Huecos legales
Huecos legales de Carlos Bortoni nos presenta la disyuntiva entre tres infracciones de tránsito consecutivas y tres infracciones simultáneas

Huecos legales de Carlos Bortoni nos presenta la disyuntiva entre tres infracciones de tránsito consecutivas y tres infracciones simultáneas

Por Carlos Bortoni
Ciudad de México, 19 de enero de 2026 (Neotraba)
Tiempo de lectura: 2 minutos
Di vuelta a la izquierda y, de inmediato, vi a un par de motociclistas de tránsito aparecer en el retrovisor y hacer señas para que me orillara. Intenté ignorarlos, pero no tuve suerte, uno de ellos se colocó a la altura de mi ventana y dejó claro que debía orillarme y estacionar de inmediato. Lo hice, y me encajonaron con las motocicletas. Se acercaron al coche. El motociclista que me ordenó orillarme caminó hasta la puerta, el otro se quedó parado a la altura de la cajuela. Bajé la ventana. –Buen día oficial –dije. –Acaba de cometer tres infracciones, joven –me dijo. Di vuelta en un lugar prohibido, me pasé el semáforo y no entendí la tercera; no importa. –Nos vamos a tener que llevar la unidad al corralón –dijo. –No oficial, entrégueme la multa y la pago, no hace falta llevarse el coche –dije. –No se va a poder, joven. El Reglamento –dijo mientras sacaba una copia del mismo, del bolsillo trasero de su pantalón– establece que cuando se cometen tres infracciones consecutivas la unidad debe remitirse al corralón. –Ahí tenemos un problema, oficial. No cometí tres infracciones consecutivas, cometí tres infracciones simultáneas –dije. –Por eso –dijo. –Es que no es lo mismo –insistí. –Una cosa es consecutiva, una infracción después de la otra y luego la tercera, y otra es simultánea, las tres al mismo tiempo. Mis infracciones fueron al mismo tiempo, de golpe, pues. –No sea mamón, joven. Es lo mismo –dijo. El motociclista que se había quedado a la altura de la cajuela se acercó. Durante varios minutos ellos insistieron en que eran tres infracciones consecutivas, yo –sin negar que había cometido las infracciones– me aferraba al hueco lingüístico y legal. –Es una cuestión de ritmo –dije. –¿Cuál cuestión de ritmo? Díganos cómo lo ayudamos, joven –dijo el segundo oficial. –Entrégueme la multa –dije. –Así no se puede, joven –dijo. –No traigo nada como para que me puedan ayudar –dije. –Mejor váyase antes de que me encabrone –dijo el primero de ellos desesperado y se alejó de la ventana para mover la motocicleta con la que bloqueaba mi camino. Me tardé un poco en reaccionar, arranqué el coche y me alejé sin dejar de verlos por el retrovisor hasta que desaparecieron.
