Por Alejandra Flores.
Llegamos a la Estela de Luz a las cinco de la mañana, con los ojos medio cerrados y tiritando de frío. El ánimo de los estudiantes hacía juego con el color del amanecer y con el suave olor a tierra y pasto de Chapultepec. Había compas de varias facultades; pero reconocí a varios de sociología. Un día antes, en la junta, acordamos que rodearíamos San Lázaro con una valla humana, nos defenderíamos entre nosotros y cuidaríamos de las mujeres.
Desde chavita me llamó la izquierda, ser zurda no es una coincidencia, te lo cuento porque tengo muy presente los días en los que mi madre me llevaba a la Facultad de Filosofía y entraba a muchas de sus clases, inconscientemente se me pegó lo revolucionario, Siempre defendí los derechos de los agachados, fui la voz de muchos, me empapé de literatura y de manifiestos, al principio Marx, luego Trotsky. Me mude al DF, entré a la UNAM, y allí encontré almas combativas como la mía, con diferentes rumbos pero con el mismo objetivo: “recuperar nuestro país”. me dijo Flora con sus pequeños ojos color miel y con esa seguridad que la caracterizaba.



























