Por Edgard Cardoza Bravo

Ciudad de México, 02 de julio de 2020 [00:05 GMT-5] (Neotraba)

Rubén García, fue el nombre que me dieron las lenguas viperinas del pueblo en que nací. También dijeron que era hijo de mis tíos, sobrino de mi madre, y primo no deseado y lejano de mi padre. Según ciertas historias, la mujer que me parió me negó tantas veces como Pedro: la primera fue justo en su lecho de alumbrada, la segunda a mis cumplidos trece cuando llegó de pronto a refugiarse hambrienta a casa de mis padres adoptivos pero encontró tan sólo pan duro y Rubén frío, la tercera cuando ya mi hígado y pulmones rezumantes de alcohol agonizaban. Redondeando la idea podríamos decir que en realidad fui hijo de una madre casi virgen de mí y de un padre tan etéreo como un santo, a quienes precisé abominar para ser salvo.

Darío, era el segundo apellido de mis adversos padres. Y como entre los dos no conformaban uno, los constreñí en un nudo de pena (de las dos: vergüenza y pesadumbre) y me encajé el Darío para odiarlos. Pero Rubén García estuvo allí por siempre, al acecho, para recordarme que en Rubén Darío —custodio del verbo revelado, el poeta profeta— habría hasta mi muerte dos sujetos: el palurdo negado por sus padres y el genio que eligió la poesía para olvidar su origen. Es precisamente Rubén García, quien hace que el Rubén-poeta-niño se enamore de una trapecista de circo a los trece años y hasta trate de ser parte de la tropa: ¡Ah, Hortensia Buislay, si no me han arrancado de tus brazos, mi Azul hubiera sido Azul Eléctrico!

Mi vida transcurrió entonces entre dos senderos de tendencias opuestas: el mitómano, badulaque, ebrio y hasta medio poeta Rubén García y el vate genial Rubén Darío. Fue García quien me aconsejó cuando quise casarme a los catorce años, y Darío el que me hizo enmendar tal dislate y me llevó en huida a El Salvador a conocer al Presidente Rafael Saldívar. Y nuevamente fue Rubén García quién me hizo gastar en la francachela de una sola noche el dinero que Saldívar me obsequió para subsistir un año. Fue el poeta Darío, que también soy, el que me ayudó a conseguir tantos encargos diplomáticos a lo ancho del mundo, y el rústico García quién los hizo naufragar.

Hasta en mis poemas el mentado Rubén García ha tenido intromisión. Es más: los primeros apuntes de muchos de mis textos nacieron de la mano —y procacidad— del tal García y luego serían corregidos o reescritos por el insigne poeta Rubén Darío, hacedor de la presente autosemblanza. Por ejemplo, en estos versos del Canto de esperanza, uno de mis poemas preferidos, yo digo:

Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae a magos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.

¿Ha nacido el apocalíptico anticristo?
Se han sabido presagios y prodigios se han visto
 y parece inminente el retorno del Cristo…

Ven, señor, para hacer la gloria de ti mismo,
 ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.

Los versos correspondientes a estas tres estrofas, que el patán Rubén García me había dictado previamente, eran los que siguen:

Un enjambre de granos mancha mi anatomía.
Me rasco todo el cuerpo con tesón noche y día.
Me persiguen los cobros, para desgracia mía.

¿Te has despertado acaso, Dios de los cobradores?
¿Te has puesto a la vanguardia de tétricos señores
que me hacen correr tanto, que agotan mis sudores?

Ven Jesús a servirme de fiador de estos micos,
arregla estos asuntos de pobres y de ricos,
cállales a estas gentes sus terribles hocicos.

¿Recuerdan el poema de título Lo Fatal? Nuevamente, en el intento inicial Rubén García había asomado sus aperos de hombre ordinario. Transcribo la primera estrofa de ese texto en su versión definitiva:

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésta ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Y éstos son los versos desustanciados, del anodino personaje que infectó tantas veces de inopia mi entraña sensible.

Dichoso el asno que es apenas comprensivo
y más la cerradura, que nos dice “Detente”,
pues no hay cosa más fea, que pasarse de vivo
ni pecado más grande que robarle a la gente…

Un ejemplo más: el del poema Sonatina, en sus líneas iniciales:

La princesa está pálida en su silla de oro.
Los suspiros se escapan por su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor…

Ofrezco a continuación la sugerencia de García, que luego transformé en lo que ustedes acaban de leer (nuestro gañán, en vez de Sonatina la habría titulado Suena y trina):

La Ciriaca está triste. ¿Qué tendrá la Ciriaca?
Hace días que sueña que le mueven la hamaca,
que le sueltan la trenza, que la ahoga el calor.
La Ciriaca está loca con el canto del loro.
Por el ojo derecho sale lánguido el lloro
Y, de estarla asistiendo, se desmaya el doctor…

El alcoholismo que me llevó a la muerte, mi comportamiento acomodaticio y a veces hasta servil con los poderosos, los desatinos en asuntos de dinero, mi exhibicionismo (lo atestiguan los balcones de muchos hoteles, desde donde declamaba poemas a voz en grito para que todos supieran que mi yo sublimado, el poeta Darío, estaba allí), y hasta la misoginia nunca declarada, pero cierta, son sólo algunos de los rasgos nefastos del tal Rubén García que yo, Rubén Darío, tuve que cargar a contravoluntad de mi genio de poeta mayor.

Sirva todo lo dicho anteriormente como deslinde de las chapucerías de ese otro ser que me habitó hasta la muerte, en quien sí encuentran justificación los dichos que señalan mi cuerpo terrenal como hijo de mis tíos, sobrino de mi madre y primo no deseado y lejano de mi padre. Que lo sepan todos: Rubén Darío existe, existió, para las mentes ponderadas y lúcidas, únicamente en sus escritos, a reconcomio del tal Rubén García Sarmiento.


NOTA: Las líneas que parodian los versos de Rubén Darío, han sido tomadas del libro “Morado”, del también poeta nicaragüense Ge Erre Ene (Gonzalo Rivas Novoa).


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