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Ciudad de México, 19 de diciembre de 2025 (Neotraba)

Tiempo de lectura: 3 minutos

Rapur es un librero de mediana edad, ronda las cuatro décadas, vive solo en un departamento rentado en la colonia Guerrero de Ciudad de México, no le gusta usar redes sociales, dice que lo enajenan, le quitan tiempo y le crean la idea de adquirir algo que realmente no necesita.

Tiene carrera trunca en Historia y es divorciado, pareciera que son requisitos indispensables para ser librero de viejo y cumple con otros más, no tiene horario fijo, usa playeras sin estampado y camisas a cuadros, le gusta el café y uno que otro estupefaciente más. Su tema predilecto es la libertad, despotricar contra el gobierno y los Aguilares, esos ejemplares editados en piel a doble columna de autores consagrados y otros no tanto.

Fotografía por cortesía de Sergio Núñez
Fotografía por cortesía de Sergio Núñez

Tiene pocos libros en su casa, es de los que venden todo si se puede, casi no atesora nada, pero sus Aguilares de Dostoievski, Tolstoi, Chejov, Gogol, Baudelaire y aunque lo critiquen conserva tres tomos de Carlos Fuentes, considera necesario tenerlos cerca de él.

Rapur no la ha estado pasando bien económicamente, anda erizo cómo él dice, recientemente lo invitaron a una feria del libro en la alcaldía Azcapotzalco, aceptó, son cinco mil pesos del lugar, porque ninguna feria del libro es gratis cómo muchos piensan y que otros pregonan qué difunden la cultura gratuitamente, además, no tiene material.

Va con su hermana y le dice: Carnala, préstame quince varos y te los devuelvo en dos semanas. Con ese dinero paga el evento y espera al día del montaje, sabe que la mayoría llevará oferta, práctica generalizada después de la pandemia. Mientras todos los colegas acomodan su material Rapur ubica las mesas de remate de veinte pesos, elige entre todas las opciones quinientos ejemplares de literatura, filosofía, ensayo e historia, los temas que conoce mejor. Acomoda los libros en sus mesas, mientras va ubicando títulos, autores y editoriales, su chamba, de lo que vive.

Inicia la feria y se pone en modo vendedor, ahora cada libro tiene un valor distinto que se lo va asignando según el interés mostrado por el lector, ninguno en menos de cincuenta pesos. Comienza el flujo de gente y las peticiones, ¿tendrás algo de historia de México?, por supuesto amiga, tengo este y este otro, Rapur vende sus dos primeros libros y no para, es una máquina de recomendar y vender, sabe su oficio.

Rapur debe atender su puesto personalmente, no puede dejar a nadie más, sólo él puede llegar al objetivo, es un trabajo de casi veinte años, ya tiene callo.

Foto por cortesía de Sergio Núñez
Foto por cortesía de Sergio Núñez

El primer día obtiene para pagar el evento y para la comida, su meta después de diez jornadas es mover mínimo cuatrocientas piezas, lo logra. Rapur vende veintinueve mil pesos, paga su deuda y le queda ganancia, aunque ya se ha gastado algo en la comida. El último día ofrece los libros restantes a un compañero, lo convence, cien títulos muy bien seleccionados por dos mil pesos.

Lo ha conseguido, se va cómo llegó, sin libros, pero con el dinero suficiente para aguantar hasta la siguiente feria. ¿Qué destino le depara?, no sabe, vive el día a día, es ligero de equipaje, mientras tanto festejará su proeza de sobrevivencia con una amiga y par de tragos.


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