Una ventana inmensa: Víctor Munita Fritis
Poemas del autor de los libros 66 poetas del Fútbol, Inventario, Paisaje de Copiapó y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar.

Poemas del autor de los libros 66 poetas del Fútbol, Inventario, Paisaje de Copiapó y que ahora se publican en la sección que coordina Manuel Parra Aguilar.

Por Víctor Munita Fritis
Guadalajara, Jalisco, 28 de marzo de 2024 (Neotraba)
Al desierto de México
Nadie sabe en realidad/ lo que una sombra vale/ en medio del desierto/ puede ser la de un faro espinudo / en medio de la nada/ o la de un toro metálico/ promocionando leche de sus mejores hembras/ Porque un toro de hojalata/ en el desierto de Sonora/ da soluciones/ como:/ una bendita sombra/ que huye de los viajeros/ tal una cucaracha oscura/ en medio de la víspera y la soledad/ o simplemente nos anuncia/ un chorro lácteo para un recién nacido./ Nadie sabe en realidad/ lo que una sombra vale/ en medio de esta llanura/ y menos cuando sólo existen/ en el páramo de los sesos/ la desventura y la sed.
Y Felipe recordó/ los oficios que hizo/ en su paso por Tijuana y Mexicali/ mientras me preguntaba cómo era/ el desierto de Atacama./ Las veces que atravesó El Paso/ en un camión de doble fondo/ y se escondió en Sunland Park/ en un avión rojo del Western Playland/ y cruzó borracho Tucson/ junto a troppe de payasos/ colgado de un camión con perros galgos amaestrados/ a cuáles les dio de comer/ para llegar a Phoenix y de ahí/ a las bodegas de Arizona/ donde trabajó descargando contenedores / y adelgazó treinta kilos/ en medio de los cuarenta y cinco grados a la sombra/ con hombres negros/ que lo maltrataban/ por tener los ojos de color azul/ como los salares del desierto de Atacama./ Imagino y le digo/ que el desierto de Atacama/ tiene dos ojos salados/ completamente azules/ incrustados en el rostro/ en la cara profunda de la tierra/ y ambos quedamos en silencio/ intentando poner en valor las posibilidades/ de teñir de lenguaje azul/ imaginariamente/ los mapas.
A Vicente Rivera Plaza
Los bancos de arena se veían a mitad del río/ Luego se tomaron todo el lecho/ Las orillas se convirtieron en el recuerdo más triste del futuro/ Se veía/ de pronto/ un harnero y una pala/ como un viejo reptil aletargado/ por el calor del día y los incendios/ Dos máquinas chillaban a lo lejos/ tal sí fueran/ dos nuevos pájaros de la fauna endémica/ o unos antiguos vapores guiados/ por la mano suave y ansiosa de un niño gigante/ inclinado como un cerro ante Dios/ que a punta de saliva/ imita los sonidos del metal retórico/ sobre los paisajes yermos.
Por esto/ el formato luminoso de las piedras huyó/ como cuando alguien las arroja de un puntapié/ jugando con la pobreza/ en la desesperación del destierro/ y las olvida/ incluso de la propia memoria/ y no alcanza a ver que en el futuro/ un grano de estas/ hará justicia en nuestros zapatos/ en las orillas de las ventanas/ y otra tantas agrupadas/ como un sindicato de arena en una ráfaga de viento/ plausible por los campos dunares del paraje/ llegará hasta nuestros ojos/ irritando todo a nuestro paso/ Aun así/ nada de esto/ nos alcanzará para describir los goces y sufrimientos/ de aquellos habitantes/ que no lograron hacerlo/ de nuestros proletarios muertos desestimados por el tiempo.
Amamos tanto el desierto/ que lo pusimos de tapiz/ sobre el agua de los ríos/ pero comenzamos/ a entelar nuestro corazón/ cuando en este comenzó a residir/ pequeñas ausencias de luz/ breves alegrías por lo inhóspito/ amor por el abandono/ y los campos salitrosos de los valles/ en nuestras venas.
Éramos siempre/ como el ardiente pan de la rebeldía/ compartido a diario/ entre los compañeros de clase/ de nuestro pequeño gobierno socialista/ y nuestro pequeño gobierno socialista/ no éramos más que/ dos seres humanos besándose./ Aunque nuestros labios/ en la distribución de los besos/ nunca fueron equitativos y justos/ nos acercábamos peligrosamente/ durante el descanso/ al capitalismo brutal de la desigualdad besadora/ como si fuera una eterna jornada laboral/ no regida por ningún patrón/ regulada solamente por la especial reserva/ de dos vidas sin ley en un contrato social./ Mas nunca compañera/ dejamos de pensar/ que los besos que nos dimos/ cualquiera fuera su forma de producción/ siempre se crearon para dar un valor de uso/ para satisfacer directamente/ nuestras necesidades humanas/ y así lo demandaban nuestros económicos cuerpos/ tendidos en la esperanza/ aguardando/ el pan ardiente de la tarde./ Y cuando no poseíamos pan por la tarde/ cualquier alimento era nutritivo y bueno/ sopas/ verduras/ tortillas/ y besos./ Hay días/ en que no había mucho sobre la mesa/ que era casi siempre/ nos abrazamos/ y así nos alimentábamos/ comiendo de nuestra cooperativa socialista/ ideando brutales sueños para mejorar la estabilidad del mercado/ mediante la producción industrial de besos/ nuestro pequeño Estado Socialista./
*Los poemas aquí presentados pertenecen a distintos libros inéditos

Víctor Munita Fritis (Chile, 1980). Actualmente, radica en Guadalajara, México. Escritor e investigador en historia, ha realizado, teatro, radio y televisión. Cuenta con estudios en Educación en Historia y Geografía y diplomado en guion. Fue coordinador general en la Editorial Universidad de Atacama (2017-2019). Algunos reconocimientos que ha recibido son Beca de Creación Literaria del Fondo del Libro y la Lectura; reconocimiento al mejor libro de poesía de fútbol; beca de Artista Destacado de Atacama; becario de la Secretaría de Cultura de Jalisco; medalla “Pedro León Gallo” al Mérito del Gobierno Regional de Atacama por su aporte al desarrollo cultural y literario en Chile. Libros: La Patria Asignada, Zapatitos con Sangre, 66 poetas del Fútbol, Inventario, Paisaje de Copiapó, Yo, entre todas las mujeres, Introducción a la Historia.
