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Puebla, México, 12 de diciembre de 2025 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 12 minutos

Como lector considero que las editoriales universitarias deben de publicar libros cercanos a sus comunidades y, al mismo tiempo, ofrecer un abanico de autores trascendentales cuyos Lados B –por llamarlos de alguna manera– encuentren casa editorial. Es decir, aquellos libros que las editoriales comerciales grandes no les apostarían por considerarlos arriesgados o por no encontrarles lugar dentro de sus catálogos, pueden publicarse en las editoriales universitarias, sin que esto vaya en detrimento de la calidad literaria de las obras.

El Fondo Editorial de la Universidad de Sonora encontró en Iván Ballesteros un ojo clínico, un editor de cepa: lector ávido, joven editor, impulsor de la literatura de Sonora y conocedor de uno de los objetos que, desafortunadamente, se están han perdido: las revistas literarias.

Iván Ballesteros fue director de la revista literaria Pez Banana y en 2024 fue nombrado Coordinador del Fondo Editorial de la Universidad de Sonora. Bajo su gestión, la UNISON obtuvo por primera vez el reconocimiento al “Libro del Año” en la categoría de No Ficción, el cual otorga la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (CANIEM) con el libro Detectives de Objetos de la autora Shaday Larios.

Esta charla, al igual que las de Jorge Carrión y Daniel Avechuco, se había extraviado, pero afortunadamente pudo recuperarse.

Agua vacía de Fernanda Ballesteros
Agua vacía de Fernanda Ballesteros

Óscar Alarcón. ¿Cuáles son las características que consideras debería de tener una editorial universitaria?

Iván Ballesteros Rojo. Primero que nada, tiene que cubrir las necesidades editoriales de los docentes. De ahí debe arrancar una editorial universitaria. Hay que considerar que es una editorial que trabaja fuera del mercado editorial de las librerías. Es un mercado hacia adentro de la Universidad, hacia dentro de las aulas. Esa es una primera necesidad.

La segunda, gestionar y propiciar que los docentes se animen a publicar también divulgación científica, que se animen a publicar ensayo, pensamiento crítico. Eso también es importante porque hay poco en las áreas académicas.

Y, finalmente, que la editorial sea una especie de signo de la Universidad –en el sentido de identidad. Creo que esto es lo que estamos propiciando ahora. Lo demás está bien cubierto desde hace un tiempo en la Universidad, falta apuntalarlo nada más.

Si vas a publicar libros impresos y electrónicos, que sean libros que le importen a la mayor cantidad de lectores posibles, no nada más dentro de la Universidad sino afuera.

Somos una institución que piensa en lo comercial, pero también en la calidad. Podemos pensar en abrir ese panorama con la libertad que te da una institución que genera un producto intelectual, más que pensar en lo simplemente comercial.

ÓA. Se hace ciencia en las universidades, aunque la divulgación es complicada. ¿Cómo llegar a esos públicos para que acerquen a la ciencia? Los científicos hacen su trabajo, pero también hay otras áreas que tienen que hacer lo suyo, en donde se tiene que trabajar de la mano de la divulgación. ¿Cuál es el plan que piensas desarrollar para el Fondo Editorial de la Universidad de Sonora para que la ciencia llegue a los lectores?

IB. En la Universidad de Sonora hay muy buenos divulgadores en el área de las ciencias duras. Lo primero es propiciar que los maestros vean los productos que se están editando porque muchas veces los maestros se van con otras editoriales. Que los maestros digan “Voy a publicar en mi editorial porque me da los mismos beneficios que cualquier otra editorial”, con un trabajo editorial cuidado.

Si a alguien le interesa la Astrofísica y un maestro saca un libro sobre el tema, nuestra tarea es presentarle un producto editorial a las personas que no solamente están interesadas en los temas; que haya personas que lo quieran porque también es un objeto; que lo quieran porque está bien editado, porque se puede leer muy bien, porque tenga todas las características que hacen que la lectura sea placentera.

Esa sería mi aportación, pero antes de eso: propiciar, invitar a los maestros de la Universidad a que se animen a publicar divulgación con nosotros. Y que sea una divulgación pensada desde las primeras juventudes hasta los adultos, porque la ciencia es maravillosa y te abre perspectivas de muchas cosas. Nos hace mucha falta tener ese tipo de materiales.

