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Por Max Rodríguez Aguilar

Puebla, México, 13 de noviembre de 2020 [00:55 GMT-5] (Vertedero Cultural)

Lienzo en blanco, espacio limpio para trazar aquello deseado por la imaginación: una historia narrada por niñxs. Historia que hace referencia a personajes y épocas distintas creadas en el imaginario para sostener una historia, un canon que pronto se vuelve innecesario en lo relevante: el jugar. Imágenes cambiantes entre la fotografía y el dibujo rotoscópico que revelan la trascendencia de una fantasía: jugar donde bien relatan lo convertido en su escudo, su refugio, en casa. Trazos que parecen una ironía pues, donde los humanos están encerrados, los animales son libres. La pesadilla de caer en un mundo aún dormido, de sentirse cerca de perder aquella felicidad y libertad de soñar en el mundo real sin dormir. ¿Por qué algunxs aún duermen?

Quizá sea una imposibilidad de carácter político ?política misma?, desempleo, incertidumbre y angustia de lo que no somos totalmente culpables y que repercute, dando un rechazo humano que resuena diciendo: “ya estoy grande para jugar”.

Píxel + Dinamita, de Fernando Llanos, presente en la edición número 18 del Festival Internacional de Cine de Morelia. Este cortometraje, realizado desde el confinamiento de la cuarentena del presente año, y trabajado bajo un tratamiento de animación por rotoscopia (que obtiene el dibujo a partir del trazado sobre la imagen), no trata de calcar simplemente las secuencias de imágenes, los fotogramas, también añade y elimina, dejando lo esencial: los niños y su fantasía. Apreciemos aquellos sueños que comparten y de los que nos hacen parte.

Fotograma del cortometraje Pixel + Dinamita
Fotograma del cortometraje Pixel + Dinamita

La figura de Mao se encuentra elevada como globo con la exigencia de asistir a una función de cine, niñxs arrojan piedras, su globo sube para ser reventado. Cortinillas. Pareciese el comienzo de la película anunciada por el político, en la hierba se observa un hombre barbudo, una representación del Sócrates desdeñado. Una figura de un dinosaurio le persigue por toda la selva, la cámara enfoca el rostro del ser salvaje con cuerpo escamoso, garras afiladas y ojos de juguete, los que se compran en cualquier papelería.

Un chino ordena corte al encargado de producción: un pequeño bebé, le solicitan la construcción de un nuevo personaje verdaderamente temible. En medio de la cocina, con recortes, diseña al personaje de terror para los burgueses. Un dinosaurio abominable persigue sin precedente al filósofo griego hasta llevarlo a una casa, su casa. Ya ahí, su madre le ordena irse a la cama, pues es tarde. La persecución cesa, el encargado de producción tiene que realizar un teatro con marionetas, que por reacción de los asistentes parece poco efectivo; mientras el dinosaurio se escabulle de casa para atrapar al pensador, este se esconde, la madre de él atrapa a su hijo cual araña en sus redes para lo protegerlo y cuidarlo. El griego a salvo se refugia en una cueva.

Esto es Introducción de la Filosofía Occidental, cortometraje de Aria Covanova, presentado en la edición número 18 del Festival Internacional de Cine de Morelia. Una animación que pareciese desordenada, pero movida por el fluir de los elementos que, como bien ha comentado la autora en sus trabajos, se dicta conforme las capacidades del acervo existente, que es del dominio público. Un grito a la fantasía de historias que se pueden crear con lo existente y que, si bien se ven influidas por unx, está parcialmente condicionado al recurso. Claro, si esta se tratase de una historia que pretende llegar de un punto a otro concreto, pero más bien es aprovechado para construir una narrativa de tinte absurdo, creada en un solo proceso, naciente en el margen de una realidad.

Fotograma de Introducción a la historia de la filosofía Occidental
Fotograma de Introducción a la historia de la filosofía Occidental

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