Madrid, España, 28 de julio de 2026 (Neotraba)

La novela Qué importa que Dios exista se instala con fuerza en el paisaje narrativo contemporáneo por su osadía, su tratamiento sin concesiones del deseo femenino, y su capacidad para fundir lo erótico, lo místico y lo marginal en una propuesta profundamente radical. En ella, los cuerpos de las mujeres son el verdadero campo de batalla donde se libran conflictos religiosos, sociales y personales, y también el espacio de revelación, sanación y poder. A través de dos protagonistas antagónicas pero complementarias, Mitsuko y Luna María, la novela construye un relato donde el cuerpo deja de ser objeto de vigilancia moral para convertirse en fuente de conocimiento y transformación.

Desde una escritura fragmentaria, con voces coloquiales, escenas crudas y pasajes casi visionarios, la autora despliega un universo donde los límites entre lo sagrado y lo profano se desdibujan. El tratamiento de la figura de María Magdalena como «Santa de las putas», protectora de las desviadas, aparece como un gesto político: una reapropiación del relato cristiano desde una perspectiva femenina, libertaria y corporal. En este sentido, la novela entra en diálogo con corrientes contemporáneas del feminismo espiritual, que reclaman el derecho a religiones donde lo corporal no sea una condena, sino un camino hacia lo divino.

Luna María, mujer madura, religiosa, dueña de una tienda de santos, se somete a una vaginoplastia con la esperanza de «rehacer su vida». La decisión la enfrenta no sólo al dolor físico sino a visiones intensas: cuerpos entrelazados, mensajes de una María Magdalena con botas de plataforma, y orgasmos cósmicos que la transforman. Lo que empieza como intervención estética deviene en una crisis mística y existencial: el cuerpo intervenido se vuelve oráculo y puerta de entrada a lo sagrado. La fe tradicional de Luna María se tambalea y da paso a una espiritualidad corporal, sensual, directa, que escandaliza al sacerdote y al barrio, pero le devuelve la alegría y el sentido. El conflicto no es tanto con Dios como con las instituciones que lo representan.

Mitsuko, por su parte, es el reverso: joven, darketa (que viste de negro), marcada físicamente por la ausencia del pabellón de una oreja, y emocionalmente por el abandono paterno. Se abre camino a través de empleos precarios hasta ingresar al mundo del acompañamiento sexual. Sin embargo, la novela no presenta a Mitsuko como víctima ni como estereotipo. Es una mujer inteligente, observadora, de una frialdad que raya en lo estoico, que domina el Rubik como metáfora de su autocontrol. Su transformación comienza tras una ceremonia de hongos enteógenos: el viaje psicodélico es, como en Luna María, revelación. No es Dios, sino su propio cuerpo y sus visiones quienes le dictan el camino. Mitsuko encuentra en María Magdalena una guía, una compañera que no juzga ni exige pureza, sino autenticidad.

Ambas mujeres se encuentran. Y en ese encuentro, aparentemente casual, se genera un vínculo que excede la amistad: Mitsuko necesita la espiritualidad que le falta; Luna María, la libertad que desconoce. Entre ambas surge una pedagogía mutua donde lo marginal se resignifica. La tienda de santos se convierte en centro espiritual alternativo, el prostíbulo en lugar de consuelo afectivo, el cuerpo en herramienta de transformación. La novela desarma oposiciones: no hay puta buena ni beata mala, no hay infierno ni cielo, sino una única realidad encarnada donde la santidad y el goce coexisten.

Portada de Qué importa que Dios exista de Isa González Bretón
Portada de Qué importa que Dios exista de Isa González Bretón

El estilo narrativo también merece análisis: el uso del lenguaje popular, los cambios de registro, las escenas que se alternan entre lo hiperrealista y lo onírico, construyen una prosa que desestabiliza. No hay redención clásica ni conclusión moral. La novela es, en ese sentido, postsecular: desconfía de las formas tradicionales de espiritualidad y propone nuevas, ancladas en el cuerpo, el deseo, la sororidad. Hay escenas que recuerdan el realismo sucio, otras que apelan a lo mágico, y muchas que se inscriben en una estética queer, donde los géneros (sexuales, literarios, espirituales) son híbridos, mutables, impuros.

