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Por Carlos Bortoni (@_bortoni)

Ciudad de México, 10 de agosto de 2022 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

Lejos de anunciarlo, las plataformas de transmisión bajo demanda deberían ocultar su contenido original. No lo digo como quien lanza una diatriba en contra de la originalidad. No defiendo esa máxima tan manoseada que sostiene que los grandes artistas copian y los genios roban, esa verdad de Perogrullo que nada aporta y termina por estorbar, arrojando sobre la mesa la obvia imposibilidad de presentar algo creativo cuando se está sumergido en un entramado cultural que no solo impone las reglas y límites dentro de los cuales podemos movernos, sino que nos subyuga con un sinfín de elementos e influencias de los cuales no somos plenamente conscientes.

La crítica a la originalidad resulta tan estéril como su defensa, es propia de quienes se asumen como portadores de un estandarte incuestionable, de un blasón con el que ilusamente pretenden distinguirse –desmarcarse del resto. No. Si sostengo que las plataformas de transmisión bajo demanda, tipo Netflix, Prime, HBO Max, y similares, deberían ocultar su contenido original, lejos de anunciarlo a los cuatro vientos, no es porque me indigne la falta de honestidad, sino porque, en aras de contribuir a paliar la ansiedad que genera en los sujetos asumirse como consumidores constantemente bombardeados por más oferta que demanda, el refrito –a diferencia del contenido original– alimenta, en sujetos y colectivos, esa identidad que se formó inconscientemente, cuando el entramado cultural al que pertenecen sentó sus reales en ellos; porque el refrito brinda al sujeto/objeto consumidor, la certeza de conocer aquello contra lo que se enfrenta.


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