Es frecuente que cuando queremos ver a alguien, ya sea para chismear, para discutir, para tratar algún asunto de negocios o para contarle nuestras desventuras, le digamos: te invito a comer. Creo que es prácticamente improbable, al menos yo no lo he hecho, que invitemos a alguien a leer. Un ensayo de Luis Rubén Rodríguez Zubieta