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Por Floriano Martins

Brasil, 13 de abril de 2023 [00:05 GMT-3] (Neotraba)

UNO O DOS PUNTOS: EL CENTRO DEL DIÁLOGO

1.

No volveremos a casa apoyados en la madera podrida de la memoria. El espacio no es tan intenso como lo idealizamos. Las palabras entran y salen en el abandono de los vientos, con la letra mal tejida en las alfombras de la existencia. Tal vez haya un lugar adecuado para el hueso que los perros no tuvieron tiempo de enterrar.
Como el frío ingreso de una autopsia improvisada. Y el aire que respiramos como una palabra gastada. Terminamos creyendo que los encuentros son imposibles y que el estado de putrefacción de la humanidad es la soledad. Las lavas inquietas abolieron el tiempo. El universo nunca curó su reflujo. Somos una página estampada en la agonía oculta de la mirada. Lo que vemos es casi siempre la sombra precaria de un deseo. La desmesurada similitud del azar.

2.

¿Cómo hacer que las fuerzas que marcan nuestra vida se recuperen de sus sucias transgresiones? El reverso innumerable de todas las nociones destrozadas del espacio. ¿Cuántas noches no crees? ¿Cuántas luces se propagaron en el granero abandonado de la oscuridad? Las luces que fueron dopadas con la marca del destino. Esa voluptuosidad desterrada que nunca encontró hogar. La belleza que se disipa en el ojo cristalino de tu milagro. Cuantas veces la noche es solo una piedra que renace en el cansancio de los vuelos. Cuantas bayas fijas como un remolino atormentan nuestro deseo de desaparecer en el cielo. La imagen a la que corresponde el silencio no sabe tocar lo que somos. Quizás porque una lengua resuena en nosotros incluso antes del nacimiento de las palabras. Como quien besa la espalda de esos rumores que confunden la deriva con el exilio. ¿Dónde vivir el límite de la visión? El cristal desnudo de su paisaje, ¿dónde podemos devorarlo?
Cuando la imagen se configura como un charco de vértigo, ¿cómo puedes sobrevivir a la realidad que no lograste encontrar en tu corazón?

3.

Nunca volveremos a ningún requisito de tiempo. Como la imagen disipada de una lejanía que perdía el equilibrio de sus árboles dibujados en el cosmos. Fue así como así. Tener preguntas que desconocían la naturaleza de las respuestas. Se desconoce un bosque de antónimos cada vez que escribimos un murmullo. La ausencia es una huella que no se puede identificar. El ojo en el espacio se llena de lámparas como una especie de animal de otra galaxia. Hay un cardumen retorcido de señales voladoras que no dejan sombra a su paso. Puede parecer extraño que no sepamos de dónde venimos, pero la oscuridad guarda silencio cada vez que siente un rastro de luz en su cuerpo. La tormenta del infinito por no ser más que un momento pocas veces inolvidable. Las figuras deshilachadas con la cabeza asomando a lo lejos, mirando los faros de mundos paralelos. Diminutos dioses que no saben distinguirse ni que transitoriedad asumir. Un día será posible que estos dioses se conviertan en ramas secas para nidos donde se pueda respirar el oxígeno que encierra el renacimiento.
Dioses de papiro resplandecientes.
Dioses de las Arenas de Sacrificio.
Dioses de las escrituras impulsados por los garabatos de la premonición.
Sin uno de nosotros, el mundo sigue en su memorable debilidad. No somos nada, y la realidad juega con el pensamiento hasta que se siente real. Somos la mancha de la respuesta que ignora el redondo oscuro del esmalte de sus cúpulas.

4.

¿Quién pregunta? ¿Hay un deseo inmaculado que vence nuestra renuncia a vaciar la palabra? Quizás uno de nosotros, al menos, ha llegado hasta aquí para no decir nada. No soñar cómo las tormentas son diferentes. No permitas que la arboleda de incienso llegue a la ciudad y extienda allí un nuevo crepúsculo. Un velo reacio pegado a la pared. Una mirada que anticipa la arboleda que cubre el paisaje con la gula de su existencia. Alguno de nosotros habrá dicho en su momento que el verbo es un silencio más allá de la mirada. Pero, ¿qué susto encontramos en el presente que impide traducirlo fuera del tiempo? La revelación como un torbellino que no tiene sentido fuera del momento exacto en que nace. ¿Quién debe ser el centro del diálogo? ¿Existe realmente una forma de conversar con el origen de cada último minuto del misterio?

