¿Te gustó? ¡Comparte!

Por Adriana Barba

Monterrey, Nuevo León, 02 de julio de 2021 [00:40 GMT-5] (Neotraba)

Los perros no son todo en nuestra vida pero ellos la hacen completa.

Roger Caras.

Con amor eterno para mi Elvis Presley

rey de cuatro patas y ojitos soñadores

que llegó para demostrarme cómo es

eso del amor fiel y verdadero: te amamos

en esta y en todas las vidas posibles.

Todo empezó la semana pasada. Casi a medianoche se escuchó un sonido estremecedor, agudo y seco, me puse de pie en seguida y vi a mi fiel acompañante: un Shitzu negro azabache con barbas blancas roncando. Me imagino que sueña con salchichas o con gorditas de azúcar. Una alergia le causa mucha comezón y la veterinaria ordenó cambio de alimentación a la par de un tratamiento asqueroso –y digo esta palabra porque su carita lo refleja.

Total, verifico que no fue él quien hizo el ruido y me regreso a leer. Al día siguiente, en el chat de los vecinos empezaron a comentar de un ruido extraño que los tiene mortificados. Yo que estoy en contra de comentar en los grupos, muy valiente les digo que yo también lo escuché y que el ruido me puso la piel de gallina.

Varias eran sus suposiciones: una niña llorando, un gato en celo, una rata en las tuberías o algún alma en pena. Como buenos regios, se pusieron las pilas y cada que escuchaban el ruido salían de sus hogares para seguir la vocalización parecida a un grito de ultratumba.

La niña gato

El ruido se escuchaba en horas diferentes del día. Por cuatro días, los pelos de mis vecinos estuvieron de punta, se juntaban en el chat alrededor de 250 mensajes, hasta que llegaron a la conclusión que el sonido agarraba fuerza en los departamentos del cuatro al seis. El mío es el cinco y el cuatro está vacío. En el seis, tres chihuahuas nerviosas son dueñas y señoras. Tardé unos minutos en aceptar que todo coincidía en que sospechaban que en mi hogar habitaba “La niña gato”, como cariñosamente la llamé ya que el sonido era entre una niña llorando y un gato en celo.

Bueno, contesté bien salsa “Mi perro no llora, mi perro ladra y lo hace muy fuerte” para nada va a andar con niñerías de andar asustando a los vecinos.

Los mensajes preocupantes seguían, la última opción era hablarle a Protección Civil ya que, dijeron mis vecinos, el sonido se escuchaba de una persona, animal o ente que realmente estaba sufriendo.

Ya no contesté, hasta que me dijeron a quemarropa ¿no es tu perrito? es que se escucha en tu ventana. Los escuché con miedo. No podía ser él. Era La niña gato, estaba segura. Sin embargo, mi corazón de madre me decía que había una posibilidad de que fuera mi hijo perruno, Elvis, el rey. Les dije que en ese momento mi hijo estaba durmiendo, que no era el responsable.

Dejé el celular para decirle: Chingado, Elvis, dime la verdad, te lo juro que no te voy a regañar por andar sembrando el terror. Comprendo que estuviste 15 meses con tus hermanas y conmigo y que cuando tengo que salir, por pequeña que sea mi ausencia, aúllas como La llorona… Ya pues… No lo quiero pronunciar… pero ¿tú eres La niña gato?

Sus ojitos se abrieron más de lo normal y bajó las orejitas. Ok, hijito, perdón por dudar de ti. Espero que los vecinos encuentren al responsable del llanto doloroso.

No sabremos quién es La niña gato. Foto de Óscar Alarcón
No sabremos quién es La niña gato. Foto de Óscar Alarcón

Al otro día, recordé que Elvis es popular en su escuelita de verano porque “vocaliza” su aullido, muy parecido a un lobo. Lo chulean y le dicen que lo hace muy bien, que son muy pocos los perros que lo hacen tan perfecto.

La sangre se me fue a los talones. En ese momento me sentí en un episodio de Scooby Doo cuando desenmascaran al culpable: ¡La niña gato tenía nombre y apellido! Era Elvis Presley Barba y si aullaba o no, nunca lo sabré. Escuche el audio y juzgue usted mismo.


¿Te gustó? ¡Comparte!