Ciudad de México, 12 de abril de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 4 minutos

Insensatos lectores: aquí vamos de nuevo. Para empezar, el día de hoy, les diré que no quería terminar Miseria. Es una novela espectacular.

El final me dejó abatido. Lo curioso es que no me refiero al final del libro. Me refiero a unos cuantos renglones que vienen en los agradecimientos.

Verá usted, damita, caballero, la gran Dolores Reyes nació en Buenos Aires y se rifó un librazo. Resulta que se le ocurrió inventar un personaje que después de ingerir tierra puede ver en dónde se localizan los cuerpos de algunas personas desaparecidas.

Sobre todo, puede observar si están vivas o si han fallecido.

Llegado a este punto, les diré que este libro es imprescindible. Para ser más claro me desviaré un poco y les hablaré sobre la dictadura en Argentina que fue uno de los periodos más oscuros del país sudamericano.

El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron el gobierno de Isabel Perón. A partir de ahí, una junta militar tomó el poder, encabezada inicialmente por Jorge Rafael Videla.

Durante la dictadura, el régimen implementó una represión sistemática contra cualquier persona considerada “subversiva”. Esto incluía militantes en contra del gobierno, estudiantes, sindicalistas, intelectuales e incluso gente sin actividad política.

El método más brutal fue la desaparición forzada.

Se estima que hubo alrededor de 30,000 desaparecidos. Estas personas eran secuestradas por fuerzas de seguridad, llevadas a centros clandestinos de detención y torturadas para obtener información.

En muchos casos, los secuestrados, eran asesinados y sus cuerpos sepultados en fosas clandestinas.

En medio del terror surgieron movimientos clave como las Madres de la Plaza de Mayo. Mujeres que comenzaron a marchar exigiendo saber dónde estaban sus hijos desaparecidos.

La dictadura terminó en 1983, tras una combinación de crisis económica, presión social y la derrota de la Guerra de las Malvinas contra el Reino Unido.

¿Por qué es importante Miseria? Me parece que esta novela trata justamente ese tema, incluso sin hablar de la dictadura.

Les dejaré acá las líneas del libro que me dejaron descolocado:

“Un agradecimiento eterno y enorme a las madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, porque ellas nos enseñaron que seguir buscando es una forma de lucha.

Y también a quienes no renunciaron a la memoria hasta el último latido de su corazón”.

Después de eso recordé al gran Ismael Serrano:

Hace poco le decía a una amiga que la vida no sólo se trata de trabajar y hacer dinero. Hay que hacer cosas con urgencia, pues el tiempo que tenemos de vida es limitado. Cosas que nos ericen la piel y nos obliguen a sentir que estamos vivos.

Por este motivo es que decidí escribir esta columna.

La lectura de Miseria me orilló a recordar Ayotzinapa, Ciudad Juárez y el dolor de todos aquellos que han perdido a un hijo.

Por otra parte, alguna vez leí que el realismo mágico apareció en Latinoamérica como una forma de apaciguar el dolor o para fantasear con la idea de que otro mundo es posible.

Quizás esta fantasía sólo es una forma de evadir la realidad. O tal vez una simple salida para atemperar la incertidumbre.

La verdad es que no lo sé, pero sí sé que el libro de Dolores Reyes es maravilloso porque nos recuerda nuestro pasado, porque el dolor de un ser humano es el dolor del mundo.

Creo que tenemos la obligación de recordar para no repetir la historia y no permitir que los sucesos acontecidos generaciones atrás nos ocurran nuevamente.

Si no tuviste ánimo para escuchar la canción del gran Ismael, te dejo acá los últimos versos:

Madre, tu hijo no ha desaparecido
madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oigo en tu boca
y en cada gesto tuyo me nombra
entre las llamas de cada nueva batalla
guían mis manos, sus manos fuertes
hacia el futuro hasta la victoria siempre
guían mis manos, sus manos fuertes
hacia el futuro hasta la victoria siempre

Quería escribir algunas cuantas cosas y tratar otros temas, pero me parece que por hoy es suficiente. Sólo me resta agradecerle a Dolores Reyes la escritura de Cometierra y Miseria.

Me gustaría pensar que esta columna es una carta que se lleva el mar dentro de una botella. Ojalá que estas líneas de algún modo lleguen a Argentina y encuentren tus ojos, querida Dolores.

Si tienen oportunidad no duden en leer estas novelas, les aseguro que no se arrepentirán.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna que se dirige hacia el futuro y hasta la victoria siempre, favor de mandarnos sus comentarios, honorable damita, aguerrido caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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