ÓA. Pienso en la figura del editor universitario e inmediatamente viene a mi memoria el nombre de Antonio Ramos Revillas, un referente en la editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Creo que tu nombre se vinculara al Fondo Editorial de la Universidad de Sonora fue muy bien recibido a nivel nacional –no sé así a nivel local. ¿Cuáles son los caminos que, a título personal, consideras se deben de seguir en el Fondo Editorial de la Universidad de Sonora?

IB. Ya echamos a andar cinco nuevas colecciones, que están pensadas para eso que te comentaba: abrir el espectro de lectores para que sean libros que les interesen con solo mirarlos o a personas que vayan a buscar a autores específicos. Hay que alimentar esas cinco colecciones, sin dejar atrás a la colección –que tiene años saliendo– de textos académicos, con calidad editorial que compita con cualquiera. Y que pongan el nombre de la Universidad en alto, en lugares donde creo que nunca había estado.

Publicar un texto de Enrique Vila-Matas –alguien que está “nominado” al Premio Nobel todos los años o al Premio Cervantes– eso pone el nombre de la universidad en alto prestigio –no tanto de la editorial sino de la Universidad– porque quien publica los libros es la Universidad de Sonora.

La gente voltea a ver para un estado que siempre está en la orilla de un país que siempre es centralista.

Hace unos días platiqué con Antonio Ramos Revillas –que anduvo por acá– y me dio un montón de tips sobre sobre un montón de cosas. La UANL publica cien libros al año. Eso es impresionante. Faltaría ver dónde están y dónde se pueden adquirir esos libros, pero son cien libros al año con todo el trabajo que implica, debe de ser un pulpo editorial enorme.

Aquí somos un equipo pequeño, pero todos son muy buenos desde el diseñador, Leonel López –que es un gran diseñador editorial–; todos los que trabajan en esta área me parece que están igual de obsesionados que yo con los libros. Entonces eso es eso es maravilloso.

ÓA. ¿Cuántos libros llevas desde que llegaste hasta ahorita?

IB. La próxima semana van a llegar tres, de modo que van a ser cerca de 18 libros, pero de las nuevas colecciones van a ser diez.

Detectives de la noche de Flor Aguilera
Detectives de la noche de Flor Aguilera

ÓA. ¿Cuál crees que sea el camino del Fondo Editorial de la Universidad de Sonora para encontrar lectores? Porque el Fondo no va a competir con sellos editoriales comerciales gigantes y trasnacionales. ¿Cuáles son los lectores que está buscando la Universidad de Sonora?

IB. Hay una colección que se llama Barquito de Nuez, que está enfocada a lectores de las infancias y juventudes, ahí está un público muy específico. La primera autora es Flor Aguilera, una extraordinaria narradora de literatura juvenil y de literatura infantil.

Aquí puede entrar la divulgación infantil de ciencia. El libro se llama Detectives de la Noche y es muy atractivo visualmente, para que se enganchen los niños con temas prácticos, como cuando los niños –como mi hijo– no quieren dormir. El libro explica por qué hay que ir a dormir. No es que los papás quieran que te vayas a dormir y que te tapen el sol para que creas que es la noche, sino que es un juego muy muy muy divertido. Pienso también en ciencia, en divulgación infantil para la colección Barquito de Nuez.

Y después, la colección Cuadernos Alternos, que es donde está Fernanda Ballesteros, son de crónica, poesía, ensayo contemporáneo. Son libros que dialogan con lo que se está pensando en la actualidad. En esa colección está el libro de Fernanda y el segundo que salió es de un poeta sonorense muy potente, muy joven, es un poeta de a de veras, que juega con el lenguaje y con las sensaciones de estar vivo: Aziz Córdova.

A continuación, la colección Microgramas, la que apuesta por autores y autoras que ya tienen un nombre dentro del mundo editorial. Se llama Microgramas en honor a Robert Walser: si un lector quiere leer microgramas es porque de plano adora la lectura.

Franco Félix es un autor sonorense muy reconocido, cuyo prestigio está subiendo y es un escritor que no es fácil, no es sencillo: te mete filosofía, teoría de lenguaje dentro de sus de sus textos, es muy divertido. Lo mismo que Mario Bellatin. Creo que si hay un autor radical ese es Mario Bellatin y su serie de libros de La Matanza: Últimos Principitos, es aniquilar y revolver toda su obra. La prosa de Mario es sensacional. Y Enrique Vila Matas, un autor consagrado que seguramente está en la historia de la literatura del siglo XX y lo que llevamos del XXI, por este ensayo que se publicó en 2008 y que nosotros retomamos, además contiene un texto nuevo, que lo escribió el día que falleció Paul Auster, creo que es un libro muy atractivo.

