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Ciudad de México, 24 de noviembre de 2025 (Neotraba)

Pasó lista para confirmar que todos estuviéramos de regreso en el camión y cuando llegó a mi nombre me preguntó por la hache que estaba escrita antes de mi apellido –¿Cual hache? –pregunté yo. –Carlos “H” Bortoni –dijo. No entendí nada. Me paré de mi asiento, al fondo del camión, y caminé hasta ella para ver la lista. Efectivamente había una hache. Me pareció un error, hasta entonces, quinto de primaria, jamás había visto esa hache en ningún documento con mi nombre, tampoco había escuchado de su existencia. Improvisé un par de hipótesis para intentar explicar, más para mí que para ella, la razón de esa letra, pero terminé aceptando que no tenía la menor idea. De regreso de la escuela, supe que mi nombre completo, como el de mi padre, era Carlos Humberto. Ese día me enteré que tenía dos nombres, que mi padre se llamaba Humberto y qué –a pesar de que no le gustaba– la falta de creatividad hizo que me bautizaran exactamente igual a como él había sido bautizado. El dato no cambió nada, seguí sin utilizar el Humberto durante muchos años y nunca nadie volvió a preguntar por la hache.


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