El legendario Miguel Marín y el valor de SpaceX
Inicio la justa mundialista de futbol y Gabriel Duarte recuerda a su abuelo que amaba este deporte, mientras la fortuna de Elon Musk es mayor al PIB de México

Inicio la justa mundialista de futbol y Gabriel Duarte recuerda a su abuelo que amaba este deporte, mientras la fortuna de Elon Musk es mayor al PIB de México

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 14 de junio de 2026 (Neotraba)
Insensatos lectores: resulta que comenzó el Mundial y estoy hecho un verdadero pendejo. No sé, me siento extraviado en mi propio país.
En primera instancia, no alcanzo a comprender cómo es que se llevó a cabo el primer partido a pesar de todo: a pesar de los bloqueos, de la lluvia, de las manifestaciones, de los plantones, de las obras inconclusas, del tráfico y del hecho de aceptar que somos mexicanos.
¿A qué me refiero?, es simple: somos un desmadre.
Pinches mil personas en el Estadio, pinches mil personas amontonadas en el Zócalo y pinches mil personas en las calles de Guadalajara, Monterrey y supongo que en cualquier ciudad del país. Todos congregados frente a una pantalla gigantesca para ver el futbol.
No llegamos temprano al trabajo y casi a ningún lado. Somos impuntuales diamadres, pero, según entiendo, había gente formada en el Centro Histórico desde las 7 am y el Estadio Banorte estaba lleno a las 8 de la mañana. El partido empezaba a la 1 de la tarde. ¿Es neta?
Aparte de ver que una Shakira que no era Shakira se presentó en la inauguración, debo confesarles que hay unas cuatrocientas setenta y cinco mil quinientas cosas que me importan lo mismo que dos tacos de tripa y una jericalla y el futbol es la cuatrocientas setenta y cinco mil quinientas una.
Recuerdo que cuando era pequeño me gustaba un poco ver los partidos del balompié mexicano. A mi abuelo le emocionaba. Era el tipo más amargado e irritable que alguna vez conocí. Un viejito bien de la chingada.
Yo simplemente no entendía cómo es que algo podía hacer feliz a ese individuo durante algunas horas.
Luego entonces, lleno de curiosidad, comencé a ver uno que otro partido para ver si entendía que demonios sucedía con el abuelo.
Me da pena decir esto, pero me volví fanático del Cruz Azul. Aquel equipo tenía un portero legendario: Miguel Marín. Salía en un comercial promocionando una loción o creo que una madre para el cabello llamada Wildrot.
El asunto es que el tipo saltaba a medio anuncio, hacía un mortal o no sé qué pinches pirueta en el aire.
Ver esas cosas para un niño tímido y solitario como yo, significaban algo un tanto peculiar. Me orillaban a creer que la vida tenía algún sentido. Pensaba que tal vez cuando fuera grande podría hacer algo así.
El gran Miguel Marín portaba un suéter blanco de manga larga con líneas horizontales azul celestes y negras. Era el mejor portero de la liga. Cubría el arco como nadie.
Corrieron los años y dejó de interesarme un poco el fútbol. No sé bien qué sucedió, pero me encariñé con los libros y abrecé mi soledad.
Un día, ya siendo adulto, me encontré en una tienda aquel suéter a la venta y decidí comprarlo. Pura y mera nostalgia.
Vaya usted a saber dónde quedó aquella prenda que portaba el escudo del Cruz Azul, pero después de tantos subcampeonatos yo sí sé dónde quedó mi afición por el fútbol: en la basura.
Según entiendo el equipo cementero acaba de quedar campeón, pero, francamente ese asunto, me vale harta madre.
No sé si ocurra algo similar con los partidos de México. Recuerdo muy bien el equipo de Mejía Barón y los penaltis. Tampoco olvido a Cuauhtémoc Blanco y al “Matador” Luis Hernández y las estrepitosas derrotas contra Estados Unidos.
Han sido tantas y tantas desilusiones que francamente dejé de lado esos temas.
Pero, ahora que lo pienso, en realidad sí sé qué fue lo que ocurrió. Luego de 14 años de psicoanálisis llegué a la conclusión de lo sencillo que es buscar la felicidad en otro lado para poder culpar a otros de las cosas que nos suceden o de las cosas que no logramos hacer.
Porque, ya viéndolo bien, de qué manera podría cambiarle a alguien la vida el hecho de que su selección sea campeona del mundo.
Los argentinos se ufanan de Messi y Maradona y de sus copas del mundo, pero tienen una economía de la mierda, mucho peor que la de nosotros y eso ya es demasiado decir.
A mí me parece que el tema es más complejo de lo que aparenta. Hacer aquellas cosas que en realidad nos generan cierta incomodidad como leer, bajar unos cuantos kilitos, hacer ejercicio o despertar más temprano. Esos son en realidad el tipo de asuntos que merecen la pena y que nos pueden hacer crecer como seres humanos.
