Gethsemane 2025
La obra clásica Jesus Christ Superstar fue interpretada por la cantante y actriz Cynthia Erivo. Judith Castañeda escribe sobre el momento cumbre de interpretación de Gethsemane

La obra clásica Jesus Christ Superstar fue interpretada por la cantante y actriz Cynthia Erivo. Judith Castañeda escribe sobre el momento cumbre de interpretación de Gethsemane

Judith Castañeda Suarí
Puebla, México, 10 de noviembre de 2025 (Neotraba)
Viernes uno de agosto. Recuerdo despertar antes de que sonara mi alarma; entre las manos, todavía, la expectativa que se encendiera tras un anuncio lanzado en febrero, a través de redes sociales. Se llevarían a cabo tres funciones de la ópera rock Jesus Christ Superstar en el Hollywood Bowl, escenario al aire libre en California, con Cynthia Erivo en el papel de Jesús. El resto del elenco se anunciaría después.
Aquel viernes busqué en el teléfono, pensando en una curiosidad muy pronto satisfecha, cuando videos cortos mostraron la interpretación de I only want to say a cargo de la cantante nacida en Londres, en 1987.
Mientras escuchaba esas notas, fue inevitable tener presente a Ted Neeley, en la película de 1973, para mí el mejor intérprete de Jesús, y también a Ian Gillan, el Jesús del disco original, de 1970, o en representaciones más recientes, a Steve Balsamo, John Legend y Ben Forster, este último seleccionado a través del concurso Superstar para cantar en la Arena Tour 2012. Todos hombres, nunca una mujer, no al menos en una actuación completa, pues hay que recordar She is risen, disco de elenco femenino en su totalidad, el cual recopiló en el 2020 diez de los temas de la obra; en él, la cantante Morgan James asumió el papel de Jesús mientras Cynthia interpretó Everything’s alright y I don’t know how to love him como María Magdalena.
(Aquí, es interesante subrayar un cambio en la letra de I only want to say, cambio que antes oí con John Legend en 2018: God thy will be done, destroy your only son –Dios, hágase tu voluntad, destruye a tu único hijo. La modificación fue hecha por el propio Tim Rice, quien la pulió después de 2012, cuando Ben Forster cantó God thy will be done, take thy only son –Dios, hágase tu voluntad, toma a tu único hijo. Más allá de las correcciones que pueden hacérsele a un texto a lo largo del tiempo, según el portal jcsimpressions.altervista.org/15-gethsemane/ lo anterior obedeció a la dicción o a la pronunciación de los cantantes: si no es la adecuada, esta línea se escucha como una alusión al miembro masculino).
De igual forma pensé, como todavía lo hago, en el revuelo tan grande que se alzó tras el anuncio de esas nuevas funciones de la obra: al carácter de burla y de blasfemia que le atribuyen sus detractores, se sumaba el hecho de que el papel de Jesús no lo cantaría un hombre similar a la figura que bendice a sus creyentes desde los altares y las obras pictóricas.

