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Portada de Historial del fuego de Ovidio Ríos
Portada de Historial del fuego de Ovidio Ríos

 

“La política en México es un juego de póker en donde las fichas no tienen valor.”

 

 

Por Óscar Alarcón (@metaoscar)

29 de octubre de 2017

 

La edición de 2016 del Premio Estatal de Cuento Ricardo Garibay, realizado en el estado de Hidalgo, tuvo como ganador al libro de cuentos Historial del fuego de Ovidio Ríos, quien además de escritor es director de Fá Editorial, cuyo lema es “Fá Editorial: no somos la clave”. El jurado estuvo integrado por Iliana Olmedo, Brenda Ríos y Luis Carlos Fuentes, quienes declararon ganador al libro de Ovidio debido a “la calidad homogénea de los relatos que componen el libro, además de su tono fresco de desenfado, el apropiado uso de registros narrativos, la búsqueda técnica y temática y la notoria intencionalidad literaria. El constante empleo del humor, esa arma de dos filos, es sumamente efectivo y vuelve la lectura de Historial del fuego una experiencia por demás lúdica”.

 

Óscar Alarcón. Cada vez abundan más los escritores en México que toman al humor como un elemento esencial en su literatura, en el caso de Historial del fuego ocurre algo similar, sin embargo, aún cuesta trabajo que el humor sea considerado como ese vehículo para decir cosas serias, ¿a qué crees que se deba?

Ovidio Ríos. No sé exactamente pero a mí me sucede lo contrario. No siempre, pero casi siempre, mientras alguien me habla en tono serio se me ocurren dos o tres chistes casi al paso y si me hablan con cierto tono de cotorreo casi siempre me dejan una reflexión por días.

Tampoco es que viva en la casa de la risa pero supongo que la gente asocia la idea de verdad con la solemnidad. Hace falta leer más Fo (Darío Fo) como dicen en la tele.

 

ÓA. Es tremendo cuando la ficción supera a la realidad pero es más tremendo cuando la realidad supera a la ficción, este comentario viene a colación porque en tu cuento “La diputada” hay muchas alusiones a la forma de actuar de los políticos, mientras lo leía no podía dejar de pensar en el tuit de la senadora Layda Sansores en donde responde a su propio mensaje diciendo “Muy bien senadora”, ¿percibes como un elemento humorístico la forma en la que se conducen nuestros políticos o crees que están más cerca de la tragicomedia?

OR. De hecho Layda Sansores lo resolvió con humor diciendo: “Mi bici no, pero mi Twitter lo manejo yo. Tuve un problema. Disculpen, creí merecer una felicitación. Si yo no me aplaudo, ¿quién? J”. ¿En serio alguien le maneja su bici? ¡Claro que no! La política en México es un juego de póker en donde las fichas no tienen valor.

 

¿Qué importancia tiene ser Presidente en un país de narcos o de gente que se comporta como narco? No veo con ninguna gracia el actuar de la clase política pero la tragicomedia está en la gente de a pie (aunque traiga auto). Ir a trabajar a una oficina en la que nadie te quiere, sólo para ganar dinero, es lo más trágico.

 

ÓA. Algunos de los cuentos que integran Historial del fuego están cercanos a la minificción, hay escritores que denuestan esta forma de escritura por su cercanía al chiste, hay otros que lo defienden, ¿qué piensas del género y por qué decidiste incluir minificciones en tu libro de cuentos?

OR. Borges hablaba en contra de las novelas por su extensión, decía que eran una infamia o algo así, el cuento tiene la fuerza de una situación pero también de la brevedad, la minificción tiene facha de postre o de digestivo pero puede ser el banquete entero. Augusto Monterroso fue el que más me acercó a los clásicos y Alberto Chimal al desborde de la imaginación.

Incluí minificciones en Historial del fuego con la idea de generar un ritmo en la lectura. Si el lector se propone leer un cuento al día, como yo lo hago, encontrará que a veces las historias están al mirar el paso de las nubes, en la imaginación. (Mis biógrafos dirán que cuando imprimí los cuentos para enviarlos al premio me dije: “Entre más cuartillas sean…”).

 

ÓA. Siguiendo la temática de la pregunta anterior pero cayendo en el cuento, varios de tus cuentos, “Marcapasos”, “La verdad”, “La carroña”, tienen esa fórmula efectiva que nos explota en la cara con sus finales, a veces es un poco difícil encontrarse que las grandes editoriales publiquen cuentos, ¿cómo percibes el estado de salud del cuento mexicano actualmente?

OR. Lo de los finales con sorpresa es porque cuando los escribí, el primer cuento del libro lo escribí en 2004, no había leído a Raymond Carver. Luego leí a Carver y me dije: “Vaya que escribo como en la prehistoria”. Luego los leí y me dije: “La prehistoria igual fue importante”.

 

Pero el cuento mexicano, en general, tiene grandes autores, tal vez muchos de ellos no cuenten con gran reconocimiento, pero si leemos a Verónica Murguía, Alberto Chimal, Fernando de León, Carlos Martín Briceño, Edgar Omar Avilés, Joel Flores, Gabriel Rodríguez Liceaga, Úrsula Fuentesberain, Ivonne Reyes Chiquete podemos encontrar verdaderas propuestas literarias.

