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Ciudad de México, 30 de enero de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 3 minutos

¡Pinche Germán!, me cae bien, pero también lo odio, no sé cómo lo logra, me parece el personaje más carismático y a la vez más detestable, tal vez porque se atreve a decir y a hacer cosas que yo no podría.

Germán no trabaja, pero puede rentar un cuarto en el Centro, en la calle San Jerónimo, es increíble cómo lo logra, le cobran una bicoca y lo peor, lo subrenta como Airbnb a extranjeros, cuando eso sucede pide asilo momentáneo con algún conocido, lo cual incluye la cena y un regaderazo, si lo van a apoyar, que sea el favor completo.

Germán es un excelente conversador y ameniza cualquier lugar, una cantina, una lonchería, una presentación de libros, incluso lo he visto entretener a viejitos en las interminables filas del Banco del Bienestar.

Germán vive de pedir libros prestados y luego venderlos, como es muy simpático lo invitan a varios hogares, hace comentarios sobre la buena selección de títulos de la biblioteca y sobre que cierto libro no lo ha leído y los anfitriones caen en la trampa, le prestan el libro, el cual jamás volverán a ver. Muchos de ellos lo saben y aun así se lo prestan. Pero reconozco que primero los lee antes de venderlos, no maneja un tema específico, lo he visto con títulos de genética, antropología, música, box y poesía en las manos. Nunca lo verán sin un libro en sus travesías por el transporte público de la Ciudad de México.

Los libros los vende en cafeterías, centros universitarios, plazas públicas, museos, galerías y en cualquier lugar donde le llegue la necesidad.

Germán es un verdadero bohemio, nunca tiene una pareja estable; no usa ropa ostentosa, fuma y bebe sólo cuando lo invitan, vaga por barrios peligrosos y zonas gentrificadas con total libertad.

Germán es paraguayo y su acento no se identifica claramente, cuando lo confunden con ser chileno les habla de 31 minutos, del siete-cero, del cóndor, de Gabriela Mistral, de Nicanor Parra y de Neruda, pinche Neruda.

Si le dicen que es argentino se ofende, pero entretiene con anécdotas borgianas, frases de Cortázar, de la rivalidad Boca-River y sobre la sacralidad del mate.

Cuando le dicen que es uruguayo, nacionaliza a Gardel, reza la trágica vida de Quiroga y la gloria de haber tenido a José Mujica de presidente.

Germán tiene tema de plática para todo, puede entablar acaloradas discusiones con niños sobre Roblox y Minecraft; con ancianos sobre los boleros que interpretan Los Panchos, Los Tres ases o Luis Miguel; con las marchantas del mercado sobre si el pollo debe lavarse antes de cocinar o sobre si el chile en nogada va capeado o no.

Lo conocí cuando tenía mi puesto de libros en Balderas y siempre lograba que le prestara uno, la regla es nunca fiar, pero siempre me convencía, me envolvía con su labia y le soltaba tomos de Levi Strauss, Gombrich, Noam Chomski, Francisco Tario o Sebastião Salgado, por mencionar algunos de los que me acuerdo.

Germán sabe varios idiomas, en ocasiones hace traducciones de poetas malditos, recita versos en algunas cafeterías de la Roma y la Condesa, obtiene unas monedas, uno que otro café y en ocasiones invitaciones a pesar una noche sin frío.

¡Qué mal me cae Germán!


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