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Texto y fotos de Guillermo Rubio

Ciudad de México, 4 de agosto de 2020 [00:01 GMT-5] (Neotraba)

A raíz de un conato de incendio en mi edificio hace unos meses atrás, arribaron una familia de ratoncitos que empezaron poco a poco a hacerme la vida pesada. La lucha empezó con láminas de pegamento y en apariencia yo gané. Pero a los días llegaban los relevos. Cambié por veneno y se fueron gramos y gramos y nada. Estaba perdiendo con los gandallitas nocturnos, siempre había uno o dos haciéndose presente.

El clímax ocurrió cuando al apagar la luz y televisión –a los dos o tres minutos– me daban muestra de su poder cuando un culero corría por la recámara enterrando las uñas en la duela… La guerra de baja intensidad cambió a lema de barrio: “Dónde te vea te rompo la madre.”

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

Pasaron los días y me convertí en cazador de ratones a nivel bárbaro. Si me hubieran visto los defensores de los derechos de los animales me hubieran boletinado por mi sistema operativo.

Los enemigos perecían, pero al tiempo me declaré derrotado. Me dormía pensando que se reían de mí.

¡Quiero un gatoooo!

¡¡¡¡Un paro!!!!

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

En el mes de marzo filmaron en mi departamento una serie de, ¿de? ¡Sepa!… Algo sobre narcos. Le dije a mi nueva amiga, Denisse Calixto, de locaciones que andaba buscando un gato y prometió conseguirme un felino. Al mes apareció Leo, el gerente de locaciones, su hermana y marido con una gatita de seis meses o siete cuando mucho. Con el nombre de Miska y con raza denominada: europeo doméstico según su cartilla de salud.

Cuando salió la gatita de la transportadora miró desafiante el lugar y caminó con parsimonia con la cola hasta donde podía de alto y empezó a explorar. Ver a un gato caminar es deleite. Ella es de patas cortas y escuálida. El pelaje denotaba que alguien de su ascendencia era de clase. La atrapé y de inmediato las patas traseras sacaron las zarpas, buscó en donde hacer daño y soportó las caricias bajo una mirada turbia de ojos azules con iris negros. Su peso no llegaba al kilo y medio. Soportó unos segundos el cautiverio de mis brazos y demandó libertad inmediata apoyada en las uñas. Escuché la historia de cómo llegó sola a casa de la hermana de Leo. Resaltando la cantidad de pulgas que traía encima.

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

Me llamó la atención la mirada turbia y las garritas de fuera en cuanto la tocaba. Estaba preparada para defenderse.

En esos días estaba escribiendo el bosquejo de una historia sobre la pandemia para mi Blog y mi protagonista es una jovencita de nombre de Greta Gladys. Yo no escribo textos de amor y esperanza.

El personaje de Greta es una mujercita calculadora y ventajosa. Con el sello de chilanga, que fragua un plan para asesinar… mediante el Covid-19. Ya maquillada la historia va a quedar chida.

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

Desde que Greta llegó tuvo la cola levantada. De inmediato se dio cuenta que estaba en su nueva casa. Mientras conversábamos, la niña dio a notar que era de barrio bravo al empezar a reclamar territorio. Me dijeron que era muy cariñosa y el bote de basura fue su primer objetivo. Después, la barra de la cocina. Husmeando con la desfachatez del gato vagabundo. Me di cuenta de que había llegado a casa una caprichosa aventurera dispuesta a emprender el vuelo a la menor provocación. A pesar de tener siete meses.

Los días pasaron y Greta Gladys se adueñó de todos los rincones de la casa. Localizó la entrada y escondites de los roedores y no me equivoqué: era una autentica cazadora en su territorio, se obsesionó por atrapar un hijo de puta. Y si lo hizo, no fui testigo.

Pasó más de una semana velando en la vieja puerta de la cocina principal, hizo constantes patrullajes en cada centímetro del predio. Cuando juzgó que el perímetro estaba asegurado, cambió su residencia a mi cama, asiento, sillón, escritorio, clóset, impresora, piso y lo principal: la marquesina de la ventana. En este lugar pasa horas y horas. Creo que esto le ayuda a soportar el encierro. Inclusive se aposta con las ventanas cerradas.

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

En cuanto a lo cariñosa, empalaga. Es de grado melosa y meliflua. Hasta que decide que ya es bastante y se despide con una mordida y un intento de arañazo. En el día, sus dosis de cariño son mientras está despierta y es a fuerzas. Pueden ser unas diez o más veces Satisfecha vuelve a desaparecer. O se va a su puesto preferido que es la marquesina. Ahí puede pasar las horas durmiendo, poniendo atención al movimiento de la gente y el paso de los animales.

Como buen felino le gusta lamerme donde me deje, lo malo es que, si agarra un área, se convierte en doloroso y con el remate de una mordida. Greta está en el punto que ya sabe de la presión que debe hacer con sus colmillos y de diez mordidas que me da en el día, me duelen un par y las garras a medio nivel.

El carácter se ha vuelto más reposado, afortunadamente sus horas de gimnasia son durante el día. Bien puede pasar media hora corriendo. El saldo de daños hasta ahora son una lámpara de la sala, la sangüichera y un trofeo de mi recámara. Lo raro es que me sigue por toda la casa y como si fuera perro, cuando salgo a la calle, maúlla por buen rato y me espera en el sillón de la entrada.

Greta Gladys Rubio
Greta Gladys Rubio

Como balance en general: estoy contento con esta gatita que no le importa nada, salvo su bienestar.

En fin: no hay ratones en casa y tengo una temperamental hija que es posible que sea escritora.


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