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Ciudad de México, 22 de noviembre de 2023 (Neotraba)

[El pasado lunes 13 de noviembre en el Centro Histórico de la Ciudad de México, el poeta Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950) fue homenajeado en la Biblioteca General del Congreso de la Unión. Allí, al finalizar el solemne evento, el periodista Mario Bravo Soria tuvo la oportunidad de charlar brevemente con el ganador del XXIX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mismo que obtuvo en el pandémico año 2020. A continuación, compartimos tal entrevista a los lectores de Neotraba…]

Escuchar al sabio de la tribu

Raúl Zurita susurra.

Desde su boca emite palabras que son poesía. Habla en un volumen de voz tan bajo que, inevitablemente, uno debe aproximarse mucho a él para escucharle a cabalidad. Él se halla sentado en una silla y yo en otra, frente a frente, a menos de 20 centímetros de distancia uno del otro.

Mientras hago la primera pregunta, para mis adentros pienso que eso no es solamente una entrevista, sino un momento irrepetible que rebasa al ejercicio meramente periodístico: quedito y con calma, un sabio me dice verdades del tamaño de un país.

Le escucho, a veces, con dificultad.

Afuera hay un mundo: gente, coches, ruidos, corazones latiendo y otros que no tardarán en detenerse, ladrones, héroes y heroínas en el anonimato, nubes, aceras grises, catedrales, infiernos, lágrimas, abrazos y aves que, en vez de volar, prefieren dar pasitos a ras de suelo.

Recién al formular mi interrogante inicial al autor de Purgatorio (1979) y Anteparaíso (1982), en dicho instante constaté que aquel encuentro guardaba semejanza con esa fantasía que solemos fabricar los seres humanos cuando, ociosamente, imaginamos qué le preguntaríamos a un sabio si nos dieran la oportunidad de abordarle y así acercarnos a conocer el misterio fugaz y feroz de la vida.

En la pequeña sala donde nos encontramos, allí también se hallan seis o siete reporteros, además del generoso Roberto Amézquita, traductor y editor del sello Círculo de Poesía. Tras el primer minuto de conversación dejé de percibir al resto de personas: frente a mí está Raúl Zurita revelándome el secreto para abrigar al amor que tiembla de frío en un larguísimo invierno que es la historia de la humanidad.

Zurita susurra y su hilo de voz dibuja un mapa que puede utilizarse como guía para atravesar infiernos.

El amor será el puente, me digo ahora mientras transcribo la conversación con el poeta.

Raúl Zurita recibiendo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2016. Fotografía del Gobierno de Chile
Raúl Zurita recibiendo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2016. Fotografía del Gobierno de Chile
“Sin la poesía ninguna calma y ningún sosiego…”

–¿Qué puede la poesía contra un bombardeo a Palestina? ¿Qué puede en contra de una dictadura o para oponerse al dolor y el olvido?

–Nada. La poesía no puede derribar una dictadura. La poesía no puede parar un genocidio. La poesía no puede remendar al narcotráfico. No salva a los decapitados; pero sin la poesía ninguna calma y ningún sosiego.

–¿Cuál ha sido el motor en la vida de Raúl Zurita? A sus 73 años de edad, ¿podría decirme si la vida vale la pena de ser vivida?

–El amor… El amor es la única resistencia que podemos oponerle a la inminente muerte. Ama y haz lo que quieras, decía San Agustín. El amor: ¡eso es lo más importante!

–Pero el amor es muy frágil… –digo al maestro con cierto pesimismo.

–Sí, pero es lo más importante. Para mí es casi lo único que cuenta. Hay un poema del francés Robert Desnos (1900-1945) que es maravilloso, se llama “A la misteriosa”. Es un poema de alguien que sueña con la mujer a la cual, finalmente, nunca accederá. Después, cayó preso ese mismo tipo que fue partisano contra el nazismo y quien pasó por todos los campos de concentración… ¡Por los infiernos más horrorosos! Sobrevivió al último… dos días… y después murió.

“Pero a un estudiante checo le entregó un papelito y allí está el mismo poema de amor, corregido y más corto. El tipo atravesó un infierno nada más corrigiendo un poema de amor. Y sólo por eso: el genocida es más genocida, el asesino es más asesino y la violencia es más violencia. ¿Cómo puedes explicar que, mientras unos escriben poemas, otros estén matando gente?

“Por eso creo que el amor es lo más importante”.

En el libro intitulado INRI (2003), Raúl Zurita apunta a los tamaños y alcances del amor:

     Te palpo, te toco, y las yemas de mis dedos
     buscan las tuyas porque si yo te amo y tú
     me amas tal vez no todo esté perdido.
Ese elemento, quizás, pueda augurarnos un amanecer más.
     Sólo resta confiar.
“La poesía es anterior a la escritura”

–Luis Rius (1930-1984), nacido en Tarancón, España, alguna vez dijo: No se puede vivir como si la belleza no existiera. A la par del amor, la propia belleza y el arte, ¿Raúl Zurita cuáles considera que son las tablas de salvación del ser humano?

–Creo que cada hombre se construye su propio fin y se construye su propia salvación. Y eso nos toca a todos. No creo que el arte ni la belleza nos salve de algo… pero sin arte no hay nada porque es la posibilidad para que el sueño se mantenga. Si de golpe se acabaran los sueños y todos dejaran de escribir: ¡la humanidad perecería en menos de cinco días! Creo que se puede vivir una semana sin agua, pero sin la pequeña promesa de un sueño no sobrevives ni cinco minutos.

