Una ventana inmensa: María José Munguía
Poemas de la autora que fue becaria del PECDA 2022 en Sonora en el área de poesía y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Poemas de la autora que fue becaria del PECDA 2022 en Sonora en el área de poesía y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar

Por María José Munguía
Pueblo Yaqui, Sonora, 30 de julio de 2026 (Neotraba)
El Sol es una esfera gigante. Seres menos siniestros y una versión paralela a mí se encuentran en la inmensidad del espacio. Mis pupilas retadoras se calcinan ante su contemplación directa.
Lo miro fijamente: miro su rostro. A 40 grados, marea de sudor se apodera de mi piel. Gritan mi nombre, me desapego del trance. Ahora el círculo inmenso que mueve al mundo es el balón gastado
que en estos instantes, lo representa todo. Me deslizo en la tierra, en la cancha simbólica, y mi vientre murmulla hambre.
No he comido desde ayer.
Y, por eso, me entrego más al juego; a los fragmentos de “paz” en los que la embestida de las bombas
y las balas que reclaman nuestros cuerpos, no han terminado de arrebatarnos la inocencia del juego.
El lenguaje sagrado de Dios.
Solo es accesible para Nosotros. Su voluntad es un dedo que se encuentra con el nuestro.
Revelación cosmogónica: la dupla Dios-Nosotros está compuesta por Nosotros y un espejo. Encontramos nuestro lugar en el mundo, y nuestros hijos en otros mundos, y los hijos de sus hijos en otros. Pero la voluntad de Dios —nuestra voluntad— requiere poseerlo todo:
extender su mano sobre la carne de los Otros, sus garras sobre la carne de los Otros, penetrar con nuestras uñas sus órbitas, poseer a sus mujeres, ultrajar sus cuerpos,
alimentarnos de sus sueños.
Las sagradas escrituras de una lengua muerta incomprensible para el resto serán interpretadas con la libertad
de nuestra imaginación; a nuestra conveniencia siempre
—porque nosotros somos Dios—Nacimos sin nada
y ahora la tierra se extenderá infinitamente bajo nuestro nombre. La casa de los Otros, la historia de los Otros:
su pasado, su presente y su futuro muerto; su cultura y su voz serán
el olvido del olvido.
El impacto del meteoro colapsó mi oído.
Campana entumecedora taladra mi mente. ¡Rápido, rápido!
¡Tengo que moverme! Mis ojos buscan a los hombres que alguna vez sembraron conocimiento y palabras en los niños, comprensión y sonrisas en los ancianos, cuidado y entrega en los enfermos; y ahora solo son mi objetivo.
Presiono el gatillo: el proyectil que ahora es la voz de mi madre que no escucharé nunca, la biblioteca olor a pino y libros viejos, la voz entrecortada de mi padre cuando consoló mi hambre al no poder darme más alimento;
ese proyectil que ahora soy yo, es mi furia, mi rabia; mis lágrimas implorando hacia un cielo vacío donde no hay dioses, donde no hay perdón, solamente castigos.
Corro, necesito encontrar al resto de ellos, a ese Nosotros para quienes mi existencia es una otredad obscena, estorbosa. Mi mano ya no es mano: es pólvora, gatillo y en, ocasiones, cuchillo. Mis ojos que en otro tiempo se posaron en inmensos olivos,
en la sonrisa despreocupada del presente (que en ocasiones se nos escapa); y en todo aquello que alguna vez fue hermoso y ahora no sé nombrar porque no existe ya y de hacerlo, no nos pertenecerá jamás a nosotros: los Otros.
Corro, busco al siguiente, no puedo nombrarlo víctima, solo victimario, ser incomprensiblemente cruel. Corro, y en la búsqueda de ellos, encuentro al Sol, el mismo al que reté cuando la muerte comenzaba a rondar sobre nosotros.
Su brillo cósmico colapsa contra mí: mi carne se transforma en humo. Las armas ahora son despojo. Las yemas de mis dedos son libres y se encuentran entre sí, incrédulas.
Mis piernas se deslizan mientras soy fuego.
Interceptó el balón. Me encuentro de nuevo en el juego.

María José Munguía (Pueblo Yaqui, Sonora; 1998) estudió la Licenciatura en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Es poeta. Fue becaria del PECDA Sonora en 2022 en la categoría de poesía. Actualmente estudia Medicina.
