Isadora
Presentamos a los ganadores del concurso Bailando con Elena Garro 2026. Isadora de Gabriela Ibarra López, obtuvo el Primer Lugar Nacional de Cuento

Presentamos a los ganadores del concurso Bailando con Elena Garro 2026. Isadora de Gabriela Ibarra López, obtuvo el Primer Lugar Nacional de Cuento

Por Gabriela Ibarra López
Jiutepec, Morelos, 12 de abril de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 4 minutos
El calambre me hizo saltar de la cama a medianoche. De un tiempo a la fecha entré en ese estado de “nunca me había pasado”. Recordé mis años de atleta e hice estiramientos para erradicar tan agudo dolor. Poco a poco fui regresando. Parecía que el cuerpo se me hubiese fragmentado y cada parte halara por su lado, para no incomodar a las otras partes. Aun no sé si el sueño me venció o el espasmo se extendió hasta descolocarme algún cable en el cerebro. Lo cierto es que esa mañana desperté, ¿o no? y mi cuerpo se había aligerado. Pensé que por fin hizo efecto el milagroso té que tomas por la noche y amaneces con el estómago plano.
Aunque no era solo el vientre, mis piernas y brazos se estilizaron, jamás los vi tan estéticos. Largos, definidos, magros. Lo más extraño era mi andar. Casi flotaba. Como si fuera un cisne escapado del primer ballet de Tchaikovsky. Reí de mi ocurrencia y movida por una fuerza extraña me acerqué a la luna del espejo. El reflejo que me devolvió aquel trozo de vidrio, me dejó estupefacta.
Allí estaba ella, o yo, o nosotras. Isadora, la maravillosa Isadora, la revolucionaria Isadora, la trágica Isadora. Como emergida de una nube sonreía a la par que yo lo hacía. Restregué mis ojos con el dorso de mi mano o sus ojos o su mano. No lo sé. La Isadora frente a mí repetía cada movimiento, con toda la elegancia y sofisticación de la que yo carecía.
Toqué el espejo y juro que ella me tocó. En ese instante la habitación se convirtió en un gran escenario. Sonaron las notas de La muerte de Isolda de Wagner y, sin reminiscencia alguna de la contracción nocturna, entré en éxtasis y bailé ante aquel espejo, con toda la fuerza dramática de Isadora.
Mis brazos, sus brazos, en las diferentes posiciones del ballet guiaban los giros de mi cuerpo, su cuerpo. Ejecuté releves, pirouttes, rond de jamb, arabesques. Cada uno con tal agilidad, como si mi admirada artista me hubiese poseído. No podía creerlo. De golpe se esfumaron el crujir de mis rodillas y el dolor lumbar que me aquejó a últimas fechas. No solo eso. Aquella imagen me devolvía mi anhelo cumplido.
En esa habitación regresé el tiempo y cambié mi decisión. Acepté la beca que me ofrecieron en Bellas Artes. Soterré el miedo a que me rechazaran por mi estatura y complexión. No sería una bailarina del montón. Sería la nueva Isadora Duncan. Sería la bailarina mexicana más reconocida a nivel mundial.
Me encontraba dando vueltas al compás de Wagner, hipnotizada con aquella que imitaba, ¿o guiaba? mis pasos en la luna del espejo. Solazada en mi infinito talento, mis manos alcanzaron una chalina de seda de mi guardarropa. Con delicadeza la coloqué alrededor de mi cuello y dejé que ondearan los extremos al ritmo de mis movimientos. Entré en un estado paroxístico que solo las iluminadas conocemos y que nos acerca al límite de la perfección.
De pronto, un mal cálculo y con la punta del pie crispé el espejo, Isadora se transformó. Sus ojos, mis ojos, salieron de sus órbitas, quedando las cuencas vacías. Las comisuras de su boca, mi boca, jalaron en dirección contraria, deformando aquel rostro níveo. Su cuerpo, mi cuerpo, se disgregó en trozos de toda la gama de grises.
La música de Wagner dio paso al Tercer movimiento de la Sonata número dos en Si bemol menor de Chopin. Mi cuerpo, su cuerpo, ya no tenía forma. Lo único sobresaliente era la chalina de seda. Las puntas de los extremos quedaron aprisionadas en las astillas del espejo estrellado.
Un acorde, un jalón, otro acorde, otro jalón. La melodía no paraba y el espejo cada vez jalaba con mayor fuerza. Al culminar la Marcha fúnebre exhalé el último suspiro.
Al día siguiente encontraron mi cuerpo al borde de la luna del espejo, con los pies calzados por mis viejas zapatillas de ballet, envuelta en una chalina de seda y una chispa en la mirada ausente, que se aferró a quedarse.

Gabriela Ibarra López, obtuvo el Primer Lugar Nacional en el Concurso Bailando con Elena Garro, 2026, en el área de cuento con el texto titulado “Isadora”.
