¿Te gustó? ¡Comparte!

Por Juan Jesús Jiménez

Puebla, México, 15 de marzo de 2021 [00:02 GMT-6] (Neotraba)

Poco o nada sabía del profesor hasta antes de la entrevista. Algo me contaron algunos amigos y conocidos. Me dijeron que era muy buena onda y seguramente me divertiría mucho con la entrevista y preguntarle su punto de vista en una materia que, me consta, le apasiona. El profesor Rolando se ganó a lo largo de los años el respeto y la admiración de sus alumnos en su estancia en la Preparatoria Emiliano Zapata. También la mía. Aquí la entrevista que le realicé:

Juan Jesús Jiménez. ¿Por qué estudiar historia?

Rolando Rodríguez. La historia da conciencia de los sucesos actuales. Nos permite darnos cuenta de lo que nos pasa. Nos ayuda a proyectar razones y los efectos de un evento en la formación de nuestra identidad y de reconocimiento como parte de la historia.

Estudiar Historia nos abre el panorama de análisis para evaluar la realidad que vivimos diariamente y saber cómo actuar ante ella.

Rolando Rodríguez. Foto de Denise Cordero
Rolando Rodríguez. Foto de Denise Cordero

JJJ. La investigación es parte fundamental de la historia pero, ¿cómo diferenciar información histórica de la contemporánea?

RR. Depende de muchos criterios. Generalmente, se relaciona mucho con lo vivencial. Si tú no participaste en ese pasado, te parece algo muy lejano a la realidad que experimentas. Te ha tocado ver hechos históricos: esta pandemia, las manifestaciones de las mujeres, las manifestaciones estudiantiles. Todas estas son muy distintas a las que yo viví. Así, tú y yo tendríamos perspectivas distintas sobre los mismos temas.

Ahora, es cierto, los historiadores no están de acuerdo respecto a que el parámetro general para determinar una época contemporánea sea de 50 años, en tanto se escribe el documento o se reúne información. Pero esta noción no siempre funciona del todo. A mí criterio, se debe considerar si es continua en proceso; si es un hecho en proceso, entonces se debe estudiar como historia una vez concluido. Para el estudio contemporáneo de los hechos en curso existen otras ciencias sociales, como la Economía.

La historia proyecta los efectos y las razones de un movimiento. Por eso, se debe estudiar una vez concluya el hecho que se estudia.

Cartel promocional con foto de Rolando Rodríguez.
Cartel promocional con foto de Rolando Rodríguez.

JJJ. Parte del estudio de la Historia va de la mano con la forma de contarla. ¿Cómo se observa desde la Historia a la crónica?

RR. Se debe separar la crónica y la Historia. Mientras la Historia enlaza el antecedente y sus efectos, la crónica narra los eventos de forma inmediata o la toma de una memoria. Quizá la forma más corta de decirlo es que una es una forma más literaria que otra.

Como materia, debe situarse en la didáctica: debe tener utilidad en su significado para el alumno. Si sólo acumula datos, pierde sentido la información que recibe. Saber cómo evolucionaron los eventos es una utilidad a los fines educativos.

En caso particular de las prepas BUAP, se desarrollan: identidad, ciudadanía y, de forma extendida, manejo del tiempo. Que los alumnos reflexionen sobre su integración como mexicanos, sin caer en el error de la discriminación y valorando el mestizaje; que sepan su papel como ciudadanos y analicen cada evento social.

La ubicación temporal es otra habilidad a desarrollar. Desplazarnos en el tiempo, entre distintas épocas, es difícil porque a veces el tiempo del que no formamos parte nos resulta ajeno. Para ello, sirve volver significativo el aprendizaje que se adquiere de la Historia.

JJJ. Como alumnos, la mayoría crecimos con este sistema poco significativo, donde sabíamos que pasaba algo pero realmente no sabíamos qué. Como docente, ¿qué tan difícil es enseñar historia?

