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Desde el autoexilio de Ankh-Morpork, 24 de junio de 2025 (Neotraba)

La fotografía de Evaristo Páramos fue tomada de la Fan Page de Arena CDMX

El pasado 21 y 22 de junio, Evaristo Páramos cerró su gira latinoamericana con dos conciertos en México, el primero en el ex-DF y el segundo en Guadalajara. Para quienes no sepan quién es Evaristo, es uno de los mayores referentes del punk hispano y ha sido miembro de bandas como The Kagas, The Meas, Gatillazo y por supuesto, La Polla Records, una de las bandas mas importantes del punk y que en las décadas de los ochenta y noventa, sonorizo muchas resistencias o luchas desde la escena punk.

La noticia se polarizó como suele ocurrir en estos tiempos donde el capitalismo de plataforma esta diseñado para decirnos qué pensar y hacer. Hubo aquellos que se emocionaron con la oportunidad de escuchar a Evaristo cantar los grandes éxitos de La Polla y recordar tiempos mejores, cuando aún la vida adulta no les había comido la rebeldía y las ganas de ser distintos, muchos recordaban los míticos conciertos de esta banda vasca en el ’91, conciertos que son parte de las leyendas urbanas del punk nacional, incluso se olvidó de que Evaristo ya había estado en México con su banda Gatillazo. Tal vez porque esta banda apareció en un tiempo cuando el punk iba de salida o sencillamente no alcanzo el éxito –y el aplauso– de su primera banda.

Por otro lado, hubo una cantidad considerable de fans de La Polla que al darse cuenta de que estos conciertos eran organizados por Zignia, una empresa de Grupo Salinas y que además serían en recintos del mismo grupo, pues se sintieron ofendidos y comenzaron una crítica a Evaristo y por enésima vez desde los setenta a la fecha a proclamar la muerte del punk y esta vez el triunfo del capitalismo. Aquí trataré de no centrarme mucho en este tema; entiendo el sentimiento que puede dejar la decisión de Evaristo de llevar a cabo sus conciertos en esos espacios y con esas empresas cercanas a la derecha más rancia y peligrosa, sin embargo para mi en el punk hay distintas escenas, algunas con más propuesta política, otras simplemente de protesta, como el caso de las bandas de Evaristo y muchas otras más enfocadas en la música, criticarlo por el lugar donde tocó, sin reconocer –por ejemplo– que el llamado padre del punk Iggy Pop tiene una fortuna de mas de 600 millones de dólares, es una incongruencia, pero así es esto; somo selectivos en la crítica.

Nunca me pasó por la cabeza ir a esos conciertos, el precio influyó, pero también lo hizo que no soy tan apegado a la nostalgia, no necesito escuchar esas canciones en vivo, canciones que activaron mi imaginación y mi activismo adolescente, no necesito escucharlas ahora, especialmente porque lo que me dejó mi paso por el punk lo sigo poniendo en práctica todos los días.

Ver a un viejo vivir de sus glorias pasadas, no es mi forma de pasar una velada. En lo personal hubiera preferido ir a ver a la Tropa do Carallo, su actual banda que sacó un disco muy interesante, apegado a la época y los años de sus integrantes. Tal vez ninguna de sus canciones vaya a convertirse en himno, pero desde mi pobre anarquismo puedo decir que no quiero himnos, quiero canciones que escuchar con los amigos en las noches de barricada.

Dicho esto, puedo decir que sí disfruté viendo a mis amigos y amigas contentas en las imágenes y videos que compartieron en sus redes sociales, pues de eso se trata la música: de hacernos sentir bien, aunque sea por un rato y se que muchos de ellos, absorbidos por el sistema, sintieron que tenían quince, diecinueve años de nuevo mientras cantaban a todo pulmón “ellos dicen mierda, nosotros amen, amen, a menudo llueve…”

El vienes, previo al concierto, mientras los viejos punks sacaban sus viejas chamarras y sus sueños de esos cajones abandonados, me preparaba para ir a hacer un recorrido al relleno sanitario, que dejó de serlo hace quince años y que ahora es un basurero a cielo abierto, clausurado por la Procuraduría Federal Ambiental (PROFEPA), que está ubicado en territorio de la comunidad de Santa María Coapa, perteneciente al municipio de Tehuacán, Puebla. Un par de horas caminando entre basura, incendios, lixiviados al lado de un par de compas que no saben quién en es Evaristo, ni han cantado “somos los nietos de quienes no pudisteis matar”, pero están dispuestos a dar la vida por defender su territorio y patrimonio biocultural, me dicen que estoy en el lugar correcto.

Por la noche mientras quince mil personas volvían a sentir esa idea de que “todos somos punk” yo tomaba café de olla con personas que todo lo que quieren es recuperar su salud ambiental, para dejar de morir por culpa del sistema. Aquí no había sueños reciclados de nuestra alegre juventud, todos y cada uno eran realidades de una lucha que de a poco se va encaminando a esas victorias pírricas pero que cuando llegan se disfrutan aún más que cualquier canción convertida en himno.

En otro momento escribiré sobre esto, hoy solo paso a recordar que las resistencias son más que los himnos y las canciones que nos hicieron soñar con otra realidad posibles, que los referentes no pueden, ni deben ser los músicos, ni los artistas, sino aquellos que nos acompañan en las barricadas, que el capitalismo ganó hace años y solo queda seguir resistiendo y que el punk es tan diverso que abarca desde la gran estafa de los Sex Pistols hasta la congruencia de los Active Minds y los Subhumans, nosotros decidimos desde donde soñar.

Salud, anarquía y pan casero para todxs.


Jorge Tadeo. Imagen tomada sin permiso de su cuenta de FB

Jorge Tadeo. Profesor, traductor, escritor, anarquista, ex-Activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Hay días que viajo a Mundo Disco.

Construyo mi caja de herramientas para la supervivencia.


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