Ciudad de México, 31 de mayo de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 8 minutos

Insensatos lectores: resulta que desde hace algunas cuantas semanas estaba durmiendo bastante mal. Me despertaba cansado y un tanto adolorido del cuello y la espalda. Luego entonces pensé: querido Gabriel, ¿tendrá algo que ver la pinshi cama en la que estás intentando descansar?

Recuerdo que cuando compré el colchón que utilizo parecía Submarino Marinela, se sentía esponjoso y daba gusto verlo y acostarse en él. Pero de un tiempo a esta parte, era como si me estuviera acostando directamente en el tambor.

Llegué a pensar que quizás dormiría mejor en el piso.

Así que, tuve que hacerme una pregunta: ¿valdrá la pena comprar un colchón nuevo? La verdad es que el mío ya estaba todo madriado. Parecía la Sierra Madre Oriental, tenía crestas, valles y montañas por todos lados.

Y justo en este momento aparece un pequeño detalle en esta historia: les juro que no recuerdo haber buscado absolutamente nada en Google, pero creo últimamente algo raro sucede con nuestros hábitos de consumo.

Bastó que pensara, repito “pensara”, en comprar un colchón para que el algoritmo hiciera de las suyas y me atascara las redes sociales de ofertas, promociones y descuentos. Por todas partes veía Dormimundos, Restonics y osos gigantes durmiendo plácidamente sobre una cama.

Por lo tanto, me di a la tarea de ponerme a chacharear por aquí y por allá. En realidad, quería ir a una tienda de muebles para acostarme en una cama y ver que podría comprar.

Hasta donde recuerdo adquirir un colchón es bastante caro. En mi caso ya era algo necesario. No se puede vivir bien sin dormir bien. Pero llegué a pensar que tendría que vender un riñón para poder sufragar el gasto.

Para mi sorpresa empecé a ver sitios en donde las ofertas eran ridículas. Total, que por pura y mera curiosidad marqué un número telefónico. Me contestó un sujeto bastante agradable. Debo decir que hablaba como Cuauhtémoc Blanco, “acá bien pinches acá”, pero el tipo era increíblemente simpático.

Sentía estar tratando con un Huevo Cartoon o con alguien que en realidad se encontraba en un penal de máxima seguridad.

El asunto es que me ofrecieron un colchón regalado. Un Spring Air y justo de la medida que necesitaba. En ese momento pensé dos cosas: ¿qué dijiste, Huevo Cartoon, ya encontré otro pendejo?, ¿a qué hora me vas a decir que te tengo que depositar y que me lo mandas después de comprobar el pago?

Me equivoqué rotundamente. Don Huevito Cartoon, me ofreció entrega inmediata, sin cargo extra, a la hora que me viniera bien y en la puerta de mi domicilio. Pago a contraentrega.

Después de esto volví a pensar: Gabriel, no seas pendejo, no tienes nada que perder. Lo más grave es que no lleguen o que te inventen algo y que cancelen la venta.

Total, que realicé la compra por teléfono. Encargué el colchón.

Al otro día llegaron a la hora indicada. Subieron por el elevador, me entregaron y me dieron tiempo para recostarme y verificar que no estaba soñando.

No les miento si les digo que me dieron ganas de quedarme jetón, pero los sujetos que hicieron la entrega se tenían que ir, traían una camioneta llena y chingos de pedidos pendientes.

Así que pagué y me recosté durante media hora. Llegó la tarde. Me largué a trabajar y regresé a casa para pasar la noche y ver qué sucedía.

Justo acabo de despertar y dormí como bebé de pecho. Descansé mucho mejor. El colchón está intacto. No sé si se despedorre pronto o si me dure unos cuantos años, pero les diré una cosa más: me dieron garantía por seis meses.

¿Serán colchones reutilizados? ¿Saldos? ¿Colchones chinos? ¿Clones? ¿Copias? ¿Piratería? La neta es que no lo sé, ni quiero saber. Dormí biendepocamadres.

Pasando a otros temas: ¿no les aterra ver que nos estamos acercando peligrosamente al Mundial de Futbol? Me vengo pensando que son fechas extrañas. Cuando se realiza esta justa deportiva el mundo entero puede quedar paralizado.

Para chingarla de acabar, hasta donde sé, la tercera parte de los partidos se llevarán a cabo en nuestro país.

En ocasiones no entiendo ni mierdas. No sé muy bien por qué tendría que alegrarme o enfadarme si pierde tal o cual selección. Lo único que me gusta de esto es reunirme con mis compas, tragar Paquetaxos radioactivos y beber cerveza.