RR. Requiere de muchas estrategias. Primero, entender que es una materia que trasciende el tiempo y tener claro qué se pretende lograr al enseñar. Si no, volvemos al ejercicio tradicional, con los usuales resúmenes, paráfrasis, lecturas y pierden sentido para el alumno.

Con el paso del tiempo, se desarrollaron distintas estrategias y, al momento, recuerdo a Joaquín Prats: pirámides de jerarquía social, mapas conceptuales, de expansión, líneas del tiempo, en fin. Estrategias que hacen cercano el aprendizaje.

Incluso para ir a un museo se debe tener una intención fija. ¿Qué es necesito que vea el alumno en una caricatura o una fotografía? Partiendo de este análisis, provocar esa intención, generar comprensión y debate. Desarrollar una sobre temas, como la defensa de los derechos humanos, identidad, la razón detrás de cómo vemos ciertos grupos sociales, y un largo etcétera. Por ejemplo, plantear cuestionamientos sobre cómo cambió el gobierno y qué intenciones debía seguir, hacen que el alumno adquiera participación y percepción histórica.

Trato de introducir a mis clases la parte sentimental. Carl Rogers, psicólogo, decía que la empatía se vuelve parte significativa del aprendizaje. En una película, al empatizar con los personajes y sus contextos, el alumno puede proyectar un sentimiento al evaluar la obra. Claro, para eso hay mucho trabajo detrás. De lograrlo, el alumno incluso traslada ese sentimiento a un aspecto de su realidad, lo vuelve un agente activo de la historia. Así, se genera un papel ciudadano con una motivación para serlo. Una que a veces no se nota pero está ahí.

Con la dualidad héroe-villano se pierde un poco, pero aun así entendemos a los personajes que forman parte de la historia y los percibimos desde distintos contextos. De ahí, podemos valorar su trascendencia, pero siempre desde un contexto amplio de todos los eventos en los que participó, saber qué querían lograr.

Rolando Rodríguez. Foto de Óscar Alarcón.
Rolando Rodríguez. Foto de Óscar Alarcón.

JJJ. Al estudiar historia, siempre destaca un hecho sobre otros. ¿Cuál fue el acontecimiento histórico que despertó su interés?

RR. Hubo muchos, pero quizá el más importante fue el Movimiento Estudiantil del ’68. Mi papá era maestro de la universidad –aunque era abogado– y llevaba a la casa sus libros, que en ese tiempo llevaban un aspecto más izquierdista. Además, todos los grupos de protesta de ese tiempo.

En preparatoria –en ese tiempo era mucho menos crítica que ahora–, fui un bicho raro durante toda esa etapa. Ya tenía cierto interés por la materia y era muy común mi participación en la clase. En la universidad, sin intenciones de ser profesor hasta ese momento –quería ser investigador– me di cuenta de lo bueno de enseñar la materia, sobre todo con un público cautivo como lo son los alumnos. En general, toda esta época de los setentas me llamó mucho la atención. La perspectiva ante ello depende mucho de los motivos a abordar.

También me gusta mucho la historia prehispánica, con las cosmovisiones y orígenes que forman parte de nuestra identidad, con el origen de todos estos saberes y el mestizaje resultante de la colonización. Es una parte interesante de la enseñanza de la materia.

La historia del Siglo XX también me resulta interesante, enfocado a todos los movimientos sociales y las causas que defendían las protestas a finales de este periodo.

JJJ. Si pudiera elegir un sabor de helado relacionado a un personaje histórico, ¿cuál sería y por qué?

RR. Creo que nunca me habían preguntado algo así, pero ahí va…

Aunque no sea mi personaje favorito, sería Santa Anna con un helado de vainilla. Primero, porque la vainilla viene de Veracruz y porque él era de ahí. Segundo, y aunque pudiera ser un arquetipo, por lo artificial. Santa Anna tenía intereses económicos más que otra cosa. Tal vez por eso también sería la vainilla. No es un sabor profundo.


¿Te gustó? ¡Comparte!