La enfermera Leticia
La enfermera Leticia es una crónica de Sergio Núñez, quien nos cuenta la forma en la que, trágicamente, los libros de una trabajadora de la salud le llegaron

La enfermera Leticia es una crónica de Sergio Núñez, quien nos cuenta la forma en la que, trágicamente, los libros de una trabajadora de la salud le llegaron

Por Sergio Núñez
Ciudad de México, 1 de mayo de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 3 minutos
Tenemos los libros de Leticia, recientemente los adquirimos. Leticia nació en un pequeño pueblo veracruzano cercano a la costa, su infancia la vivió en condiciones económicas difíciles. A Leticia le atrajo el estudio desde muy pequeña, el momento en el que en su sexto cumpleaños le regalaron una muñeca vestida de enfermera se le creó la idea de convertirse en una profesional, un gran regalo.
La joven Leticia decidió estudiar en la Ciudad de México, convencida de que podía lograrlo. Leticia sólo tenía el apoyo de su madre, su padre las abandonó desde que ella era una bebé, su mamá las mantenía siendo trabajadora del hogar, planchando y lavando ajeno.
Leticia quería una mejor vida para ambas, decidió trasladarse a la capital, ahí la apoyaron unos familiares proporcionándole un espacio en su pequeño departamento de treinta y tres metros cuadrados en la Candelaria de los Patos, tan pequeño el espacio que sólo podía usar un catre que doblaba diariamente y un anaquel metálico para su ropa, utensilios básicos y sus libros. Leticia pagaba una renta simbólica a sus familiares, con su trabajo en una pizzería lograba pagar la escuela, la comida, los instrumentos médicos y los libros, tal vez lo más valioso que tenía.
Leticia vivía sin ninguna intimidad, sobre el catre cenaba sola, continuamente llegaba tarde del trabajo y la familia que la acogía miraba la televisión a altas horas de la noche, el mismo tiempo que ella tenía para estudiar, así era difícil concentrarse.
Leticia dormía mal, comía peor, pero no deseaba dejar su misión atrás y menos olvidar la promesa que le hizo a su madre, ser enfermera.
Leticia era disciplinada, pulcra y muy ordenada, el anaquel metálico donde tenía sus pertenencias lo conservaba impecable y atiborrado de libros de anatomía, curaciones, vendajes, urgencias y una que otra novela. Leticia leía mucho, tal vez su único vicio. Los libros los tenía acomodados como piezas de Lego, cada entrepaño lleno sin ningún hueco libre.
Leticia tenía claro lo que quería, terminar su carrera, hallar un buen trabajo, en la ciudad siempre hacen falta enfermeras; rentar un departamento para ella sola y después traer a su mamá y proporcionarle las comodidades que anhelaban.
Leticia amaba sus libros, eran su herramienta de trabajo, su apoyo en cualquier tarea, le reconfortaba tenerlos tan cerca de ella.
Leticia terminó la carrera, tanto sacrificio y por fin lo logró, estaba feliz, le marcó a su mamá dándole la noticia, fue un momento para recordar, tal vez el más memorable de su vida.
Leticia halló trabajo rápidamente, pronto saldría de ese departamento y buscaría el propio, se sentía incómoda, aguantó muchos reclamos y malos gestos de sus familiares, pero agradecía tener un lugar donde sentirse segura.
Una noche, a los dos meses de ejercer su profesión Leticia no regresó, a sus familiares les pareció extraño, pero no dijeron nada, otra noche y Leticia no volvió. Al día siguiente comenzaron la búsqueda y la hallaron, Leticia falleció de un golpe en la cabeza después de haber sido violada, no traía ninguna pertenencia según el expediente que llenaron los policías al hallarla inerte sobre una jardinera, oculta entre bolsas y cartones. Avisaron a la madre. Con el corazón hecho trizas resolvió los trámites necesarios para con ayuda de sus vecinos llevarse el cuerpo de Leticia y enterrarla en su pueblo natal.
Su madre no reclamó casi ninguna de sus pertenencias a los familiares, únicamente su uniforme y su cofia favorita para trabajar.
Pronto el catre y el anaquel comenzaron a estorbar en el diminuto departamento, pero los familiares debían sacar algún provecho después de haber aguantado y apoyado tanto a Leticia. Decidieron vender primero sus libros.
Es así como obtuvimos la biblioteca de la enfermera Leticia, que vino a la ciudad a cumplir su sueño.
