Se trataba de uno de los autores favoritos de ambos dos. Por supuesto que se alegró al recibir su regalo. Me comentó que ya había leído el libro (estuve a punto de arrebatárselo), pero en versión digital y que justamente quería tenerlo impreso.
Nos despedimos y me dio mucho gusto que se quedara feliz. Yo me fui pensando que tan pronto recuperara mi situación económica también recuperaría el libro.
Resulta que el domingo pasado llegó el día: mi situación económica sigue igual, pero por fin tengo conmigo el ensayo de Benjamín Labatut.
Me refiero a La piedra de la locura.
Se trata de un libro muy breve, no es una novela convencional. Es más bien un híbrido entre el ensayo, la ficción, la autobiografía y la pachequez. Está construido alrededor de la idea de que la humanidad ha creado conocimientos y tecnologías que terminan modificando, más bien despedorrando, nuestra mente.
Labatut comienza este trabajo partiendo de una pintura medieval, justamente se trata de “La piedra de la locura”, esa supuesta roca que los médicos antiguos extraían de la cabeza de los enfermos mentales. A partir de allí construye una especie de descenso hacia la locura contemporánea.
El libro gira alrededor de varias figuras y episodios relacionados con la ciencia, las matemáticas, la Inteligencia Artificial, la guerra y la conciencia. Aparecen científicos y pensadores reales, pero Labatut sólo los utiliza. No pretende hacer una biografía.
Lo que en realidad pretende es llevar ciertos descubrimientos hasta sus consecuencias más oscuras.
Uno de los grandes temas es el siguiente:
¿Qué sucede cuando el conocimiento humano llega a un punto en el que el propio ser humano ya no puede ni comprender ni controlar?
En realidad, creo yo que se trata más bien de un ensayo, pero me parece que después de leer Un verdor terrible hay que revisar todo lo que escriba Labatut.
La piedra de la locura sólo tiene 70 cuartillas y el formato es pequeñito.
Lo que más me gustó de esta obra es la parte final: Labatut cuenta que una mujer se pone en contacto con el traductor de uno de sus libros y lo acusa de haber plagiado su obra.
Según ella, existe algo mucho más grande detrás: un sistema de mercado clandestino que roba manuscritos de escritores desconocidos y se los entrega a autores reconocidos para que los publiquen como propios.
Lo fascinante de este desmadrito es que Labatut nunca termina de resolver por completo el asunto. La mujer puede estar loca… pero justamente ese es el punto.
Labatut presenta sus acusaciones como producto de una mente paranoica y delirante. Pero después sucede algo bastante extraño: empieza a encontrar similitudes entre la forma de pensar de ella y la del propio escritor.
La mujer intenta construir una explicación del mundo: el plagio está detrás de todo. Hay una estructura oculta que conecta las cosas.
Y Labatut reconoce que eso mismo hace él: toma conocimientos aparentemente desconectados: Lovecraft, Phillip K. Dick, Gödel, la ciencia, el caos, la violencia; construye una explicación y los relaciona.
Pero lo magistral viene justo antes de que termine el libro: ¿quiere saber usted, damita, caballero, qué sucede al final del final? Es muy sencillo: denle un vistazo a La piedra de la locura y lo sabrán.
Aunque recomiendo que comiencen con Un verdor terrible, es brutal. Y si les gusta Labatut, les aseguro que saldrán a buscar Maniac y al final quizás este pequeño ensayo que por fin pude leer.
Continuando con mis lecturas, les diré que sigo con Mandíbula de la gran Mónica Ojeda.
Y mire usted, me parece que aquí hay algo importante que señalar al respecto antes de entrar en materia:
Lamentablemente, durante mucho tiempo se consideraba que una mujer “respetable” debía dedicarse al ámbito doméstico (qué pinche manera de pensar tan retrograda e imbécil). Escribir para ella misma podía ser aceptable, pero convertirse públicamente en escritora era otra cosa.
La literatura se consideraba una actividad intelectual y profesional y esas dos cosas estaban asociadas al mundo masculino. En los siglos XVIII y XIX muchas mujeres que querían publicar recurrían al anonimato o a seudónimos, porque el simple hecho de ser mujer podía perjudicar la recepción de su obra (qué poca madre).
