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Ciudad de México, 6 de marzo de 2026 (Neotraba)

Todas las imágenes aparecen por cortesía de David V. Estrada

Tiempo de lectura: 4 minutos

Hablar del legendario escritor y dramaturgo Emilio Carballido es evocar a uno de los pilares del teatro moderno latinoamericano. A 100 años de su nacimiento en Córdoba, Veracruz, la Coordinación Nacional de Teatro trajo a escena el año pasado uno de sus clásicos de la juventud: La danza que sueña la tortuga, una obra que por su nombre podría hacer pensar que se trata de teatro infantil actual, pero no.

Es una alusión directa a uno de los poetas insignes españoles: Federico García Lorca. Peculiarmente, este verso del poema “Pequeño vals vienés”, contenido en el libro Poeta en Nueva York, y fue ampliamente difundido a manera de canción por artistas como Leonard Cohen, Ana Belén y Enrique Morente. Pero algunas décadas antes por el maestro Emilio, que lo tomó para una de sus escenas, en donde un joven estudiante aspirante a poeta, le da por ponerse a recitar dicho poema en un momento alegre y amoroso de su puesta en escena.

De La danza que sueña la tortuga no se puede hacer más que alabanza desde que uno entra al Teatro Orientación y mira la escenografía de Mauricio Ascencio y Ángel García que recrea el interior de una casa veracruzana de clase media, a mediados del siglo XX; por un lado, es una tienda que da a la calle y, por otro, una tranquila estancia donde una radio es el único medio de entretenimiento. Eso sin contar el rincón donde está el taller de las hermanas modistas, además del ventanal que da hacia un pintoresco jardín y a un lado un corredor donde están la cocina y los cuartos de la casa por donde brotarán mágicos personajes a lo largo de la obra.

La casa a la que hago alusión pertenece a las hermanas Moredia, Rocío (Sonia Cohuo) y Aminta (Carmen Mastache). La primera es joven y algo sorda, la otra es mayor y un poco renga, pero ambas muy encantadoras y hacendosas. Pasan sus tardes atendiendo su tienda donde venden dulces a granel, aguas frescas y utensilios para la limpieza personal. Además, trabajan con la máquina de coser y las agujas, dando forma a las prendas que le solicitan sus clientas, pero también se dan su tiempo para atender a sus sobrinos, hijos de su hermano mayor, Víctor (Jorge Zárate).

El equilibrio de esta alegre familia se rompe cuando entra otro personaje familiar en disputa: el terrible y encantador sobrino Alberto (Omar B. Betancourt). Un joven y fornido muchacho que viene de su primer quebranto matrimonial y está por tener segundas nupcias con otra chica. Se trata de un hombre boyante en los negocios que se la pasa viajando y que también parece tener una gran relación con su tía Rocío con quien ha convivido toda la vida. El problema surge cuando de pronto, debido a la sordera de la muchacha y los juegos que denotan cierta tensión sexual entre ambos, estalla la confusión de una petición de matrimonio que no lo es.

Es entonces cuando surge el ímpetu arrollador del hermano Víctor, que siempre ha mantenido a raya el deseo amoroso de sus hermanas, y para apretar las tuercas narrativas también brota la personalidad maligna y castrante de la prima Albertina (Érika de la Llave), madre de Alberto, que jamás dejaría que su hijo tuviera una relación formal con una mujer mayor y de poco poder adquisitivo como Rocío.

Otro personaje medular en esta obra es Carlos (Cris Ramos), el estudiante aspirante a poeta, que juega como una especie de bisagra narrativa conciliadora y cachasapes entre personajes: el primo rockstar con la prima guapita y sorda, y su padre gandalla con su primo provocador de mareas pasionales. Por último, no hay que dejar pasar al personaje de la media hermana menor de Carlos: Azucena (Berenice Riosé), quien encarna a una adolescente con tendencias chiqueadas e impositivas que se rehúsa a dejar de ser niña, a pesar de que su cuerpo ya vaya dictando otras tendencias hacia la juventud.

Esta brillante puesta en escena, a pesar de su duración de más de dos horas y media, es poseedora de una fluidez y un encanto único. Gracias a la dirección de Nohemí Espinosa, la brillantez de su reparto y el gran cuidado en la edición y ejecución del libreto, se logra que el público termine cautivado y complacido, como este que aquí suscribe.

La danza que sueña la tortuga se presenta de jueves a sábado a las 19:00 hrs. y los domingos a las 18:00 hrs. hasta el 15 de marzo en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque de la CDMX. Los jueves el boleto cuesta $45 pesos y los demás días $150. Hay descuentos para estudiantes, maestros y adultos mayores con sus respectivas credenciales. Boletos en taquilla y en el sistema de boletos del INBAL.


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