–Entiendo que la belleza, el amor y la poesía no nos salvarán; sin embargo, no podemos vivir sin belleza ni amor ni poesía.

–No podemos vivir sin ello porque significaría que todo se acabó. La poesía es anterior a la escritura, al libro, al Internet y a la inteligencia artificial. La poesía sobrevivirá hasta que el último de los seres humanos contemple el último atardecer. Mientras haya un ser sufriente, la poesía seguirá siendo el arte del futuro.

“A través de la poesía está todo nuestro horror, así como nuestro dolor y, al mismo tiempo, toda nuestra impotencia. Apenas nos fue dado un suspiro, un instante en la vida y es tan absurdo que, en esta pelusa infinitesimal de universo, unos seres se maten entre ellos”.

Raúl Zurita con González y Los Asistentes
Raúl Zurita con González y Los Asistentes

Para el autor de la entrañable obra Mi Dios no ve (2022) quien en su juventud estudió ingeniería civil, la poesía escapa de la hoja de papel y puede (debe) ser escrita en los sitios donde hombres y mujeres encaran, hacen y miran el día a día. Zurita le llama evidencias carnales, es decir: “Una obra que desde la literatura se cumpla en la vida”.

Así el 2 de junio de 1982 logró escribir sus palabras en el cielo de Nueva York, a más de 4, 500 metros de altura y con letras de humo. Ese peculiar texto lo intituló “La nueva vida”.

Días y noches tan fugaces

–Pareciera que la vida es eso hallado entre dos eternidades: antes de nacer nos precedió una eternidad y, al morir, vendrá otra… ¡Vivir es brevísimo! –le afirmo a quien, en el año 1979, conformó el Colectivo de Acciones de Arte con el propósito de ofrecer una digna resistencia al absurdo emanado desde la terrorífica dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet en Chile.

–Sí, tan breve.

Cada uno está solo sobre el corazón de la Tierra, atravesado por un rayo de luz y, de pronto, anochece,es un poema de Salvatore Quasimodo (1901-1968). Creo que ahí está sintetizado casi todo”.

–A la edad suya y con lo que ha vivido, ¿la muerte cómo se mira a los 73 años?

–La muerte es un hecho inminente. Hay un momento en que uno se da cuenta de que es inminente. En cambio, a cierta edad varía y todos somos inmortales; pero, repentinamente algo sucede y te das cuenta de que morirás. A eso no le tengo miedo.

Soy un ateo que cree en Dios, dijo alguien por ahí”.

–A veces, pareciera que Dios ve para otro lado y no mira el horror. Maestro, si la vida es tan corta, ¿qué nos defiende del olvido, de la desmemoria y del miedo?

¿Qué te puedo decir? Todo lo que te pueda decir, te lo dirá también un hombre en la calle, cualquiera de nosotros o tú mismo. No tengo nada especial que decir sobre eso. Es una constancia. Todos sabemos que me voy a morir… no puedo agregarle algo a eso: ¡es seco!

“Ese amor que se te sale como el mar por los ojos…”

–Usted dice que somos mortales, pero he sido testigo de la existencia de momentos en los cuales, tanto hombres como mujeres, nos sentimos tan poderosos que ni los Dioses ni el cruel destino pudieran, aparentemente, arrebatarnos la vida.

–Es verdad. Somos tan ilusos… –responde el autor nacido en Santiago de Chile.

–¿Cuáles serían esos momentos para Raúl Zurita?

–El encontrarse con un ser que quieres, el abrazo, ese amor que se te sale como el mar por los ojos… Esas cosas justifican una vida entera.

El amor, nuevamente, como antídoto contra la implacable y puntual muerte.

El poeta lo explica así en un texto incluido en Anteparaíso:

Chile entero es un desierto
sus llanuras se han mudado y sus ríos
están más secos que las piedras
No hay un alma que camine por sus calles
y sólo los malos
parecieran estar en todas partes

Ah si tan sólo tú renacieras de entre los muertos
¡Las rocas se derretirían al verte!
Raúl Zurita. Foto de Mario Bravo Soria
Raúl Zurita. Foto de Mario Bravo Soria
Diálogo con Chile

–La tragedia del ser humano es que, algunas veces, esa persona a quien uno ama puede causarte daño, abofetearte o incluso ignorarte –expreso mientras la charla está por concluir.

–Ahí entramos en otra cosa. Hay tantas personas que lo saben, tanto como lo podemos saber tú y yo. No sé si el amor es una invención de occidente; pero las penas de amor sí que no son una invención. Esas son reales. A los trece años estás llorando de amor, a los veinte o a los cincuenta… ¡Eso no cambia!

–Finalmente, mientras escucho el ruido de los automóviles allá afuera y las voces de las personas en la calle, le pregunto: ¿Qué queda por decir para Raúl Zurita? ¿En la vida y en la poesía que le falta aún por decir?

–Todavía existe una cosa que hacer y es difícil. Tengo una obra en mente: se llama Diálogo con Chile, se trata de unas frases proyectadas sobre los acantilados y solamente serán vistas desde el mar.


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