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Por Carlos Bortoni (@_bortoni)

Ciudad de México, 23 de agosto de 2023 [00:10 GMT-6] (Neotraba)

Me vio a lo lejos, mientras caminaba hacia dónde ella estaba sentada, y me saludó gustosa pero con duda —¿Práx?— No respondí. Ni siquiera la miré. Nunca nadie me había llamado Práx, seguí caminando y volvía a escucharla llamándome —¿Práxedis?— el nombre me golpeó de inmediato, volteé a verla, me detuve y la salude como si yo fuera Práxedis, completamente seducido por la idea de llevar —así fuera por unos minutos— el nombre de aquel de quien Ricardo Flores Magón dijera que fue “sencillamente, un hombre; pero hombre en la verdadera acepción de la palabra; no el hombre-masa atávico, egoísta, calculador, malvado, sino el hombre despojado de toda clase de prejuicios, el hombre de abierta inteligencia que se lanzó a la lucha sin amor a la gloria, sin amor al dinero, sin sentimentalismo.” Me dijo que para ella era más importante nuestra amistad que la deuda que yo tenía con ella, la deuda que Práx tenía. Intenté ayudar un poco a Práxedis, le dije que habían sido tiempos difíciles, pero que en cuanto pudiera le pagaría lo que le debía. Insistió en que el dinero no era importante. Dijo más cosa, no le puse mucha atención, para mí era suficiente jugar con la idea de llamarme Práxedis. Luego nos despedimos, me abrazó con fuerza y me pidió que no desapareciera. Retomé mi camino y me perdí entre la gente. Dejando, poco a poco, a ser el hombre-masa atávico, egoísta, calculador, malvado.


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