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Por Daniel Salinas Basave

Tijuana, Baja California, 26 de julio de 2023 [17:40 GMT-7] (Neotraba)

Enrique Herrera dedicó su obra a toda persona de espíritu migrante: a quienes caminan o hacen volar su imaginación para trascender fronteras. A quienes han sucumbido, en agua o arena, en busca de mejores suelos donde plantar su pie. Lo conocí aquella inolvidable noche de verano de 2016 en que presentamos Dispárenme como a Blancornelas en el café Franz Praga de la Sexta, la noche en que Ignacio Padilla se mató en Querétaro. Acudió espontáneamente, por genuina curiosidad, pues no nos conocíamos.

Ese día me regaló su novela Sin papeles y desde entonces empecé a seguirle la huella. Descubrí a un escritor sensible y con oficio que narró sus historias a través de la voz y la mirada de los migrantes. Un hombre de familia siempre cercano a su esposa Dolores y a sus hijas Diana, Brenda y Bressa.

Una devastadora influenza minó sus pulmones, pero no su entusiasmo por vivir. Resistió varios años con una capacidad respiratoria limitada sin dejar de derrochar amor por la vida. El domingo 9 de julio recibí la triste noticia de su muerte.

Tiempo de cruzar otra frontera, Enrique. También en el más allá seremos migrantes.


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