Desde el autoexilio en los bosques de Klatch City, 16 de abril de 2026 (Neotraba)

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Porque sabíamos que el grunge era el sonido de una sierra chirriante: un salmón desovando, golpeando la grava. Parecía una tala rasa. Y si abrías el grunge, encontrarías una quinta rueda mohosa dentro. Missy Anne (personaje de ficción)

A finales de los años ochenta, en la región de Seattle, comenzó a gestarse un movimiento que, con el paso de los años, dio pie a la revolución accidental conocida como grunge. Una revolución que adoptó una subcultura formada por jóvenes desencantados, con una mezcla de influencias donde el “no futuro” de los punks ingleses resonaba como una premonición de lo que les esperaba.

Desde un escenario tan oscuro como el propio clima de la región, se originó esta revolución que fue secuestrada por la industria musical, modificándola y suavizándola para ofrecernos un espectáculo distinto a lo que se gestaba en Seattle y sus alrededores años atrás.

Al pensar en lo comercializado en los tempranos noventa bajo la etiqueta del grunge –partiendo del disco Bleach de Nirvana, la mitificación del sello Sub Pop y todo lo que vino después–, lo que se nos ofrecía era la mirada de una generación que, desde el desencanto, solo buscaba una introspección cursi con perspectiva artística. Las declaraciones políticas de Nirvana y las protestas de Kurt Cobain quedaron reducidas a simples actos estéticos desprovistos de postura antisistema.

De Pearl Jam se habla más de sus melodías –“son otro tipo de emo”, me decía un amigo– que de sus canciones de protesta. Esto redujo la expresión política de un movimiento que iba más allá del desánimo para mostrar una postura combativa. Situación similar se vive con Soundgarden, donde las posturas políticas de sus miembros quedan borradas en un intento de convencernos de que lo que importa es el desencanto emocional y no lo que lo provoca.

La industria nos vendió la que posiblemente fue la última revolución musical y contracultural masiva como la voz de una generación apática; sin embargo, esto no era del todo cierto. Al contrario, el grunge surge en una época donde se gestaba el movimiento altermundista y, de cierta forma, fueron de la mano. Esta revolución accidental también fue una expresión política, y esa es justo la tesis de Sintija Brence en su libro: From Seattle to the System: Grunge as Political Expression.

Para Brence, el grunge estaba más cerca del hardcore americano que de la música alternativa surgida años antes en Los Ángeles, Athens o Nueva York. Es decir, aunque bandas como R.E.M., Sonic Youth o Jane’s Addiction se incluyan en el mismo combo que Alice In Chains, Mudhoney, Screaming Trees o Tad, estas últimas tenían una relación más estrecha con Black Flag, Dead Kennedys o los Meat Puppets, tanto en actitud como en postura política.

Seattle, previo a la era del punto com, era una ciudad de clase obrera con poca oferta cultural, por lo que la autora relata cómo el hardcore nacido en los años de Reagan influenció la escena del noroeste. De ahí se entiende que la cultura del grunge fuera tan diversa; sus sonidos no eran copias, sino una identidad construida como resistencia. Por ello, The Replacements tiene un capítulo entero en este libro. The Replacements ofrecía la versión del perdedor en constante resistencia contra el sistema. Es mejor cantarles a los perdedores que ser parte de una industria que empaca y vende en el mismo espacio las luchas contra el sexismo, el autoconsumo y sus contrapartes.

Al considerar la influencia de Paul Westerberg sumada a la rabia de Minor Threat, era de esperarse un sonido único que difícilmente podría embotellarse industrialmente sin perder su esencia en el camino. Desde ahí es que esta revolución comienza a “limpiar” el sonido para darnos músicos atormentados por no poder cargar con la fama y la popularidad, quitándole el paso político a otras acciones que músicos como Cobain o Stanley llevaban a cabo. Prefiriendo darnos una especie de “pelea” entre dos bandas, para pasar a ignorar todas las acciones confrontativas contra el sistema que estaban realizando, que iban desde confrontaciones a Ticket Master por el excesivo costo de los boletos, hasta festivales con el objetivo de difundir el voto, la libre elección de las mujeres, entre otras.

El grunge no era solo la queja de “Black”, sino también la fuerza y declaración política de “Whip It”; no eran solo los suicidios alrededor del género los que debían darle misticismo a una crisis real. Seattle tenía la tasa de suicidios más alta cuando Cobain murió, pero Seattle también eran acciones políticas y festivales para visibilizar problemas sociales; era Eddie Vedder escribiéndose “Pro-choice” en un evento de MTV. Todo esto lo investiga Brence en este libro, derivado de su investigación doctoral.

La importancia de esta publicación es que recupera lo que la industria intentó ocultar para entregarnos una revolución edulcorada donde se vendía el dolor como producto generacional. Fue una forma de borrar su carácter autogestivo; el apartado sobre la democratización musical mediante casetes para compartir música es imperdible. Hablar de como compartir la música en grabaciones caseras, en esa forma de pasar de mano a mano la música, las ideas que tuvo su popularidad entre los Punks de los ochenta y que sirvió para socializar todo que influenció a los jóvenes en Seattle, así como en todo el mundo.

Los jóvenes de inicios de los noventa vivían en el desencanto, pero tenían razones para ello y se organizaban; antes de ser etiquetada como grunge, había una escena que generaba economía local a su alrededor. Desde los locales donde tocaban, los pequeños sellos discográficos, las estaciones de radio que daban espacio a las bandas locales, la escena crecía sin necesidad de una industria musical que intentará venderlos como el nuevo Hype de moda.

Sintija rompe mitos e ideas preconcebidas del discurso industrial que convirtió una contracultura de clase trabajadora en un souvenir global. Su trabajo es valioso porque otorga un nuevo significado a una escena que dio todo de sí hasta que la industria la desechó al dejar de ser redituable, dejando tras de sí una estela de fracasos.


Información del libro:

  • Título: From Seattle to the System: Grunge as Political Expression
  • Autora: Sintija Brence
  • Año de publicación: 2025
  • Editorial: Autopublicado

Jorge Tadeo. Imagen tomada sin permiso de su cuenta de FB

Jorge Tadeo. Profesor, traductor, escritor, anarquista, ex-Activista, pero sobre todo panadero casero y padre de Ximena. Hay días que viajo a Mundo Disco.

Construyo mi caja de herramientas para la supervivencia.


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