La figura de María Magdalena actúa como eje simbólico. Representa la redención de lo carnal, la posibilidad de una santidad que no niega el cuerpo, sino que lo abraza. Su transformación de prostituta a primera testigo de la resurrección en los Evangelios apócrifos es retomada por la novela para proponer una fe que nace de la experiencia, del placer y del sufrimiento. Es una Santa punk, feminista, visionaria. Su figura se impone a los Migueles arcángeles, desplazando la violencia viril por el cuidado y la sensualidad.

La novela también critica el sistema neoliberal que precariza a las mujeres: Mitsuko recuerda su paso por Zara como esclavitud moderna. Frente a ello, ejerce la prostitución como trabajo autónomo, con reglas propias, estrategia de sobrevivencia y, finalmente, camino de autoconocimiento. Luna María, por su parte, se libera del dogma y crea una comunidad femenina que recupera su autoestima y redescubre el poder de su palabra. La iglesia institucional, representada por el padre Rafael, queda como reliquia obsoleta, incapaz de entender ni guiar.

Qué importa que Dios exista es una novela sobre mujeres que reconstruyen su espiritualidad desde el deseo, el cuerpo y el dolor. El título mismo es provocador: no importa si Dios existe en los términos tradicionales; lo que importa es vivir una experiencia vital, sensual, trascendente, aquí y ahora. Es una novela que busca devolver al cuerpo su dimensión sagrada, al deseo su capacidad reveladora, y a las mujeres su lugar como creadoras de sentido.

Con una prosa que alterna la crudeza con el éxtasis, lo callejero con lo litúrgico, la novela construye una teología de lo carnal, donde las putas son sacerdotisas, los orgasmos caminos a lo divino y las visiones, revelaciones de una nueva religión: la del goce, la sororidad y la autoliberación.

Es imposible salir ileso de sus páginas. Lo que parece una historia marginal, se convierte en espejo. La pregunta ya no es si Dios existe, sino si nos atrevemos a escucharlo en la voz de nuestras entrañas, en el gemido que nos humaniza, en la caricia que nos salva.

La novela, en definitiva, nos recuerda que el cuerpo no es pecado ni obstáculo, sino vía de conocimiento y comunión con lo trascendente. En tiempos de regresiones conservadoras, esta obra es un manifiesto poético, político y profundamente humano. Una de esas novelas que no se olvidan porque no solo se leen: se sienten en la carne.

El final, simbólico y poderoso, reúne a Mitsuko y Luna María compartiendo risas, deseos y rebeldías frente a un sistema que las quiso separadas. El brindis que sellan: «Por nosotras, pendeja», no es solo un cierre irónico: es la consagración de una alianza. Desde una perspectiva feminista, el desenlace celebra la sororidad como forma de sanación, el cuerpo como altar de verdad, y el placer como vía de revelación. En clave religiosa, es una transfiguración: ya no se espera la salvación externa, sino que se encarna lo divino en el aquí y ahora, en lo profano que se vuelve sagrado. En clave simbólica, es un retorno al origen: el deseo como chispa, el cuerpo como templo, y la palabra como nuevo evangelio femenino.


Iván Cerdán Bermúdez (Madrid, 1976) es docente de Lengua y Literatura, cineasta, escritor y crítico de cine. Ha dirigido tres largometrajes, dos documentales y numerosos cortometrajes, además de publicar tres novelas, dos volúmenes de teatro, un libro de relatos y diversos ensayos sobre cine. Colabora como crítico en Revista de Occidente, Dirigido por y La Carcoma Críticas, y ha impartido talleres de escritura creativa en la Universidad Complutense de Madrid. Su obra ha sido distinguida con más de cuarenta premios nacionales e internacionales.

Qué importa que Dios exista, Isa González Bretón. Novela. Nitro/Press. México, 2026.

Para mayor información, páginas muestra y modos de compra: https://nitro-press.com/9786078805693

Contraportada de Qué importa que Dios exista de Isa González Bretón
Contraportada de Qué importa que Dios exista de Isa González Bretón

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