La colección Ojos de Búho son libros que profesores y alumnos de la Universidad de Sonora intervendrán en obras que también pueden ser científicas, ensayísticas, filosóficas, pero es una intervención que realizará el personal de la universidad –puede ser que también haya gente de fuera, pero fundamentalmente será de la Universidad de Sonora– para generar productos que vengan a darle otro brillo a obras, como en este caso: la de Juana Manuela Gorriti, autora argentina del siglo XIX.

Damas en el aquelarre de Juana Manuela Gorriti
Damas en el aquelarre de Juana Manuela Gorriti

ÓA. ¿Cómo equilibrar la publicación de voces como la de Vila-Matas, Mario Bellatin, Franco Félix con las voces de los locales? A final de cuentas siempre habrá voces discordantes, gente que no esté tan contenta, ¿cómo equilibrar la publicación de grandes voces, pero también la publicación de gente de Sonora?

IB. Justo así: de 10 libros que hemos publicado, 5 son de sonorenses: Fernanda, Aziz, Franco, el libro de estudiantes de la Universidad de Sonora con un maestro… la mayoría son de Sonora, pero no queremos ser una editorial local.

Creo que hay editoriales muy buenas, que están cubriendo esto. Sin embargo, a mí me encanta la literatura de Aziz Córdova, de Fernanda, de Franco. Hay otros autores sonorenses que van a empezar a publicarse. Todos tienen como requisito haber publicado al menos un texto o que tengan premios.

Seguramente habrá susceptibilidades que digan: Yo tengo más trayectoria, pero cada quien tiene una visión de las cosas. Por primera vez en mi vida estoy trabajando en una institución en algo que sé hacer, que es editar. Lo había hecho por la libre, ahora me tocó a mí como les ha tocado a otras personas estar en algún momento y la visión editorial es una visión institucional que se tiene que cuidar. No estás publicando amigos ni estás publicando a personas que nada más porque quieren publicar las vas a publicar.

ÓA. Hoy se entregan los dos premios del Premio Nacional de Literatura Fantástica Universidad de Sonora, a veces es un poco complicado que las instituciones que crean en la validación a través de un premio de literatura. ¿Cuál es la importancia de estos dos premios que se entregan el día de hoy?

IB. Cuando la rectora –que hay que decirlo: es mi directora de tesis desde licenciatura, maestría y doctorado y sabe todo lo que hago en la cuestión editorial– me dijo: Preséntame un proyecto, a ver qué pasa. Le presenté el proyecto de las colecciones y un concurso mucho más ambicioso: era Iberoamericano… Me interesa que haya lectores que quieran estos libros.

La literatura fantástica se está leyendo un montón. La ciencia ficción está teniendo un revival bien importante, ni se diga la literatura de terror –en este caso los relatos de terror.

Entonces es el Primer Premio Nacional de Literatura Fantástica Universidad de Sonora, en géneros de novela de ciencia ficción y en cuento de terror. Se nota que hay muchos lectores porque hay muchos escritores: nos llegaron casi trescientas postulaciones de novelas y de cuentos.

Fui jurado de cuento de terror y llegaron cosas buenísimas. Créeme que el que ganó, lo decidimos entre los otros jurados y al final dijimos: No pues ya tiene que ser este. Nos tuvimos que apegar a las cuestiones de la de la convocatoria. Lo mismo pasó con el de ciencia ficción: por media décima ganó.

Notamos que hay una gran efervescencia en estos 2 géneros –que todavía se les llama subgéneros y yo creo que ya son géneros totalmente ya independientes.

Los lectores van a buscar ciencia ficción contemporánea, porque es una ciencia ficción especulativa.

En cuento de terror yo no conocía a Federico Vite y es muy bueno, pero cuando leí su libro, me quedé Wow. Es un libro donde aparece un Acapulco sepulcral, metafísico, es interesantísimo su libro.

Creo que esa es la importancia del premio y ojalá sean muchas ediciones, que se estimule, no porque me den trabajo ni nada, sino porque creo que se nota el entusiasmo ante tantas postulaciones.

Además del movimiento cultural que genera la Universidad hacia afuera y hacia adentro: hemos hecho un montón de presentaciones en dos semanas, eventos que no existirían sin los libros.

Oficinas del Fondo Editorial de la Universidad de Sonora. Fotografía de Óscar Alarcón
Oficinas del Fondo Editorial de la Universidad de Sonora. Fotografía de Óscar Alarcón

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