Carta al suicidio
No me puedo sacar de la cabeza la imagen de una persona saltando desde lo más alto de un edificio, colocándose en posición fetal para cuidar su cabeza antes de caer. Por Fabiola Arellano

No me puedo sacar de la cabeza la imagen de una persona saltando desde lo más alto de un edificio, colocándose en posición fetal para cuidar su cabeza antes de caer. Por Fabiola Arellano

Por Fabiola Arellano
Ciudad de México, 30 de octubre de 2026 (Neotraba)
¿Cómo fue que lograste que se apagaran sus ojos? ¿Fue con la cuerda, el arma o el salto al vacío? ¿Se fue en silencio o tuvo que lidiar con las personas que detestan a todo aquel que se les interponga en su camino? ¿Cómo es que estás tan seguro de que sus ojos ya habían muerto hace años? ¿Quiénes van a extrañar mirarse en su reflejo? ¿Sus amores siguen desconcertados? Los imagino tristes, con culpa y remordimiento; algunos sosteniendo el llanto con alcohol y el cansancio con cafeína, otros pasmados, en un paréntesis que les ayude a comprender, cuando menos algunos retazos de lo que acaba de suceder. Luego de algunas semanas vendrá el enojo, la tristeza y tal vez al final llegará el reacomodo de la vida, me refiero a los momentos en los que se aprende a continuar ya sin colocar a la ausencia al centro.
¿Qué fue lo que alimentó aquel impulso cegador que propició que aparecieras como el incendio en la selva que acaba con la vida? ¿Se trató de un proceso de reflexión? Supongo que fue desde lo insoportable del dolor y no desde la calma.
¿Alguna vez fue relevante para él saber que en este mundo existen bosques, playas y agua fresca? ¿Sabes si alguna vez pudo disfrutar del cine y de los conciertos? ¿Quién contribuyó a que se fuera antes del tiempo que su cuerpo podría haber vivido? ¿Qué habría sucedido que le hubiera ayudado a quedarse? No lo digo como si vivir fuese una obligatoriedad, solo tengo curiosidad de saber si alguna vez sintió amor por la vida o si jamás presenció al aleteo de agradecimiento y júbilo en la barriga.
Hoy que ya no está aquí, se ha convertido en un ser omnipresente por un tiempo. Se acabó. Mis preguntas son irrelevantes. Tú fuiste su ruta de escape. ¿Sabes si se arrepintió cuando ya no hubo posibilidad de ir marcha atrás? Eres un botón de pánico, no te lo reprocho. Nos puede ayudar saber que existes, aunque jamás acudamos a ti. Mi reproche es por la incertidumbre ante el futuro, esa imposibilidad de saber si bastaría con esperar un poco más para que exista una vida sin tanto sufrimiento. ¿Qué habría pasado si algo hubiera impedido lo que pasó? ¿Aún continuaría reclamando por sentir que vivir es una condena insoportable o llegaría la alegría como el regalo que te dan y que no esperas? ¿Cuál habría sido el final con tan sólo esperar unos días más? ¿Cómo podemos estar seguros de que buscar la muerte desde esa voluntad de huir de la vida es el mejor porvenir? No me puedo sacar de la cabeza la imagen de una persona saltando desde lo más alto de un edificio, colocándose en posición fetal para cuidar su cabeza antes de caer. ¿Será un acto automático del cuerpo que busca preservarse a como dé lugar?
Te has llevado a muchas personas, más en primavera que en invierno, muchas desempleadas, personas solitarias que es probable que hayan conocido la ansiedad, la depresión, la búsqueda de perfección y la impulsividad. Si pudieran volver ¿saldrían corriendo de nuevo? Mi amor hacia la vida me vuelve torpe para comprender.
