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Por Zaira Eliette Espinosa

Nuevo León, 14 de julio de 2023 [00:05 GMT-6] (Neotraba)

Además de incluir como epígrafe a Borges, el escritor peruano Fernando Iwasaki también cita a Edgar Allan Poe y a H.P. Lovecraft, como parte de un tenebroso preludio a las historias en su libro Ajuar funerario (Páginas de Espuma).

Habla el autor de las ritualistas funerarias peruanas que, en el afán de preparar a los muertos pomposamente en su velatorio, los cubren de pedrerías, medallas, bisutería, etc. y hace esa referencia para decirnos que los cuentos de su libro son algo parecido, brillores en la oscuridad de lo imaginario.

La serie de cien minicuentos se inicia con “Día de difuntos”, la historia del encuentro de una madre y su hijo nos preparan para un sueño eterno en el cual nadie despierta por voluntad, como sucede luego con “La habitación maldita” o “Que nadie despierte”.

Iwasaki entra en el trance de la ensoñación que se confunde entre la vida y la muerte, estar vivos o muertos. Dos universos paralelos muy cercanos donde hay cuerpos que laten y espíritus que creen latir. Cada historia nos presenta un escenario que reconoceríamos y adoptaríamos en nuestra imaginación con todo y sus sensaciones.

Las voces que narran son de todo tipo: De testigos, de testimonio, de mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos, de vivos, muertos. Son una cadena de sucesos relacionados con cien maneras de narrar la muerte y el horror que la circunda.

En el cuento “El milagro maldito”, por ejemplo, el protagonista recibe la bendición de la vida, pero en tétricas circunstancias. En “La película”, se narra una escena acompañada del miedo que anuncia un final. En “Los yernos”, un padre contempla su biblioteca y relata el placer de atesorar sus libros al mismo tiempo que trama la manera de protegerlos más que a sus propias hijas.

El autor, en ese hilo de acontecimientos fúnebres, usa un lenguaje cercano a la ironía para plasmar el absurdo, a veces, de la tragedia y la realidad.

La maravilla de este libro es su naturaleza, el de la minificción, porque, además, abre todas las ventanas posibles en las historias para que entre esa corriente de aire que nos permita también imaginar todos los finales aleatorios, así sea que se trate de la muerte.

La brevedad nos suma imaginación, nos promueve otros matices del terror. Ajuar funerario es un libro de partida para quienes deseen explorar la magia de la lectura del cuento breve, del cual Iwasaki es uno de los escritores latinoamericanos más reconocidos en el género.


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