5.

Nunca sabremos cuánto de una niebla fuera de lugar es el alma. El color de la palabra exacta. El río de la sombra aleteante. El peso de la llanura que sobrevuela nuestra inquietud. ¿Cómo sabemos la noche adecuada para que el día no despierte? ¿El sonido de una palabra hace que el agua muera en el lago? ¿La leyenda incumplida abre una grieta en la creencia de nuevos misterios? Uno de nosotros debe suicidarse antes de que el agua vuelva al olvido. Un agua fuera del lago, el mar, la lágrima tan lejos de inundar el horizonte. Cada uno de nosotros quiere un dios de pie en el porche. La celebración de un fracaso en la primera gota de rocío.
El borrón de los desastres, la tinta de los estados remotos, el alcance de la nada.

6.

Las noches van robando lo que hay de imágenes que han ido saltando de polvo en polvo como una pincelada de vacíos. Como arropando a las golondrinas con una inocencia que hace mucho tiempo había perdido el reflujo del cielo. ¿A quién le gusta rendirse ante un templo abolido? Cualquier mundo que imaginamos vive siempre fuera de lugar. Como una fiebre en un organismo que queda varado a medio palmo del abismo. La vida es suficiente para mí. Algunas hojas caídas en el suelo. Una casa mal hecha, segura en la paja, un horizonte que no sirve para el próximo atardecer. Una vida lo más alejada posible de sus extremos, el mar, el sertão, la galaxia. ¿Quién quiere vivir tan lejos si no puede decir la verdad sobre su memoria indefensa? Éramos un mal viviendo en cualquier rincón, como una llave descarriada que no distinguía la cavidad entre el afuera y el adentro. Las noches viviendo en trapos atropellados. Las mañanas abriendo sus carnes en desacuerdo con la jornada. El espacio acristalado como si la penumbra fuera una desacreditada dueña del espíritu. Noches de sal, noches de cuartos revueltos, noches de noche desprestigiada.

7.

¿Cuántas distancias tendremos que pegar al cuerpo de las noches para que sepan convivir con nosotros? Nada más que una perturbación o una plenitud se deslizó a través de los postigos. Símbolos fuera de lugar y colores que corren el riesgo de vuelos fuera de órbita. Como los barcos y sus reflejos, los días de lluvia, una estación atravesada sin que el horizonte aceptara sus riesgos. Se suponía que iba a ser una noche. Uno o dos puntos en el centro del universo. La sabiduría lejana que nos vela como una brisa que describe el dolor de cada palabra. Una luna irrumpió en la pantalla programada para repetirse en mil habitaciones. Nada en nuestro ser contiene la infinitud del aire. No diré tu nombre. No seremos el brillo que nos robaron. Cae la noche. No importa cómo te reciba el día entre sus brazos.

CENIZAS DEL SOL

[Traducción de Benjamín Valdivia]

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia. Me río de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre que me devora, el hambre de vivir como el sol en la gracia del aire, eternamente.

Gonzalo Rojas

A Lilia

El título de este breve cuaderno de relatos me fue sugerido por un pasaje del Arcane 17, de André Bretón.

A SOLAS CON LILIA

Me he descubierto mi propia enemiga, cuanto más toco mi intimidad. Estas últimas señales que he recibido: lectura de Georges. Toda aquella risa rasgando las hierbas de mi alma. El pavor de quedarse sola. No tener la sombra de un solo arbusto en donde reposar la soledad. A solas entre mis sombras me siento abrumada. Me protejo desconociéndome. Sin embargo las palabras de Georges me anonadan. Quieren que me satisfaga con mi fracaso. Que me vacíe de tanto ser mientras me destruyo. Tengo miedo de este juego que anuncia la noche como una náusea infinita. Soy mi propio fin. Me harto de dolor.

LÁZARO

Salgo de ti el desorden instalado en tu cuerpo. Un único gesto evoca el declinar de tu existencia. Los tiempos van asaltados de sopor. Mi única oportunidad es solo acabar contigo. Cruzo las calles entre bombas. El planeta tiene mil guetos que lo masacran. Ridículo es decir que del polvo de tu sangre resurgiré. Vivimos esperando otra cosa de la vida. Un poco más de fundamento tal vez en la propia debilidad de los días. Tanta resignación me asusta. Entre un disparo y otro me embriago. En secreto todo conocimiento se revela angustiado. Salgo de ti: flecha disparada al azar.