Repetí los minutos que algún asistente compartió en redes sociales, ese ruego de quien debe plegarse a lo absoluto de una voluntad, aun estando en desacuerdo. Tantas veces lo he oído y por lo regular pasa lo mismo: las notas se empiezan a enredar en la garganta, se anudan en la respiración; la voz del cantante, primero calma, sube hasta ese grito que todos los fans esperamos desde las notas iniciales de la obertura. Antes de esa mañana no sabía cómo iba a acometer semejante reto Cynthia, a quien considero una de las mejores cantantes en la actualidad; sin embargo, estaba segura de que haría un gran trabajo, por lo cual nunca se me ocurrió cuestionar la decisión de los realizadores.
Una mujer en el papel de un hombre. Una mujer de ascendencia nigeriana vistiendo la piel de ese hombre castaño y pálido, con el sol resplandeciendo detrás de su cabeza. No lo consideré dentro del terreno de lo religioso: aunque Jesus Christ Superstar abreve del Nuevo Testamento, tanto Jesús como Judas, Magdalena y los demás, son personajes dentro de una ficción musical.
Por otro lado, en tiempos recientes ocurrió algo parecido: guardando las distancias, en la ópera Le nozze di Figaro, escenificada en 2019 en la Royal Ballet and Opera, el papel de Cherubino, que Mozart compusiera pensando en la voz aguda de una mujer, al tratarse de un personaje de diecisiete años, recayó en el contratenor coreano-estadounidense Kangmin Justin Kim. Supongo que no muchos tomaron en cuenta lo anterior, pues un gran fragmento de las opiniones, esas que se arrojan desde el otro lado de una pantalla, con dedos hirientes, se concentraron en una apariencia física y en una burla hacia los cielos. En una blasfemia que se castigará con fuego llovido del cielo.
Reproduje el ruego en el jardín de Gethsemane después, otras tantas veces, y sentí cómo la voz de Cynthia Erivo lograba llevarme hasta donde me ha llevado la de Ted, en la película: hasta el llanto que corona el aria Un bel di vedremo de Madama Butterfly, o el Addio del passato, en La traviata, hasta ese compartir el sufrimiento de un personaje, ese que se expresa a través de un discurso musical. Además, con sus expresiones y movimiento a lo largo y ancho del escenario, Cynthia logró urdir un Jesús angustiado por las horas venideras, que reclama a ese ser superior, su padre, un destino y una tarea que debe concluir no habiéndola comenzado. En otras palabras, una actuación convincente y honesta. Poderosa.
Por eso no me asombra que el público de las tres funciones haya respondido con un largo aplauso de pie a una intérprete emocionada hasta las lágrimas, en el suelo, donde la dejó la rendición de Jesús al final. Viéndola cada tanto, pienso en la soprano española Sabina Puértolas, en la actuación histórica que dio al reemplazar a Nadine Sierra en el papel protagónico de La traviata a finales de ese mismo agosto: el Teatro Real de Madrid también la vio llorando emocionada, en el suelo, recibiendo una larga ovación luego de su Addio del passato, en el tercer acto. Y es que el Jesús de Cynthia Erivo de igual manera fue histórico.
Una vez próximo el estreno, el Hollywood Bowl fue anunciando al resto del elenco, nombres desconocidos para mí hasta ese momento: Adam Lambert como Judas, Phillipa Soo en el papel de María Magdalena, Josh Gad (Herodes), Raúl Esparza y John Stamos (Poncio Pilatos), Milo Manheim como Pedro, Simón cantado por Tyrone Huntley, y Zachary James y Brian Justin Crum en los papeles de Caifás y Annas, respectivamente. Y en videos que de igual forma compartieron diversos usuarios a través de la red, pues hasta ahora no hay uno oficial, puede percibirse la calidad de cada uno de estos intérpretes.
Me sorprendió Adam Lambert, su actuación y canto; el suyo fue un Judas comparable al de Carl Anderson, en la película, ese hombre quizá no del todo traidor, al ser utilizado, como se da cuenta antes de suicidarse: “He sido usado, y lo supiste todo el tiempo, Dios, nunca sabré por qué me elegiste para tu crimen, tu sangriento crimen”, nos dice el libreto. Adam, de hecho, el protagonista, pues a través de los ojos de Judas es que se nos entrega la obra, sumó a la actuación de Cynthia un asombroso talento vocal, el cual lo ha llevado a cantar con el grupo británico Queen.
Sobresalientes también fueron María Magdalena en la voz de Phillipa Soo y Raúl Esparza como Poncio Pilatos: él relató un sueño de una forma etérea, grave, que me recordó a la de 1973, con un Pilatos rodeado de desierto. Por su parte, Phillipa ofreció una interpretación dulce, conciliadora entre Jesús y Judas, resaltando su I don’t know how to love him.
Entre discusiones, traiciones, arrestos y confesiones amorosas sin esperanza, la canción del rey Herodes, a ritmo de charleston, sigue constituyendo un remanso antes del bien conocido desenlace. Los cortos videos nos entregan brillos, plumas, tonos dorados, para el lucimiento de Josh Gad y John Stamos, quienes se alternaron en el rol entre bailes y momentos graciosos, todo en un escenario ocupado por algunos de los músicos –el resto oculto entre paneles–, escalinatas, plataformas y varios cofres con ruedas que el propio elenco movía y retiraba para los fines de la representación, más concierto que puesta, donde fue curioso el hecho que los micrófonos se sostuvieran con la mano –como se hizo en las puestas teatrales a inicios de los setenta, según registran varias fotografías–, y la presencia de un pedestal que más de uno de los intérpretes usó para cantar.
Y si bien no es posible que un video compartido desde un punto en el patio de butacas nos dé con fidelidad lo que se escuchó durante esas tres noches, dicho video es capaz de transmitirnos no sólo una apreciación de las actuaciones, sino la reacción del público, por ejemplo algún sollozo, la prolongada ovación para Cynthia Erivo, los gritos emocionados cuando salió a escena ella, antecedida por un amplio haz luminoso, o frente a la aparición de Adam Lambert, todo registrado también por las pantallas gigantes a un lado y otro del escenario.
Lo que de igual forma puede llegar hasta nosotros, espectadores a la distancia, son las palabras de apoyo con las que integrantes del elenco de la película cobijaron a Cynthia, a Adam y Phillipa: para quienes hemos disfrutado más de una vez las voces y las coreografías de hace más de medio siglo, los espacios desérticos, la originalidad de combinar una historia tan antigua con trajes y utilería modernos, es satisfactorio ver cómo pasa la estafeta a un grupo de talentosos cantantes jóvenes, quienes han de prolongar la existencia de esa música escrita por dos veinteañeros hace tanto.
“La evolución de esta gran ópera rock”, “Muy pocos artistas en esta Tierra conocen la sensación de interpretar ESE papel y cantar Gethsemane (I only want to say) frente a miles de personas. Cynthia Erivo ¡ahora conoce ese sentimiento! Y… es una experiencia que cambia la vida…”, compartió en sus redes Ted Neeley, junto a la imagen de un abrazo que trasciende la pantalla.
Por su parte, Cynthia escribió poco tiempo después en el sitio brandonkylegoodman.substack.com: “Como persona que cree en Dios, y cree que Dios es amor, y está en todos nosotros, el honor y la responsabilidad de ser parte de la narración de esta historia me dejó anonadada”. Dijo, también, no ser sorda al estruendo que causaría antes y después su actuación como Jesús, dijo que esta oportunidad le llevaba alegría, que su fe se había profundizado. Y creo que hacernos llegar dichos sentimientos, a través de la distancia, puede terminar por colmar un cuerpo de imágenes, para muchos, construido sólo con bites y sonidos, sin embargo, poseedor de un alma, de un corazón.
