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Por Adriana Barba

Monterrey, Nuevo León, 9 de abril de 2021 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

Con cariño para mi familia oaxaqueña,

que sabe trabajar duro y querer bonito.

Me gusta coleccionar historias. Siempre estoy en el lugar, la hora, y con las personas precisas para encontrarlas. El año pasado –jamás olvidado por todos– me trajo la dicha de conocer a una jovencita chahuitense. Llegó a Monterrey –esta tierra mucho más ruda que la que la vio nacer y con un clima voluble– ella, llena de sueños. Su sonrisa, como la de un ser de luz, me contagió en el momento en el que cruzamos palabra. Cielo me mostró su cielo y me regaló una docena de historias nuevas para mi vida, las más increíbles, las que nunca se olvidan. También me dio un puñado de enseñanza, de cosas nuevas –como la que les contaré hoy– con un rico sabor a mango.

Vivero de mango. Foto de Cielo Enríquez
Vivero de mango. Foto de Cielo Enríquez

Yo repito la palabra mango y se me viene a la mente dulce, fresco, amarillo, jugoso, aunque la nutrióloga lo restrinja por la cantidad de azúcar tan alta que contiene. Sin embargo, yo lo podría consumir a libre demanda.

Chahuites, cuidad del estado de Oaxaca, localizada en el Istmo de Tehuantepec, en el extremo sureste del estado, cercana a los límites con el estado de Chiapas.

Flor de mango. Foto de Cielo Enríquez
Flor de mango. Foto de Cielo Enríquez

Chahuites, la capital del mango

Existen dieciséis clases de mango, los más importantes son: Oro, Tommy, Ataúlfo, Criollo, Piña, Manililla y Manila. La temporada empieza en el mes de diciembre y termina a mediados de junio, pero el proceso inicia en el mes de agosto, cuando se empiezan a rastrear las huertas, una vez que la temporada de lluvias pasó y se pasa al corte y fumigación.

Mango Tommy. Foto de Jatsiri Fuentes
Mango Tommy. Foto de Jatsiri Fuentes

Para el mes de noviembre empiezan los riegos –ya sabe– esto ayuda a que la fruta esté grande y re chula. Después, a principios de diciembre aparece la flor, para finalizar con la primera cosecha de mangos: el Criollo es el primero en aparecer. Para esa fecha, una caja de mango Criollo usted la puede vender a muy buen precio: entre $500 y 600 pesos. Ya sabe usted eso de la oferta y la demanda, como hay muy poco el costo es mucho.

Los mangos que siguen en la cosecha son el Ataúlfo y el Tommy, los favoritos, los nice, los más exportados ¿usted los conoce? En el mes de diciembre una caja de estos dos tipos guapos de mangos la encuentra en $600 o $700 pesos. Es cuando pueden tener la mayor ganancia porque ese mismo mango, para los meses de abril y mayo, tiene un valor de $100 a $120 pesos la caja. ¿Increíble, no?

Mango Ataúlfo. Foto de Jatsiri Fuentes
Mango Ataúlfo. Foto de Jatsiri Fuentes

Ahora me interesa platicar sobre los puestos de trabajo: los patrones pagan por día y por caja (yo preferiría siempre trabajar por caja, convertirme en Speedy González y sacar mucho dinero) pero bueno, muchos prefieren ganar $150 pesos el día y trabajar sin tanta presión. La caja la pagan a 13 pesos aproximadamente.

Recolección de mango. Foto de Jatsiri Fuentes
Recolección de mango. Foto de Jatsiri Fuentes

Antes de que cante el gallo, los chahuitenses se dirigen a las huertas que quedan como a 40 minutos de su hogar. Al llegar al lugar de su chamba, la buena vibra se hace presente. Toman su tenate y se trepan a esos gigantes de 20 a 30 metros de altura –en el caso de un árbol Criollo–, o de 6 a 10 metros de un árbol de Ataúlfo. Cierro los ojos y me imagino en las alturas, trepada en un árbol Criollo, con un viento tranquilo, en mis manos el sustento de mi familia. Ese sustento dulce que hace feliz a mucha gente.

Recolección de mango. Foto de Jatsiri Fuentes
Recolección de mango. Foto de Jatsiri Fuentes

A la hora de la comida todos se reúnen para disfrutar los alimentos: vasijas llenas de manjares de la región, carne en salsa, pollo con verduras, sin faltar el queso y los frijoles… perdón, olvidaba las tortillas. Cielo me comenta que es “de muy mal ver” que alguien lleve huevito para la hora de la comida, pues se podría pensar que su mujer es una floja. ¿Me río o me enojo? No supe que hacer cuando escuché eso.

Otro de los puestos, con menor paga, está dentro de las bodegas: el empacador,que se encarga de seleccionar los mangos de exportación y acomodarlos bien bonitos en las cajas de madera. Ya sabe, la presentación ante todo o de la vista nace el amor.

Armar las cajas de madera donde se exportan es un trabajo un poco más sencillo. La ganancia es de $3 pesos por caja, usted sabes si quiere armar 150 o 200 cajas en un día. Usted es su propio jefe, usted sabe cuánto quiere ganar. De ahí siguen los que empapelan el mango y los cargadores, aquellos que se encargan que todo esté en el tráiler, listos para cruzar fronteras poniendo el nombre de Chuahuites en alto.

“Tenía 6 o 7 años cuando visité por primera vez una huerta de mango, era tan pequeña que no dimensionaba las grandes cantidades de fruta que había en el lugar” ¿Cuántas cajas cortaremos hoy, pregunté. Cien, me contestaron, para ese entonces el número 100 era infinito, ahora ya sé lo que alcanzaría para comer con el trabajo de ese día, pensó Cielo.

Sergio injertando mango. Foto de Naoki Enríquez
Sergio injertando mango. Foto de Naoki Enríquez

Una actividad muy importante es el injerto. Para esto quiero presumir el gran trabajo de Sergio Ventura Castillo, tío político de Cielo, que se la rifa en esa actividad tan complicada que aprendió gracias a su hermano hace casi 10 años. Yo sentía que me hablaban en chino cuando me explicaban el proceso, trataré de resumirlo sin equivocarme: un injerto en el cultivo de mango consiste en la selección de plantas de patrones cuyas características muestren condiciones de vigor, adaptación y rendimiento del fruto –dependiendo de las condiciones ambientales que compongan la región– con el objetivo de dar una mejor respuesta productiva a los cultivos y la obtención de ganancias mayores.

¿Qué quiere decir esto?

Que si yo tengo una huerta con unos 60 árboles y ya no me dan ganancia, le hablo a Sergio el injertador –como le llaman de cariño a Don Sergio– y él se encargará de darle un giro a mis árboles, viendo nacer otras clases de mango. Ojo, esto lleva su tiempo, no es como hacer tlayudas, después de rezar un poquito al Dios de las cosechas de mango, todo puede salir a tu favor.

Injertos de mango. Foto de Cielo Enríquez
Injertos de mango. Foto de Cielo Enríquez

Después de escribir esto y tomar una siesta, me vi bailando en el sueño “La del moño colorado”, con una canasta de mango en la cabeza. Desperté con una alegría enorme, porque me sentí chahuitense, me sentí en casa, cortando un Criollo, exprimiendo limón con una pizca de sal, rodeada de gente que trabaja duro y quiere bonito.


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