LIBRO DE ÁNGELA

Reclinas tu cuerpo sobre el mío: fragmentos del infinito. Una copa de vino mientras releo apuntes de nuestros días juntos. Garabateo algo. Siento frío delante del silencio. El desafío de la creación nos reduce a lo inevitable. Nuestras vidas están repletas de pequeños desastres. Tengo conciencia de tu muerte en cada temblor de tu cuerpo. El gozo me roba la llave de nuevos sufrimientos. Soy tu consagración. Tu idioma que desaparece en cada palabra que escribo. También la noche suprime la simplicidad de los cuerpos que buscan refugio en su arca. Si estás de acuerdo conmigo es el fin.

EVOCACIONES DE ANTONIO

Nunca abandones el interrogatorio. Indagar sobre el vacío. ¿Hasta qué punto el espíritu retiene en sí lo esencial? ¿Qué otra verdad el hombre opone a Dios? Libre de sus brazos puedo ordenar el destino conforme a mi deseo. Las evidencias enceguecen. ¿A qué aspira tal posición? Cuanto más provisoria la lucidez más advierte contra la vanidad de la existencia. Los ideales tornan inaccesible la razón. ¿El recurso al orden es ingenuo? Duplicar significados es aislar la conciencia. El deseo es carnal. Su fuente, la superación de los sentidos. ¿Qué desafío lo llevaría a la renuncia de sus dones? La negación es la condición del ser. Soy un observador.

GABRIEL RIÉNDOSE DE SÍ MISMO

Toqué una a una las fallas de mi suplicio. El punto de desequilibrio que no pude exaltar. Mis límites me llevan a la ruina. Me precipito en un desierto que me hiere. Que requiere de mí defectos más allá de mi pobre rigor. Todo en mí entra como una muerte que me quema. Como las palabras en brasa de David. La fuerza ciega de los elementos sujetos a la caída eterna. Imágenes de mi suplicio se fragmentan mudas delante de mí. Éxtasis risible. Soy conducido por las visiones del espanto que me sacrifica. Nada responde a la sorda catástrofe de mis días. Apenas la salvaje beatitud que me arrasa.

PESADILLAS DE DIANA

La inmensidad de mi angustia me hace tocar tu piel. Desamparada entre cenizas mal contuve la sucesión violenta de mis actos. Tu grito asustado como una loba herida en plena oscuridad. Jugaré con tal susto hasta el abismo de tu gozo. La lengua en tu sangre. La loba recuperando sus ojos hipnóticos. Dos hembras entregadas al furor de la suerte. Desfallecida embriaguez de nuestros destinos. Muerdo los dedos de tu mano. Me ayudas a estar a solas, olvidando quién soy. Entre sollozos la vida prosigue en las heridas que te hago. No intento imaginar nada. Hasta que tu grito me empapa. Loba dando vueltas en la noche de mi angustia.

ESCULTOR

Un constante error humano: creer en la conclusión de sus caprichos. Los devaneos son la medida de nuestra incansable verdad. El secreto de las cosas es el vacío de las fórmulas que las guardan. Miguel esculpía piedras. Delirantes granitos de su vanidad. Un animalillo de Dios comía de su mano. Al sentirse atrapado por lo oscuro expone su corazón de arcilla. El peligro era el peso de las piedras derrumbándose sobre sus manos. Las divinidades de piedra que su sacrificio exaltaba. Entregado al absoluto, Miguel parecía un imbécil. Hay un punto en que toda catástrofe es natural.

CARBONES DE EDUARDO

Contemplo la máscara de sus acciones. La faz inconcebible en que sus muertos denuncian los hilos de un artificio fugaz. Los rostros siempre hablan demasiado. Un solo trazo y sus planes se revelan. La locura finca espejos en el desierto. Me espantan los míos. Nuestra estrategia de permanencia en el útero del caos. Nada me da tanto pavor como la miseria de nuestro trabajo en la tierra. Indeseable como toda ocupación. Nunca sabremos la moral de tantos rostros. Reconocemos con todo el cuerpo los lugares en que estuvimos. Toda esencia sangra. Como heridas del absurdo. Traemos en el rostro las huellas de los accidentes. La mortuoria máscara que exige de nosotros la belleza elemental.