Tal vez eso a mí sí me haría sentirme feliz y mejor conmigo mismo. Me parece que valdría la pena lograr un objetivo que se antojara imposible y llorar de alegría al conseguirlo. En mi caso algo así como escribir un buen libro y publicarlo.
Ahora bien, estoy de acuerdo con el desmadre, es sólo que pienso: ¿debería estar emocionado por un partido de fútbol?, ¿tendría que embriagarme?, ¿está bien que esté en mi casa viendo la televisión?, ¿no sería mejor andar aventando güeros y chinitos por los aires?, ¿tendría que estar mojando extranjeros con cerveza en las calles?, ¿no debería andar buscando gringas por Reforma?
La verdad es que eso de caminar bajo la lluvia para ir al Ángel de la Independencia como que no se me da muy bien. Mucho menos irme a beber a algún bar sólo porque 11 pelados ganaron un partido de fútbol.
En fin, veamos qué sucede en los próximos días con la Selección y su Mundial. Ojalá y lleguen lejos, pero la realidad es que a mí me emociona más rifarme mis sagrados chilaquiles dominicales.
También debo decir que me haría feliz ver a la gente feliz, aunque no entienda ni comparta los motivos de su alegría.
En otros asuntos: me encontré una nota en el periódico que aún no alcanzo a comprender:
Reforma 13 de junio 2026
“Supera valor de SpaceX ¡la economía de México!
NUEVA YORK.- SpaceX, la empresa espacial y de Inteligencia Artificial propiedad de Elon Musk, protagonizó ayer el mayor debut bursátilde la historia y alcanzó un valor de mercado que supera el Producto Interno Bruto (PIB) estimado anual de 218 países, entre ellos México.
De paso, la salida accionaria convirtió a Musk, de 54 años y el hombre más rico del mundo, en la primera persona con una fortuna que rebasa el billón (millón de millones) de dólares.
Las acciones de la compañía cerraron en 161.11 dólares la jornada en Nasdaq, 19 por ciento arriba de su precio de salida, y le dieron a SpaceX un valor de mercado de 2.1 billones de dólares.
Así SpaceX supera el tamaño de economías como España, cuyo PIB anual es de 1.94 billones de dólares, Australia de 1.840 billones, o México de 1.8333 billones, según cifras del Fondo Monetario Internacional.
También dejó atrás a otros gigantes estadounidenses como Walmart y General Motors, y se ubicó en el séptimo lugar de compañías con mayor capitalización bursátil, ranking que encabeza Nvidia con casi 5 billones de dólares.
Musk, quien recibió ayer la inyección de 75 mil millones de dólares para mantener sus enormes apuestas en exploración espacial, satélites e inteligencia artificial, festejó ayer con un enlace en video desde Starbase, en el sur de Texas.
SpaceX quiere ser capaz de llevarlos a la Luna, llevarlos a Marte y, en última instancia, más allá, declaró el empresario estadounidense.”
La verdad es que yo no entiendo bien cómo funcionan estas cosas y ya cuando se habla de tantos pinches ceros hasta me pierdo.
Lo que alcanzo a comprender es que SpaceX genera más dinero que todos los mexicanos juntos. Esto de verdad es una soberana locura.
Ahora bien, te pregunto: ¿qué harías con una fortuna de ese monto? A mí me parece que con una casa y un automóvil sencillo es suficiente para vivir, pero creo que el señor Elon Musk tiene una opinión ligeramente distinta a la mía.
Sin embargo, de verdad creo que ese dinero bien podría utilizarse en beneficio de media humanidad. Es que no sé si sea muy urgente que lleguemos a Marte o que nos vayamos a vivir a La Luna. Ya estamos despedorrando este planeta y ahora qué sigue, ¿terminar de desmamonar la vía láctea?
Y de la Inteligencia Artificial mejor no hablamos, en ese ámbito están sucediendo unas cosas de terror. Seguro que las máquinas terminarán gobernando el mundo. Espero que gestionen las cosas un poco mejor que nosotros.
En fin, para ponerle fin a esta columna les diré que me acabo de enterar que Trump le dio chicharrón a un sujeto denominado Niño Guerrero, quien era el líder de la banda criminal Tren de Aragua.
En teoría el mandatario estadounidense afirmó que la operación se llevó a cabo en estrecha cooperación con el gobierno de Venezuela.
Héctor Guerrero Flores fue abatido en una operación militar que consistió en un ataque rápido y letal para eliminar al delincuente.
Y no sé ustedes, pero yo me quedo pensando: a ver a qué hora empiezan a llover bombas y chingadazos sobre Sinaloa, Mataulipas, Ciudad Juárez y medio territorio nacional.
Que Dios y Elon Musk nos agarren confesados.
Por lo pronto hay que seguir celebrando los partidos de la Selección. Por ahora me despido, se me antojó una tortita al pastor con harto queso y chile chipocle. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que ya no cree en el futbol y que sueña con que dejemos de despedorrar nuestro planeta, favor de mandarnos sus comentarios, interespacial damita, galáctico caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
