Nunca tuve que decirte eso
Nunca tuve que decirte eso es un relato de Ariel Peña Agüero: En mi corta vida he aprendido que a veces las cosas se quedan iguales. El cambio no viene de la fuerza, viene de la aceptación

Nunca tuve que decirte eso es un relato de Ariel Peña Agüero: En mi corta vida he aprendido que a veces las cosas se quedan iguales. El cambio no viene de la fuerza, viene de la aceptación

Por Ariel Peña Agüero
Aguaprieta, Sonora, México, 15 de abril de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 4 minutos
Un segundo, un día, una semana, un mes, un año… ¿Sabes lo que puede cambiar en eso? Nada, ¿verdad? En un segundo, ¿qué puede pasar? Okey, piensa en esto: un equipo está por cruzar la línea de meta, están a 10 segundos de ventaja de otros equipos. Sabiendo esto, el equipo sigue a la segura, pero por azares del destino se tropieza tan cerca de la meta. Pero gracias a ese error caen hasta cuarto, ni siquiera tercero. No ganaron nada, todo por un segundo.
Ahora vamos con el siguiente ejemplo: un chico va en su moto cuando, de un momento a otro, sale disparado. El chico termina herido pero con un hueso roto. El día anterior tenía todos los huesos sanos, pero al día siguiente ya no es así y ahora un hueso está roto.
Con el mes sería casi lo mismo, así que no lo repetiré, jaja. Igual eso no te molesta, ¿verdad? Aun así, en un año puedes planear terminar estudios y por cosas de la vida tienes hijos y cambian los planes. Pero luego hay cosas que nunca cambian; raramente puede pasar un año y nada cambiará. A veces nos cansamos de esa monotonía, pero tiene su belleza; eso se tiene que apreciar o, si no, la vida te hace aprender la lección.
En mi corta vida he aprendido que a veces las cosas se quedan iguales. El cambio no viene de la fuerza, viene de la aceptación. Y cuando aceptas que a veces la monotonía es hermosa, sabes que sí cambió algo pequeño. Porque el ser humano a veces se aferra a una idea provocando dolor y desgracia por miedo, por intriga o solo por maldad. ¿Qué es realmente la razón por la que alguien quisiera cambiar de ese lugar? El que es seguro, el que causa tranquilidad, el respirar y que el aire se sienta calmante, que el frío no se vuelva una fuerza sino un abrazo, que el calor se vuelva esa comodidad en tus manos.
La gente dice tenerle miedo a lo desconocido, pues es un miedo primitivo que estuvo con nosotros desde milenios, desde hace mucho tiempo. Entonces mi pregunta es: ¿por qué la gente suele querer irse de ese lugar tan hermoso que tiene alguien? Es entendible cuando tu día a día solo es dolor y sufrimiento, pero ¿por qué cuando te da risa? Cuando puedes sonreír. Cuando puedes estar a gusto sin sentir el miedo de que algo malo va a pasar.
Pero qué importa eso, ¿no? Qué emocionante es vivir sin monotonía, ¿no? Por eso dije aquella estupidez. Tampoco es el fin del mundo por haber dicho aquellas palabras o, de hecho, sí fue el fin de mi mundo. Dije que me aburría, que siempre era lo mismo, siempre que en un futuro cuando las cosas cambien lo disfrutaré con todo mi ser. Pero la verdad no hay un día que yo no me arrepienta de haber dicho tremenda tontería. No hay día que yo no quisiera volver a darte un abrazo. ¿Sabes qué es lo peor? Que no fue una persona, no fue algo físico, fue una época, por lo que no puedo volver a verte, no puedo volver a sentirte.
La gente piensa que el amor solo existe en lo físico, pero hay personas que saben que puedes amar muchas cosas. Por ejemplo, yo estoy contándote esto a ti, mi amada Luna. Tu luz, tu calor, tu forma de visitarme todas las noches, la forma en la que nunca me has fallado; simplemente no la puedo pasar por alto. Siempre que te miro quiero darte mi amor, por eso lo expreso hablando contigo.
Extraño aquella época donde, aunque me aburrí, fui feliz; aunque me cansé, seguí caminando; aunque lloré, pude reír sin sentir que algo estaba mal. La vida siempre hace que entendamos nuestra lección. La puedes aprender por la buena o la mala. No solo la gente muere, no solo los seres vivos mueren; todo tiene que acabar algún día, algún mes, algún año, alguna década. A veces tarda, y cuando se vuelve monótono y repetitivo tenemos que apreciarlo. Si es algo bueno, pues no sabes si mañana estarás añorando un tiempo pasado, un tiempo que, aunque sí fue bueno, te está cegando de tu presente para que tú hagas el camino hacia el futuro.
Sabes, mi querida Luna, aunque sé que añoro aquella época, hay algo que agradezco y eso es haber aprendido mi lección, aunque siempre llevaré un dolor en mi corazón con el cual tendré que vivir. Pues yo nunca tuve que decir eso.
Comments are closed.

Que bello escrito! Muy hermoso