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Ciudad de México, 15 de febrero de 2026 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 6 minutos

Insensatos lectores: hoy es sábado, son las 11 de la mañana y me encuentro en el trabajo. Empiezo a escribir a esta hora porque aún hay poca gente en el centro y me gustaría adelantar un poco esta madre.

Les confieso que durante la semana no tuve mucho que hacer, pero tenía el cerebro atrofiado. No tenía una idea clara de lo que quería escribir.

Afortunadamente hace un rato leí una nota en el periódico, como todos saben leo el Reforma, y me quedé pensando.

El artículo en cuestión habla sobre una pequeña isla situada al este de Asia.

Pensaba decirles que Taiwán es un país, pero en realidad es un desmadre, me explico:

Taiwán tiene una superficie de 36,000 kilómetros cuadrados. Para que se den una idea es similar en dimensiones al estado de Puebla.

La población de Taiwán es de casi 24 millones de habitantes. Uno de los sitios con mayor densidad de población del globo terráqueo.

Y hasta acá todo más o menos bien, pero, ante el hecho de preguntarse si Taiwán es un país, la respuesta es un tanto compleja y depende de a quién se le pregunte, ya que se trata de una de las disputas geopolíticas más importantes del mundo.

En la práctica Taiwán funciona como un país independiente, pero carece de un reconocimiento internacional como un estado soberano.

Para empezar, tiene un autogobierno de facto: Taiwán, cuyo nombre es República de China (ROC), opera como un estado independiente desde 1949. Tiene su propio gobierno democrático electo, presidente, constitución, moneda, ejército y pasaporte.

Sin embargo, la postura de la República Popular de China (RPC) es otra: considera que Taiwán es una provincia rebelde y una parte “inalienable” de su territorio.

Sólo un pequeño número de países miembros de la ONU, entre ellos Guatemala y Paraguay, reconocen diplomáticamente a Taiwán como un estado independiente.

Y supongo que se preguntará usted, curiosa damita, indiscreto caballero: ¿y eso a mí que chingados?

No les voy a mentir, yo pensaba lo mismo: al día de hoy pude enumerar unas treinta y seis mil setecientas cosas que me importaban lo mismo que medio kilo de masa madre y dos guajolotes y honestamente la situación geopolítica de Taiwán era la treinta y seis mil setecientas una.

Sin embargo, me enteré de lo siguiente: resulta que esta pequeña isla en Asia es el productor de la mayoría de los semiconductores más avanzados del mundo. Siendo el epicentro del auge de la Inteligencia Artificial.

El asunto es que Estados Unidos y China están en lucha por este sitio y aunque la guerra no parece inminente, el reportaje del Reforma afirma que la guerra estallará y el impacto a la economía del mundo mundial será devastador.

En el caso más extremo, un conflicto entre Estados Unidos y China por Taiwán costaría a la economía global unos 10.6 millones de millones de dólares, es decir, chingos de feria.

Para que se den una idea, esa cifra es aproximadamente 10% del PIB mundial y eso sería sólo en el primer año, eclipsando el impacto de la pandemia del Covid-19 y la crisis financiera de 2007-2009.

Una guerra entre Estados Unidos y China por Taiwán restringiría el acceso a los semiconductores lógicos, el insumo esencial para todo, desde automóviles, centros de datos de IA y teléfonos inteligentes.

El comercio entre las dos superpotencias y sus socios más cercanos probablemente colapsaría.

Se estima que el PIB de China caería 11% y el de los Estados Unidos 6.6% tan sólo en los primeros doce meses.

Más cerca del desmadrito este, Corea del Sur podría reducir su PIB 23% y Japón 14.7%. Imagínense la putiza que eso significaría para un país como México.

Taiwán fabrica 62% de los semiconductores lógicos más avanzados del mundo.

Para chingarla de acabar el estrecho de Taiwán es una arteria crucial para el comercio global. Casi la mitad de la flota mundial de contenedores y más de una quinta parte del comercio marítimo del mundo pasan por esa vía.

Esto se pone aún más intenso si pensamos que una muestra de debilidad por parte de Washington sería muy notoria ante China y los enemigos de Trump, y justamente la geografía del sitio en cuestión favorece a China quien estaría enfrentando una batalla en su propia vecindad.

Veamos cómo se ponen los putazos, esperemos que las cosas encuentren un final que no desencadene una crisis mundial y que termine afectando a todos aquellos que estamos al otro lado del mundo y que lo único que tenemos con respecto a este asunto es un pinche celular viejo.

Para finalizar por hoy, les diré que me puse a hurgar mi biblioteca y estoy vendiendo algunos libros de colección que tengo.

Verán: me he puesto a pensar que no quiero dejar absolutamente nada cuando parta de esta tierra. No quiero dejar herencias, libros, dinero, autos o cualquier otra cosa. Mucho menos problemas.

Mi único deseo consiste en disfrutar lo más que pueda del tiempo que aún tengo y llevarme conmigo un chingo de recuerdos y algunas cuantas experiencias: buenas o malas, a estas alturas hay que entender que en ocasiones no se puede avanzar a menos de que uno se encuentre al borde del precipicio.

Los libros que tengo los he leído y disfrutado, muchos nunca los terminé, algunos otros no los leí. Creo que es un buen momento para irme despidiendo de algunas cuantas cosas.

Abrí una cuenta de Instagram denominada Papel y Tiempo. En realidad, lo que quiero es ir enfilándome a la forma en la que pienso disfrutar de mi vejez.

Les confieso que siempre he deseado ser anticuario y lo que pretendo hacer es vender mis libros para empezar a comprar algunos otros objetos antiguos como relojes, lentes, juguetes, muebles y cuanta chingadera me encuentre en el camino.

Me gustaría mucho abrir un pequeño café, vender pasteles y chácharas.

Los mantendré enterados.

El asunto es que mientras seleccionaba algunos libros me encontré El coloso de Marusi del gran Henry Miller.

Me puse a hojearlo, comencé a leer y valió harta madre. Aventé a Knut Hmsun y lo dejé abandonado en un rincón.

Miller tiene una prosa hipnótica, al menos eso me pasa a mí, basta que comience con el primer párrafo y no más no hay modo de parar hasta terminar el libro.

En esta novela Henry Miller relata su travesía por Grecia. Llevo unas 50 páginas y me ha parecido espectacular. Ya les diré qué tal va la historia en la próxima entrega.

Por lo pronto me voy, se me antojaron unos poderosos tacos de pipián con una cerveza helada. Conozco un lugar denominado Las Chalupitas y me voy a lanzar. Se me portan bien no quiero quejas.

Cualquier duda o sugerencia con esta columna Made in Taiwán, favor de mandarnos sus comentarios, encantadora damita, aguerrido caballero.


Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.


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