La reunión esperada
La reunión esperada es un cuento de Martha Laura Silo en donde un grupo de amigos se reencuentra para contar las cosas que han ocurrido y las historias que jamás serán

La reunión esperada es un cuento de Martha Laura Silo en donde un grupo de amigos se reencuentra para contar las cosas que han ocurrido y las historias que jamás serán

Por Martha Laura Silo
Matamoros, Tamaulipas, 18 de febrero de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 6 minutos
Ana echaba un vistazo a su lista de invitados, ya los esperaba en el patio de la entrada de su casa, en el que había acomodado varias sillas y una mesa larga. Por la ventana, podía ver a su esposo Alberto, dormitando en su sillón favorito, se veía cansado, le pareció que hasta algo triste.
A su esposo nunca le habían gustado las reuniones sociales, todo lo contrario de Ana, a quien le encantaba platicar, convivir con amigos, pero debido al carácter tan reservado que tenía nunca había hecho una reunión en su casa. Alberto siempre le decía, después, más adelante, te lo prometo, pero ya con cuarenta años de casados, ella ya se había resignado a organizar esa velada. Por tal razón había decidido, apoyada en las redes sociales, contactar a algunos amigos de antaño y ellos a su vez localizarían a otros. Así lo hicieron, ahora solo era cuestión de esperar a que llegaran.
La primera en llegar fue Alma, su mejor amiga de la primaria, ¡estaba tan diferente! Pero aún conservaba sus ojos enormes y expresivos. Después llegó Julio, que ahora era un médico retirado muy prestigioso, pero seguía igual de bromista igual que en la preparatoria cuando hacía bromas de todos y nadie se ofendía, pues eran otros tiempos donde la vida te enseñaba a defenderte para poder sobrevivir en la selva.
Después llegaron Irma y Cleo compañeras de clase de religión. Cleo se había hecho misionera, aunque lo último que Ana supo de ella era que había estado muy grave en la pandemia, ahí estaba con esa sonrisa afable que tan solo de verla te daba una gran paz. De pronto entró Mily, su compañera de trabajo con la que vivió momentos únicos. Juntas conocieron a sus respectivas parejas con las que se casaron después, le dio un gran abrazo, años sin verla, y en ese abrazo se resumió todo el cariño que siempre las había unido.
Había alguien que no se atrevía a entrar, tenía rato parado en la puerta por lo que Cleo, quien lo reconoció se le acercó, lo invitó a pasar, se sentía cohibido, por fin entró a la estancia, era Esteban, amigo de la universidad con el que Ana tuvo un gran disgusto por malentendidos, pero no podía olvidar las veces que la apoyó, bastó una mirada para reconocerse tras las arrugas, canas, lentes y todos esos años acumulados para traer al presente ese gran cariño sincero.
Empezaron a planear la gran fiesta, porque ahora que se habían reunido ya no se perderían el contacto, Mily traía unas galletitas y bocadillos, Cleo unos refrescos, Julio no pudo evitar ir por unas cervezas, ¡que más daba! una no le haría mal a nadie era un momento especial y él era médico y de los mejores, entonces podría hacerse cargo de cualquier contratiempo de salud que pudiera pasar.
Mientras tanto, Ana fue a la estancia de la sala, a ver si su esposo necesitaba algo, ahí estaba aún dormido, sin ningún interés por formar parte de la velada, así era el, desde que lo conoció, con su carácter antisocial, no por maldad si no porque era su forma de ser, tan diferente a ella, pero esas diferencias habían sido las que los habían mantenido unidos por tantos años. No lo quiso despertar, le apagó el televisor y se retiró despacio no sin antes alcanzar a escucharle un profundo suspiro para después seguir durmiendo.
Regresó con los demás, todo era risas, recuerdos, algarabía, era increíble como esas amistades podrían haber sido tan honestas y verdaderas, era como cuando en sus tiempos escuchaban música de sus cantantes favoritos en casete allá por los 80’s y podías ponerle pausa con un botón si estabas ocupado, y más tarde presionabas otro botón que decía play y la canción seguía exactamente donde la habías dejado. Era igual, después de tanto tiempo la amistad y el cariño de manera natural continuaba donde la habían dejado en pausa, con un botón invisible que detenía el tiempo y los regresaba al último día en que se habían dejado de ver.
Cuando creían que ya estaban todos llegó Alejandra, se veía tan diferente, aunque todos, la verdad, con el paso de los años lo estaban. Ella llegó saludando a todos y Ana gritó de alegría, no podía creerlo lo último que supo de ella era que había tenido un accidente horrible, nadie le supo dar razón de lo que había pasado, pues se había mudado a Estados Unidos, trató de buscarla en vano. ¡Que alegría que estaba ahí también! se abrazaron con tanto cariño había sido su mejor amiga de preparatoria y compartieron tantas experiencias y aventuras juntas, que felicidad que lo del accidente no había sido tan grave como se lo habían comentado, porque hasta rumores de que había fallecido llegaron a sus oídos y Ana recordaba haber llorado tanto por esa noticia.
Después de ponerse de acuerdo en fecha y detalles empezaron a despedirse, y Alejandra su mejor amiga al abrazarla le dijo –¿Porque no te vienes de una vez? –pregunta que Ana no entendió. Se desconcertó, pero no le dio tanta importancia y poco a poco cada uno se retiró.
Ana regresó dentro de su casa con el corazón complacido se sentía tan feliz de haber recordado tantas anécdotas, de ver personas que pensó ya no vería sobre todo aclarar y perdonar situaciones, malentendidos que tanto le habían pesado. Se sentó a lado de su esposo, lo contempló y sintió tanto amor por él, aceptando su forma de ser. En ese instante sopló el viento muy fuerte y la ventana se abrió de golpe, Alberto despertó, ella le sonrió empezó a platicarle el éxito de su reunión, con la alegría de una adolescente en la planeación de su primera fiesta de amigos, pero su esposo parecía no escucharla ni verla, el volteó hacia un lado casi ignorándola y tomó en sus manos una fotografía donde estaba los dos juntos más jóvenes, en su último viaje a Roma, empezó a sollozar en silencio, mientras frías lágrimas surcaban su cara apretó con fuerza la fotografía de ambos contra su pecho.
–¡Ana, como me haces falta, te extraño, espero algún día pronto reunirme contigo, te quiero!
