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Por Melanie Pacheco Ramírez

Hermosillo, Sonora, 29 de junio de 2023 [00:05 GMT-7] (Neotraba)

No sabemos dónde estamos

Desperté

transparente,

me dormí

colorida.

¿A dónde se van los pedazos de alma que te arranca la vida?
Quiero limpiar sus tumbas, regar sus rosas marchitas.
Quiero ver en ellas fechas ilusas, descompuestas, y deshacerme del luto que cargo en mis hubiera. Para por fin poder vivir muy juntita al amanecer, y dejar atrás la madrugada misteriosa bien conocida que se arrastra despojada del alba.

La pesadumbre de mis ojos se arrulla con el aire melodioso y en un paso no tan lejos del parpadeo estoy a los pies de la rutina misma recordando mi lugar, volviendo a conocer mis alrededores frescos, más allá de los monitores, los libros y el dinero.
¿En qué momento se acabó el invierno? ¿A dónde se fue? Se llevó una pierna, un brazo y un poco de mis nueve vidas y no creo que me los vaya a devolver.

Tarde o temprano tendría que usar estos guantes y esta piel desnuda que pesa sobre el azul ligero mientras promete ser fugaz en mi mente. El olor del momento me perseguirá frío de pasillo a pasillo acechando las fosas nasales de mis sentidos y recuerdos, con balas de miedo escondidas debajo de mis costillas. ¿Quién te crees para encerrarme entre dos puertas?

Uno de nosotros

Uno de nosotros ha perdido la cabeza, los brazos, los ojos, sus dedos… estamos perdidos en el cuerpo, brincando de pelo en pelo y evitando las cicatrices, dándole vueltas a la lengua como si fuera el sol y frotando nuestras manos como si pudieran hacer fuego.

Uno de nosotros se desvió, le gustó mucho recorrer el mismo tramo del camino una y otra vez de manera torpe y adicta, algo que no puedo soportar, incluso si el cielo nos cubre de la misma forma, egoístamente suele sofocar nuestros colores de maneras crueles y distintas.

Usamos nuestros cuerpos como armas, sagitarios, con pestañas de flechas y pechos de bombas, aferrados a nuestros muertos, perdidos en laberintos de nuestras cabezas y clavados en las palmas de nuestras manos, manos con las que sostengo tus falacias líquidas, más amargas que jugosas, pegajosas en mis labios disecados.

Relicario

Para Vainilla

Puede que para todos sea evidente, pero tú ya no puedes ver el sol, ni arrullarte en el frío matutino después de jugar a las escondidas de noche.
                                                                   Y eso me preocupa. 
Tuve que quedarme yo, para guardar las albas en mi corazón, y envolverlas para ti en nubes sedosas, protegerlas de la lluvia sin poder acariciar tu cabello, sin hacerme un nido con tus manchas, al ritmo de las tardes, nuestra melodía favorita para no hacer nada. 
Té faltó tiempo, querida mía, aunque lo bueno poco se da, por eso yo sigo aquí, y tú… sonríes en mi relicario.

Melanie Pacheco. Foto por cortesía de Manuel Parra Aguilar

Melanie Pacheco Ramírez. Una capricornio de 22 años del desierto sonorense. Formó parte de la revista “Muridae” y participó en eventos culturales cómo el 4to festival de literatura infantil (2019), el Foro de Estudiantes de Lingüística y Literatura de la Universidad de Sonora, y en distintos eventos de poesía.


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