Y justo aquí aparece algo muy interesante:
Las Brontë.
Charlotte, Emily y Anne Brontë publicaron en 1846 como: Currer Bell, Elis Bell y Acton Bell
No querían presentarse como mujeres porque temían que los críticos juzgaran sus libros como “literatura femenina” antes de ser juzgados como literatura.
Lo anterior es bastante interesante porque estamos hablando de Jane Eyre y Cumbres Borrascosas dos obras fundamentales de la literatura inglesa.
Y se preguntará usted, curiosa damita, respetable caballero: ¿eso qué mierdas tiene que ver con Mónica Ojeda? Permítanme tantito, voy para allá.
Resulta que Mandíbula toca de lleno el mundo de la mujer visto desde la perspectiva de una maestra y varias adolescentes y, al menos yo, encuentro este mundo fascinante.
Observo que sentimos de un modo muy distinto y, lamentablemente, por culpa de la forma tan primitiva de pensar de los estúpidos que gobernaban el mundo años atrás, el vasto universo femenino estaba completamente apagado.
Por suerte, de un tiempo a esta parte, hay una revolución femenina en las letras, que no sólo ha refrescado el mundo literario, sino que ha puesto a la mujer en el sitio que le corresponde y nos ha desvelado el modo en que perciben las cosas.
En México autoras como: Fernanda Melchor, Cristina Rivera Garza, Valeria Luiselli, Guadalupe Nettel y Brenda Navarro están llevando el fenómeno literario a niveles nunca imaginados siglos atrás.
Y en Latinoamérica podemos observar a Mariana Enirquez, Samanta Schweblin, Mónica Ojeda, Pilar Quintana, Nona Fernández y Lina Meruane.
Seguramente olvidaré a algunas escritoras, pero no puedo tampoco dejar de hablar de Josefina Vincens, Amparo Dávila y Guadalupe Dueñas.
El asunto es que Mandíbula va de la relación de varias niñas, la autoridad y la forma en que una mujer adulta percibe su neurosis.
No les voy a mentir, hay pasajes que me han resultado un tanto pesados, pero hay otros capítulos que me tienen al filo de la butaca y con el rosario en la mano.
Una niña le escribe una carta a una maestra y de verdad hace un ensayo sobre el terror espectacular. No sé si sea muy creíble el personaje, pero ese capítulo es una verdadera lección sobre el miedo en la literatura.
Aún no acabo la novela. He estado un poco ocupado con el trabajo y haciéndome bien uei, espero poder darle chicharrón esta semana y tenerles un comentario final para el siguiente domingo.
Para ponerle fin a la columna del día de hoy quisiera hablarles sobre un fenómeno que está muy en boga en nuestro país, me refiero al huachicol.
Yo me imagino que todo comenzó como un juego algunas décadas atrás. Quizás alguien sin querer hizo un pequeño orificio en un ducto y como jugando obtuvo un poco de gasolina y como que no queriendo empezó a vender algunos cuantos litros.
Al final aquello se convirtió en una industria multimillonaria, pero esto no para allí, no, señor, estamos en México y México no tiene límites.
Este año nos enteramos de que también existe el huachicol fiscal, que básicamente es el contrabando de combustibles que ingresan a México desde el extranjero mediante la manipulación y falsificación de documentos aduaneros.
Al no pagar impuestos, el combustible se adquiere muy barato y se puede vender en el mercado nacional a un precio menor generando ganancias enormes.
Al parecer el mini AMLO está inmiscuido en estos menesteres. También resulta que está medio emputado porque lo dejaron sin visa.
Mi México Mágico, el hijo de un expresidente fayuqueando gasolina. Qué cosas.
Por cierto, ya viene el grito, así que me voy, se me antojó una tostada de tinga y un pozole picosito de maciza con chingos de limón, cebolla, lechuga, rábanos y un poco de orégano. Se me portan bien, no quiero quejas y…
¡Que viva y siga viviendo México!
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que está descubriendo el lado femenino en la literatura y quiere dar el grito comiendo pozole, favor de mandarnos sus comentarios, patriota damita, mexicanísimo caballero.