 

Sobre la relación entre las grandes editoriales y los cuentistas supongo que es parte de una gran conspiración humana en contra de la liberación extraterrestre. Le apuestan a crear “autores de renombre” a cambio de no hablar de sus ideas. No es siempre y no en todos los casos pero la literatura actual, o reciente, está en bodegas, pequeñas librerías y en algunos sitios de venta por internet. Rescato a Ediciones Era y Almadía como grandes editoriales que no le temen a las ideas, a la imaginación. Me gusta que haya más premios nacionales, estatales, municipales, florales y de lo que nos inventemos, que escritores.

Ganar un premio es cosa de paciencia. Siempre hay uno. Me gusta esa gran oportunidad de que tres autores te lean y digan “este es el menos peor” cosa que las editoriales nunca se plantean. Están seguros de que sus productos son los únicos, los que valen.

 

ÓA. Casi todas las historias que integran Historial del fuego tienen que ver con personajes que fracasan en lo que están intentado realizar o personajes que son burlados por las circunstancias, ¿te llaman la atención las historias de los personajes derrotados?

OR. No veo la derrota como un estado permanente pero sí como algo cotidiano, que no es lo mismo. Me llama el miedo a la derrota. Sabemos que podemos equivocarnos y que la vida no es perfecta pero aun así la gente le teme al ridículo. Posiblemente por eso se callan o se enferman.

 

Me da tristeza la gente que se cree exitosa (o que me creen exitoso) y que necesitan del triunfo para tener un motivo. Qué bonito sería que la gente reconociera cuando prefieren no hacer lo que se les pide, como Bartleby, el escribiente.

 

ÓA. Siento que el cuento “El origen del fuego” corre por dos vías: la historia de los dos compañeros de escuela que se cuenta en el texto, y una alusión enorme a los escritores de las generaciones de los ’60 y ’70, nos encontraremos con las grandes referencias a los movimientos estudiantiles, a la música, el ambiente en general se percibe como el de la literatura mexicana de aquellas décadas, aunque atraviesas la temporalidad con la referencia al EZLN, ¿encuentras en algunos escritores anteriores a ti esas grandes referencias, que podrían ser el origen el origen del fuego personal, que nutren tu cuento?, ¿cuáles son

OR. Casi toda la literatura que toca temas de la revolución y todo eso no me ha gustado. Aunque guardo con gran cariño la lectura de El cumpleaños de Juan Ángel, de Mario Benedetti, o Al cielo por asalto, de Agustín Ramos, podría mencionar pocas obras que consiguen lo literario en la experiencia política.

“El origen del fuego” lo escribí por una experiencia personal. Solo el final es ficticio. Supongo que tiene esa carga de las generaciones previas porque en la prepa logramos, gracias a los maestros Eduardo Espinosa y Arquímides Rosas, un ambiente de lectura que cuando me hablan de los cafés parisinos y sus círculos de estudio callejeros me recuerda esa época de adolescencia en la que leíamos por compartir.

 

 

Ovidio Ríos imagen tomada de su facebook sin su autorización
Ovidio Ríos imagen tomada de su facebook sin su autorización

 

 

ÓA. Hablando de tu trabajo como editor en Fá Editorial, ¿qué es más difícil encontrar en México, buenos escritores o buenos editores?

OR. Creo que hay más buenos escritores que editores. Por buenos me refiero a autores con obra y con propuesta literaria. Con esa necesidad de buscar un diálogo con el lector y con sí mismos. Los buenos editores, aunque hay grandes editores, son muy pocos.

 

Creo que un editor debería estar preocupado por generar un catálogo pero también por las regalías que cobran los autores. La industria editorial también es un juego de póker donde las fichas no valen. Cobrar regalías en México es un chiste, un mal chiste. (El trabajo en general es un mal chiste).

 

ÓA. ¿Cuáles consideras que son las vías alternas de publicación, venta, distribución que debe de seguir una editorial independiente ante las grandes editoriales transnacionales?

OR. Me encanta internet. Vender por internet es muy práctico pero no creo en la autopublicación. Me gusta el proceso editorial. Contar con un dictamen de obra, una planeación completa, cuestionar al autor en corto.

 

Creo que el proceso de edición es similar a una puesta en escena: el dramaturgo tiene que apostar por un director y unos actores que hagan crecer la obra.

 

Las grandes editoriales o los grandes grupos económicos se ahorran el proceso editorial, si no todo el proceso, sí lo que más puedan evitar, como la corrección de estilo. Hay editoriales independientes, o sin recursos, que también caen en estos errores pero ¿qué sentido tiene publicar libros que no tuvieron el tiempo necesario? Lo que yo hago es buscar escuelas que me abran sus puertas para hablar con los estudiantes, que conozcan al autor, que no lo endiosen.

 

ÓA. Ya que Fá Editorial no es la clave, ¿cuál es su línea editorial?

OR. Buscamos obra que nos haga leer fuera del libro. Ese momento en el que la lectura te obliga a llevarte la obra lejos del libro. No somos la clave porque nadie lo es.

 

ÓA. Una última pregunta que le hago a todas las personas que entrevisto, ¿qué es el amor?

OR. Soy ateo, pero podría contar dos o tres historias en las que Dios se me puso de frente para mostrarme mi ingenuidad. Algo parecido me pasa con el amor, no creo en él, muchos crímenes se han cometido en nombre del amor, pero tengo una gran familia y grandes amigos que me llaman seguido y me preguntan ¿cómo estás? Y también me demuestran que soy ingenuo y que me equivoco casi a diario.

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