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Ciudad de México, 31 de enero de 2024 (Neotraba)

Le dimos alcance a uno punto dos kilómetros del lugar donde nos chocó. Luego de una persecución de poco más de 5 minutos en sentido contrario a través de Calzada de Tlalpan y otras calles del sur de la ciudad. El siniestro –para recurrir al siempre burocrático argot de las aseguradoras– sucedió cuando terminábamos de cruzar Tlalpan y la patrulla se estrelló con la parte trasera de nuestro coche. Se estrelló y siguió su camino. Sin forma alguna de echarme en reversa para iniciar la persecución, aceleré, di vuelta en la primera calle a la izquierda (sentido contrario) y en la siguiente volví a dar vuelta a la izquierda. La patrulla estaba un par de coches delante del nuestro, atorada –detrás de dos camiones– en el tráfico. Me metí como pude entre los coches y quedé atrás de ella, invadió los carriles del sentido opuesto de Calzada de Tlalpan, aceleró y dio vuelta en la primera calle a la izquierda. Hice lo mismo. Fue entonces que mi copiloto sacó su teléfono, tomó un par de fotos de la patrulla y empezó a grabar al tiempo que narraba lo acontecido. Llegando a Viaducto la patrulla amagó con detenerse, hizo la finta y volvió a acelerar, dio vuelta en la primera calle que encontró a la derecha y fue ahí donde conseguí cerrarle el paso. Ya sin escape, el policía –escuchando a Rocío Dúrcal a todo volumen y evidentemente borracho– preguntó –¿Cómo puedo ayudarlos?


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