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Por Karime Montesinos

Puebla, México, 07 de enero de 2020 [GMT-5] (Neotraba)

A Uriel Alejandre y a Ramsés, el chico poeta. Por ayudarme en momentos difíciles.

A veces, le digo al tiempo que pare, que deje de atacarme e irse tan rápido. Que no es suficiente para tomar mis cursos de dos horas, fotografiar, transcribir, escribir, tener mil ataques de ansiedad al día y llorar.

Le da igual y va igual de rápido.

Entre la adrenalina que siente mi cuerpo y el corazón en la mano por un ataque de ansiedad —nada nuevo para mí—, le mando audios al chico poeta. Me escucha y yo también lo escucho.

Me da consejos, es de suficiente ayuda y yo lloro aún más, aprieto la mandíbula para que dejen de caer algunas lágrimas ácidas.

Pero al final deciden caer e involuntariamente mi lengua pasa por las comisuras y las siento: calientes, saladas y amargas.

“Ojalá así como trago esas lágrimas, fuera fácil dejar de causar lástimas”, me digo mientras trato de controlar el miedo que irrumpe mis días y mis noches. El miedo irracional al cuarto rosa, a los cajones con la ropa de la abuela y a los recuerdos. Recuerdos malos.

Inhalo, exhalo. Trato de comunicarle esa calma a todo el resto de mi cuerpo para que no tenga un choque y vuelva a temblar cada cinco minutos por el ataque.

Inhalo, exhalo. Mis ojos otra vez están mojados.

Inhalo, exhalo. Cuenta y que tus pensamientos no se queden callados.

5, vista. Cuenta cinco objetos de tu alrededor para no detener tu labor.

4, oído. Escucha cuatro cosas que tiene que decirte el mundo para no tener tu estancia asegurada en el inframundo.

3, tacto. Toca tres cosas, búscalas con desesperación como si hubieras perdido la vista, sino tu corazón correrá en una pista.

2, olfato. Descubre dos olores que haya alrededor para que evites que los dolores se estiren mientras sobas tus horrores.

1, gusto. Saborea lo que sea, hasta tu propia miseria, que la lengua no se quede seca y tu boca haga una mueca.

Al final, nada funciona. La técnica propuesta por Ellen Hendriksen para combatir la ansiedad es una estafa, o al menos eso sienten mis pulmones llenos de impotencia por no poder ganarle la dolencia a la ansiedad.

Al final, mi cabeza duele más.

Al final, ansiedad, me aplastarás.

Al final, decido tomar una taza y servirme un té de Valeriana. 30 gotas por vaso, para que consigan calmar.

Ojalá funcionaran toda la semana.


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