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Iván Farías y la presentación de su libro "Extraños" en la Casa de la Cultura en Puebla, foto de María José Morales Muñoz
Iván Farías y la presentación de su libro "Extraños" en la Casa de la Cultura en Puebla, foto de María José Morales Muñoz

 

Por Óscar Alarcón Travolta

 

Fue una lástima que la presentación estuviera desierta, pues Iván Farías es una buena voz narrativa a la que hay que seguir. Pero era de esperarse: la difusión fue pésima. El encargado de la difusión de estos eventos debe ponerse a trabajar, en lugar de hacer trabajo ¿burocrático? La moneda aún está en el aire y es una gran oportunidad para hacer algo que antes no se ha hecho.

 

Les dejo el texto que leí en la presentación del libro Extraños*:

 

De la adicción nace el gusto por las letras. Roberto Bolaño en su libro póstumo, El Gaucho Insufrible, dice que de la suma de literatura + enfermedad como resultado siempre obtendremos enfermedad. Ese desorden físico, mental o bien el desorden de la realidad.

Cuando escribimos historias, cuentos o novelas, distorsionamos la realidad para convertirla en una visión alterada, para crear universos diferentes, valiéndonos de las palabras.

¿Quién no ha estado en una fiesta yonki y la ha imaginado como normal, como un acto cotidiano? Érica, uno de los personajes de los cuentos de Extraños, invita a nuestro narrador y a su mujer a una fiesta. El lugar está lleno de personajes clichescos, que de tan familiares que nos resultan nos provocan una carcajada, y aunque en este caso no se trata de Puebla sino de cualquier lugar del país, los personajes son reconocibles: “Pero hablaba de su tío como un gran estadista, como un sujeto digno de toda confianza. Gonzalito ya se veía al mando de una secretaría, con la total impunidad que da ser parte del clan. Por eso se pasaba los altos y miraba desafiante a los policías. A los trabajadores que a esa hora regresaban en bicicleta a sus casas, les gritaba “¡Pinches nacos!”, con aire de triunfo” (Farías: 32).

Con esto muchos podrían pensar que los escritores somos simples juntadores de letras y palabras a las que colocamos a capricho para crear renglones para después crear textos para después crear obras. Me parece que no, ya que no fueron las palabras de Iván las que hicieron Extraños, sino Extraños quienes hicieron a las palabras.

 

 

Iván Farías, foto de María José Morales Muñoz
Iván Farías, foto de María José Morales Muñoz

 

Como dije antes, en estos textos se encuentran temas y personajes que nos resultan familiares: la claridad y el caos en una pareja de gays, la plenitud y la vaciedad en una pintora y un músico, la gravedad y la ligereza de la ciudad de Tlaxcala que puede ser cualquier lugar, la formalidad y el juego en el cuento “Dos borrachos en busca de autor”, la verdad y la mentira entre los personajes del cuento “Correos” en donde una activista mexicana, zurda y enamorada se enamora de un extranjero, en donde el final es una sorpresa de ridículo involuntario.

 

Y al contener temas tan variados, Iván Farías tiene aún mayor crédito ya que ha apostado por el objetivo de crear, de forjar un objeto artístico con el fin de trascender.

Muestra de la nueva narrativa mexicana, el libro nos lleva por caminos que aparentemente ya fueron recorridos por otros, siempre acogidos por la sombra de lo inesperado.

Hay que acercarnos en este instante al libro, ya que a pesar de la trascendencia que ha conseguido Iván Farías, toda obra realizada por el hombre tiene atada al cuello una condena: la de ser tragada por el tiempo.

La semana pasada entrevisté a Iván Farías y me dijo que el título del libro, Extraños, no incluía a las mujeres, aunque éstas tengan un rol preponderante y complejo dentro de la obra, pero que había preferido llamarlo de esta manera para no sonar al Instituto de la Mujer: Extraños y Extrañas. Sin embargo, son sus lectoras quienes mejor han recibido al libro. Los cuentos de Iván,  juegan con el placer y con la aspiración de estar más allá, se instauran en la delgada línea en la que todo puede ser entendido como cualquier cosa.

Iván es un autor que prefiere a Linda Lovelace (la de Garganta Profunda) sobre Rosario Castellanos —y quién no—; le gustan los tacos al pastor con pico de gallo; es un escritor sin complejos ante las grandes editoriales del estado; es un autor que prefiere Machete sobre Once Upon a Time in Mexico; para acabar pronto, Iván Farías es un adicto al clembuterol, un viajero, un cronista, que espera en algún momento llegar a algún lugar sin esperar llegar.

Acepté la gran responsabilidad, a nombre de los Ultracostumbristas de presentar este libro, porque Iván es un autor al que le tienen sin cuidado las distinciones. Este libro es una comprobación de que literatura + enfermedad siempre es igual a enfermedad. Esta presentación pretender ser una llamada de atención a aquellos escritores que un día se sintieron avergonzados de su silencio.

 

 

*Texto leído en la presentación del libro Extraños de Iván Farías, en la Casa de la Cultura de Puebla, el día 21 de junio de 2011.

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