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Por Yorleni L. Rojas

Puebla, México, 24 de agosto de 2022 [00:02 GMT-5] (Neotraba)

Frecuentemente me encuentro rodando sobre una avenida principal en la que hay una intersección y un auto se aproxima para cruzar o incorporarse a ella. A veces, en cuanto el semáforo se pone en verde, cruzo por esa gran avenida pensando que los conductores se quedarán aguardando su turno. Doy por hecho que la preferencia la tengo y no me detengo, sigo mi camino pedaleando, pero con las manos bien puestas en los frenos, ya saben… por si acaso.

En alguna ocasión el resultado de esta lógica ha sido quedar tirada en el pavimento y la adrenalina a tope me ha hecho ponerme de pie y decir que estoy bien mientras veo al auto que me acaba de impactar alejarse sin más ni menos tan rápido que ni la placa distingo detrás de esta miopía y astigmatismo y el manojo de nervios que queda de mí.

Y hablando de ir rápido, ¿cómo se sienten teniendo que circular ahora a menos de 60km/hr en algunas vías? Si no sabían, en Puebla se redujeron los límites de velocidad en algunas calles y avenidas de las más transitadas… “ay ¿pero por qué?” Pues porque tal pareciera que el automovilista promedio tiene una ferviente necesidad de imaginarse en reto Tokio y acelerar en cuanto pueda. Claro que esto responde a muchos factores y no lo hacen por hacer ¿o sí?, lo que genera una dinámica en la que lo único que pareciera importar es no estorbar en el camino de quien va detrás de ese volante.

Como en el comercial que la empresa Volkswagen realizó tomando como escenario el centro histórico de la ciudad –aunque no lo mostraron lleno de adoquines, baches, bolardos tirados a pedazos– y para cuya realización debieron cerrar calles aledañas por más de 3 horas. Porque claro, el comercial no toma en cuenta a los peatones, ciclistas, ambulantes… ah no, esperen, a ellos sí: ya los quitaron. Vaya imagen de su ciudad bonita y turística… la Puebla de los ángeles.

¿Estaremos hablando de los ángeles como las almas de las personas fallecidas y asesinadas en siniestros viales? Porque de ser así, el nombre es acertado y, es más, hace honor.

Y es que distintos medios periodísticos han reportado que al día muere una persona por accidentes viales, situando a éste como el segundo municipio del país con el mayor número de fallecidos bajo dicha causa.

Los servicios de emergencia no terminan de atender uno, con una respuesta muy tardía, por cierto, cuando ya tienen el reporte de otro.

¿Cuál es la prisa? Prisa por acelerar para encontrarnos en el semáforo rojo y ver la cara del conductor que pasó junto a mí a gran velocidad, prisa por llegar, como la que llevaba un 27 de abril de este año aquella patrulla de la Secretaría de Seguridad Ciudadana que en San Miguel Tenancingo atropelló a un ciclista, de oficio albañil quien se dirigía a trabajar, o la que ayer lunes tenía un chofer de la ruta Galgos del Sur y asesinó a una mujer de la tercera edad.

Cómo olvidar la prisa por demostrar que tú no tienes derecho a transitar por este carril, aunque eso signifique pasar encima de ti, como la que acabó con la vida de una mujer que se encontraba cruzando un boulevard en diciembre de 2017 y fue embestida por una unidad de RUTA, sí el mismo RUTA que mató a don Rafa en mayo de este año y a otra mujer ciclista en octubre del año pasado…

Y no vengan a decirme “es que por qué se van por ahí si no les corresponde”. Bueno sí, vengan a decirme, que nos podemos echar una buena platicadita con eso.

Pero antes de ese argumento nefasto saquen la bicicleta o los patines y vámonos a andar por la ciudad toda una semana a ver si siguen con ese pensamiento; saquen la bici y acompañen a los bicimensajeros, bicirepartidores, a quienes la utilizan como medio y herramienta de trabajo, agarren una silla de ruedas y desplácense por las banquetas ocupadas y mal hechas, por las ciclovías ocupadas por sus carros y camionetas, camiones de descarga porque “no me tardo, nomás voy rápido.” Saquen la bicicleta en los días de lluvia, donde no sabes si te aproximas a un registro sin tapa o un bache mortal.

Sáquenla para ir a todos lados, a sus citas, a sus compras, al trabajo… “aaayyyyyy pero yo vivo bien lejos”… ¿y? Hasta allá se llega en bici, si no me creen deberían intentarlo.

No sé si todas las personas que han fallecido y han sido asesinadas en siniestros viales, dieron por hecho que esa unidad que les impactó se detendría.

Yo prefiero ya no dar nada por hecho cuando de ineptos detrás del volante se trata, pero ¿cómo saber que lo son?

Exacto, no lo sabemos, no siempre.

Por eso, yo ya no lo doy por hecho.


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