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Por Adriana Barba

Monterrey, Nuevo León, 14 de agosto de 2020 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

Los mejores crímenes para mis novelas se me han ocurrido fregando los platos.

Fregar los platos convierte a cualquiera en un maniaco homicida de categoría.

Agatha Christie

Todos tenemos una rutina en casa que nos hace sentirnos felices: llegar de trabajar, abrir el refri, sacar una cervecita para relajarte o preparar café, prender el Netflix o ponerte a leer. Te quitas los zapatos y te sientas en tu lugar cómodo.

La mía desde niña es lavar los platos. Entre más grande la montaña de ellos, más feliz. La gente que conozco, que ama la cocina, siempre dice que lo más desagradable es el vasijero que se junta, después de preparar comida.

Antes de la pandemia, después de 14 horas fuera de casa, lo primero que hacía al llegar era lavar los platos. Muchas veces ni la mochila me quitaba, el sentir el agua helada o ardiendo –según el cochambre de los platos– era una maravilla, mi bocina a un metro de distancia siempre lista para entonar las mejores cumbias y reflexionar lo bueno y lo malo del día.

Con antibacterial, acción anti grasa, o con aloe Vera para el cuidado de tus manos, y un sin fin de características existen en los jabones de trastes dónde lo más caro no siempre es lo mejor.

Mi sonrisa está de oreja a oreja y me voy al pasado: por allá del ‘98 tenía 15 años y la mayoría de mis amigas tenía como responsabilidad lavar los platos, si no los permisos estaban cancelados. Ya se imaginarán quién lavaba los platos con una agilidad y ritmo inigualable con tal de salir a encontrarnos con la música y el baile.

En mi casa nadie puede tocar los platos más que yo y creo eso les da mucha satisfacción.

La esponja que se utiliza también juega un papel muy importante, ni muy suave ni muy tiesa, deberá estar en término medio para lograr quitar la grasa, suficiente espuma para quitar los residuos y un enjuague abundante para dejar los platos libres de olores.

No creo dejar nunca que alguien lave los platos en mi casa, es más, si me invitas a comer, yo lavo los platos.


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