El Rey Rata
El Rey Rata es un cuento de Alejandro Alí en donde Haru, el gato, modifica el destino de una comunidad de ratones. El lector es quien decidirá el destino del Rey, los ratones y Haru

El Rey Rata es un cuento de Alejandro Alí en donde Haru, el gato, modifica el destino de una comunidad de ratones. El lector es quien decidirá el destino del Rey, los ratones y Haru

Por Alejandro Alí
Tepic, Nayarit, 20 de abril de 2026 (Neotraba)
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El gato Haru camina hambriento por las calles. Con pasos sigilosos, se desliza hacia las jardineras del viejo hospital, cuyas paredes descascaradas y fragancia a moho presagian su inminente derrumbe. Persigue una paloma intentando atraparla, pero no tiene éxito y el ave escapa.
De pronto, entre la mortecina luz del crepúsculo, detecta una rata que sube a un pedestal en el jardín terapéutico. Sobre el pedestal se encuentra una gran estatua de bronce con la imagen de una mujer abrazando a su bebé.
Haru intenta capturar a su presa, pero se detiene, ya que al lugar comienzan a llegar muchas más ratas… ¡decenas, cientos de ellas! Haru se queda inmóvil, agazapado en sigilo entre las plantas de una jardinera, solo para observar.
La rata sube a lo alto de la estatua, se posa sobre su cabeza y comienza a dirigir lo que parece ser una reunión. Haru observa que la rata es muy singular, ya que es de un gran tamaño y de color blanco brillante, a diferencia de todos los demás, quienes son de pelaje oscuro, del color de la noche.
–¡Salve, oh rey! –grita una rata negra en el pedestal y todos los demás siguen el coro:
–¡Salve, oh rey! ¡Salve, oh rey de las ratas!
Haru no podía creer lo que sus ojos estaban viendo; en toda su vida de gato jamás creyó conocer a un Rey Rata. En ese momento, el Rey Rata habla a sus discípulos:
–¡Hermanas ratas y ratones! –señala solemnemente. Recuerden los días en que todos pasaban hambre y tenían que comer de la basura de los contenedores. Yo fui creado en un bioterio: un laboratorio de investigación biomédica. Hacían pruebas conmigo y con otros hermanos quienes murieron a causa de esos experimentos. Mucho tiempo observé, aprendí de los humanos y me volví la rata más inteligente. ¡Solo yo resistí y escapé de ese infierno! Hoy vivimos en los jardines, la lavandería y las coladeras de un gran hospital.
–Así es –contesta un ratón pequeño. ¡Por eso lo elegimos como nuestro rey! Él formó la hermandad de «Las ratas recolectoras», quienes buscan y traen nuestros sagrados alimentos y ya nunca más sufrimos por el hambre.
–Nuestro rey es tan inteligente –afirma la rata consejera–, que conoce cómo burlar las trampas del hospital donde hoy vivimos y los venenos que colocan los humanos. Gracias a él, hemos sobrevivido con abundancia de comida, tenemos la cocina del hospital para recolectar y, por si fuera poco, la gran bodega de los alimentos: ¡Quesos, carnes, salchichas, jamones, panes y galletas!
En ese instante el gato Haru, quien había estado muy atento a la reunión, se escapa sigilosamente entre los matorrales, rodea la estatua de bronce por la parte trasera y sube al pedestal. ¡Salta con su agilidad felina y atrapa con sus dos garras por el cuello al Rey Rata!
Al verse perdido, el Rey Rata le dice a Haru:
–Gato… gatito… amigo mío… –menciona balbuceando y lleno de miedo. –¡No tienes por qué comerme, ni a ninguna de mis hermanas! Te propongo un trato: ¿Qué te parece si me dejas vivir y, a cambio, la hermandad de «Las ratas recolectoras» te abastecerá siempre de comida? ¡Ya no tendrás hambre! –añade el Rey Rata. –Puedes comer hoy, un solo día, o comer para siempre: ¡Tú decides la suerte!
Haru está tan hambriento que solo obedece a su instinto animal, mira fijamente al Rey Rata y le contesta: –¡Los leones no pactan con las ovejas! Enseguida, Haru toma con su boca al Rey Rata y se lo lleva arrastrando hacia los matorrales, donde finalmente lo devora lentamente entre los chillidos de las ratas y ratones que, llenos de horror, no pueden evitar la muerte de su rey.
Haru lucha en su interior para controlar su gran apetito, respira hondo intentando obtener algo de serenidad, mira detenidamente al Rey Rata y menciona:
–Solo los animales más necios no aceptarían un trato igual. Soy un gato de gran audacia y he decidido que aceptaré tu trato; a cambio de darme parte de sus alimentos, todos los días vigilaré y los defenderé de los ataques de otros gatos y de los perros callejeros. Poco después, Haru libera al Rey Rata, vuelve al callejón donde vivía y regresa acompañado de su novia: la gata Garritas. Las ratas y los ratones recibieron con agrado a la pareja y entre todos formaron una gran familia de felinos y roedores.
Haru reflexiona sobre la propuesta. Lo que no sabía el Rey Rata es que Haru siempre quiso tener poder. Al ver la posibilidad de tener un ejército a su servicio, le dice:
–Tú eres el rey de las ratas, pero ¿quién mejor que un gato para dirigirlas? Súbitamente, Haru corta la cabeza del Rey Rata con sus garras; la toma entre sus zarpas, la lleva a lo más alto de la estatua y les dice tajante: –¡He aquí a su rey! Yo le he dado muerte y hoy me proclamo como su soberano: ¡Yo soy el gato Haru, rey de las ratas!
Todas las ratas y ratones enloquecen, comienzan a chillar y saltar con frenesí, apilándose unos sobre otros hasta formar una montaña de dos metros de altura. Se acercan lentamente, tambaleándose hacia Haru, quien piensa que vienen a idolatrarlo.
La montaña de ratas cae de súbito sobre el lomo del gato, lo comienzan a morder y rasguñar emitiendo espeluznantes chillidos: «¡Iik-iik-iik!». Haru intenta luchar, pero siente cómo desgarran su piel. Finalmente, Haru cae muerto, devorado por las ratas del Rey Rata y por la ambición de su propia alma.
Recuerda… tú eliges el final.