CARTAS DE ADRIANO

He recibido tus cartas. Transformamos la vida de encanto a engaño. La relativa alegría del mundo es pura impotencia. Ando por las calles como si ardiese en una eterna hoguera. Tus palabras resuenan en mi espíritu. Era hermosa y en ti yo respiraba una dulzura del abismo. Recuerdo cuánto nos amábamos sin tormento. La caída de los cuerpos ha ocupado nuestras vidas en recoger pedazos. Agotamos nuestras fuerzas en esa tarea. No hay límites para la muerte cuando dejamos de reír. Mi cuerpo no ve nada. Sigo como arrastrado por la memoria. Sin respuestas. Como tus cartas.

AGONÍA DE DAVID

Esta noche rehizo las últimas páginas. La mano de Hécate sobre el libro abierto. Así tan desnuda la oscuridad me enfurecía. Desnudez capaz de matar un dios. En torno de ella la arquitectura gloriosa de los desastres que forjan la base de toda existencia humana. La sangrienta alma del mundo. El mirar de Hécate me indica el abismo en el que me debo agotar. Ávido vacío donde pasión y horror procrean sus criaturas cargadas de odio. Fui releyendo cada página de su cuerpo satisfecho. Su desnudez confundía juego e inocencia. Tuve que gritar. Con el fulgor de un abismo que se rehace a sí mismo: un único hilo de ciega luz y el libro un vasto expolio de las mentiras tan esenciales a la vida como el amor.

FLOR EN EL CABELLO DE LILIA

Hay un tiempo en que no nos queda sino ceder a los caprichos de nuestra naturaleza. Amamos de otro modo. El deseo se disfraza en total abandono. Es posible tocar el rostro del abismo. Tiemblo cuando pienso en el inconfundible cariño de este momento. La luz de un candelero en el cuarto. La muerte es la caída de un sueño. Grito al abismo que no soy quien soy. Sus besos me dejan desnuda. Jamás creerá en mí. Me niega como en vida los hijos lo hicieran. Su pasión por mí es mi ruina. Ya no busco sino acariciar la flor en mi cabello.

UNA CRIADA DE ERZÉBET

Su rostro de piedra despertaba la lujuria de una diosa. Repetía su nombre entre hierbas y la sangre de otras muchachas en su copa. Soy su incidencia más eventual. Amo el vértigo de esta extraña mujer que nos mata una a una. En el baño Amy escucha a la señora: estos animalillos que desangro me vacían como un cielo perdiendo sus estrellas. La piel se abre como una sonrisa. La fiebre de una mujer que no se contiene en sí. Amy disimulada entre la crueldad excesiva de Erzébet. La evidencia es la miseria de los seres. Le sirvo la copa escarlata todas las mañanas antes del baño.

UNA ÚLTIMA COPA CON LILIA

El cuerpo seducido por la embriagadora inercia. No hay como no pensar a qué especie de mundo pertenezco. El abuso de utopías desfigura todo. Dios es un libro que ya no puedo leer. Toda verdad me parece hoy postiza. Alguien suspirando en la oscuridad. Un inmenso lagarto con su lengua voluptuosa por detrás de todo orgullo. Algo me dice que la inmortalidad es monstruosa. La dialéctica de todo crimen reside en la risa lanzada sobre la víctima. Pinté mis cabellos durante toda la vejez. Creí poder suprimir la muerte. Mi cabeza recostada en el cielo es mi afirmación final de la comicidad de nuestras vidas. Solamente Dios adoraría su propia muerte.

Floriano Martins Foto por cortesía de Manuel Parra Aguilar

Floriano Martins (Brasil, 1957). Poeta, ensayista, editor, dramaturgo, traductor e artista visual. Es el creador de Agulha Revista de Cultura, publicación que existe desde 1999. Estudioso del Surrealismo y de la tradición lírica hispanoamericana, cuenta con algunos destacados libros sobre los dos temas. Es también curador del proyecto editorial Atlas Lírico de Hispanoamérica, de la revista brasileña Acrobata. Contacto: floriano.agulha@gmail.com


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