A raíz del Mundial algunos meses atrás se inventaron que nos hacía falta una “calzada flotante” que consiste en la construcción de un nuevo parque y un paso elevado peatonal, con ciclovías y banquetas. Y ya estando en esas les dio por remodelar el metro.

Lo anterior mantiene secuestrada la Calzada de Tlalpan. Aquello es un verdadero desmadre. Hay puntos en donde sólo queda un carril para que pasen camiones, microbuses, automóviles, bicicletas, diableros, triciclos y motos. No me chinguen.

Ingenuamente piensan que las obras estarán finalizadas antes de que empiece el partido de inauguración. Permítanme si lo dudo un poco. A menos de dos semanas aquello parece Ucrania o la frontera de Gaza.

Por otro lado, últimamente veo gente por todas partes con estampitas en la mano para llenar el álbum del Mundial. Me llama la atención el ingenio de las personas: algunos ofertan paquetes con todas las estampas. Otros dicen que hay que comprar tres cajas para llenarlo. Hay quienes aseguran que lo más recomendable es hacer intercambios en Bellas Artes.

Pero el que se lleva la Palma de Oro es un puesto que vi en un tianguis. Ofrecen las planillas sin recortar con todas las estampas de cada selección por 70 pechereques. Ya sólo es cuestión de hacerle como sucede con la piratería digital: “cortar y pegar”.

Por supuesto que esas estampitas se tuvieron que haber fabricado en alguna imprenta de dudosa procedencia. Pero el caso es llenar el pinche álbum lo más pronto posible y al menor costo. Dudo mucho que cosas similares ocurran en Suecia. Mi México mágico.

Ahora bien, al salir a la calle todos los días observo puestos que venden playeras de la Selección Nacional, chamarras, gorras, banderas y cuanta madre.

Quiero pensar que todo este asunto valdrá la pena, que al menos este desmadrito nos generará algún tipo de alegría. Aunque no dependa de nosotros. Que los bolsillos de las personas se verán beneficiados con la derrama económica que estos asuntos generan y que podremos convivir y transitar nuestra ciudad en santa paz.

En fin. Que pase el vértigo.

Por otra parte, me acabo de enterar de dos cosas con respecto al gran Alejandro González Iñárritu. Resulta que algunos días atrás el director de cine obtuvo una constancia que lo acredita como miembro honorable del Colegio Nacional. Una gran distinción.

Por otro lado, está por estrenar una película llamada Digger cuyo protagonista es ni más ni menos que Tom Cruise.

Francamente he disfrutado mucho de Amores Perros, Babel, 21 gramos y Birdman. No sé ustedes, pero me da un poco de curiosidad saber de qué ira la película y ver el papel de Tom Cruise.

Ya veremos qué tal le va y que tal está la historia que, según entiendo, habrá de estrenarse el próximo otoño.

Para finalizar, les diré que sigo hecho un verdadero pendejo con la novela de Mariana Enriquez. Acabo de presenciar un ritual satánico.

Después de caer la noche. El protagonista se dirige a un cementerio junto con su hijo. Busca un sitio adecuado y forma una estrella en el piso, hay velas, triángulos invertidos, cuchillos, estrellas de cinco picos, nombres extraños, invocaciones y presencias diabólicas.

Resulta que Rosario, la esposa de Juan, falleció en circunstancias extrañas. Y su esposo desea comunicarse con ella.

Al terminar con la invocación Juan, quien es el personaje principal, se queda dormido. Al despertar su hijo Gaspar se encuentra junto a él.

Durante esta primera parte del libro observamos a un padre enfermo haciendo un viaje en auto, por la Argentina de la dictadura, mientras intenta cuidar a su hijo.

El tema más escabroso radica en que Gaspar tiene un don mucho mayor que el que tiene su padre y la orden de la Oscuridad quiere que el niño también trabaje para ellos. Así que Juan está dispuesto a hacer todo lo que haga falta para impedirlo.

En fin, que es un novelón. Si pueden denle un vistazo. No se pierdan Nuestra parte de noche, de la inigualable Mariana Enriquez.

Por ahora me despido. Me pienso rifar algo ligero para poder dormir bien en mi colchón: una orden de chalupitas, tres enchiladas de mole y dos tacos de pipián. Se me portan bien, no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que duerme como bebé de pecho y desea cerrar los ojos mientras sucede el Mundial de Futbol, favor de enviarnos sus comentarios, portentosa damita, único e inigualable caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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