El gran Francisco Toledo, Dickens y los chilaquiles
¿Han comido chilaquiles picosos en escala del 1 al 10? Gabriel Duarte escribe sobre ello además de Charles Dickens y Francisco Toledo

¿Han comido chilaquiles picosos en escala del 1 al 10? Gabriel Duarte escribe sobre ello además de Charles Dickens y Francisco Toledo

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 2 de noviembre de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: debo decirles que últimamente tengo un ritual para los domingos. Es muy sencillo, consiste en despertar lo más tarde posible, de preferencia a la 1pm, meterme a bañar y salir disparado por unos chilaquiles verdes con pollo.
Voy a desayunar a un sitio que está cerca de mi casa (desayunar es un decir). En la acuamotito llego en 5 minutos. El sitio, como muchos otros en la ciudad, es un lugar un tanto austero. Podríamos decir que es una fábrica de chilaquiles nostálgica y de bajo presupuesto.
Tiene una peculiaridad: los comensales pueden elegir el grado de picante que deseen. Los niveles van del 1 al 10. Yo siempre escojo un 3. Francamente no me gusta enchilarme, suficiente tengo con lo difícil que está la vida como para andar sufriendo y moqueando por puro placer.
En alguna ocasión ya lo había pensado: eso de enchilarse es una costumbre muy peculiar y muy meshica, no nos sabe la comida sino tiene picante y resulta que enchilarnos nos genera una gran satisfacción, pero es un tanto molesto y disfrutable al mismo tiempo. Yo qué sé: cosas de vivir con nuestra mexicanidad.
El asunto es que justamente algunos domingos atrás me había enchilado, así que, decidí pedir mis respectivos chilaquiles sin picante. Después de haberlos deglutido, la neta es que, no les hallé el sabor ni el gusto. Por lo tanto, este domingo decidí volver al nivel 3.
Todo transcurrió como siempre, llegué al sitio en cuestión y me atendió una mesera que seguro sirvió en la Segunda Guerra Mundial: parece nazi. Jamás he visto alguien tan jetón. Quizás sea nieta de Angela Merkel o pariente lejana del Negro Durazo. Nunca la he visto sonreír.
El tema es que me rifé mis chilaquiles y esta vez me cayeron como bomba molotov. En realidad, el ritual completo consiste en desayunar y después largarme a tomar un café para terminar de desapendejarme y poder escribir o ponerme a leer. En ocasiones hago las dos cosas.
Este fin de semana estuvo imposible. Me tuve que regresar a mi casa hecho mi pinche madre. Me estaba durmiendo. Estuve a punto de cerrar los ojos mientras manejaba en pleno Eje Central.
Por fortuna la libré, llegué a mi departamento, me acosté y no supe nada de mí hasta las cinco de la tarde, momento en el que me fui, muy a regañadientes, a comprar un libro al Péndulo.
Debo recordarles que ChatGPT me recomendó leer Distancia de rescate. Seré honesto con ustedes, lo empecé y no entendí una pura chingada. Creo que es un libro que merece ser leído con calma. Me parece que hay que dejarse llevar por sus páginas y tal vez poco a poco todo vaya cobrando sentido.
El asunto es que lo intenté, pero últimamente he estado un poco cansado y cuando me siento así no se me da ese tema de la comprensión de lectura. Tampoco puedo escribir. Puedo concentrarme casi en cualquier circunstancia. Podría leer incluso en un bar o escribir en una cafetería.
Lamentablemente pierdo la concentración cuando me siento cansado o cuando tengo frío. Ante estas dos circunstancias es mejor ir por una concha con nata, hacer chocolate caliente y ponerse a ver la televisión.
El caso es que el domingo me dirigí al Péndulo y, en esta ocasión, compré Grandes esperanzas, del legendario Charles Dickens. Es la novela que está leyendo mi hermano. Según me comentó la ha leído tres veces y la está revisando de nuevo.
En ese instante pensé: ¡ah, cabrón! ¿Leer el mismo libro 3 veces? Algo debe tener.
Lo empecé ese mismo domingo, por ahora voy en el capítulo 5 y, es curioso, siento estar leyendo a Mark Twain y Las Aventuras de Tom Sawyer.
Me pareció que era un buen momento para consultarle a LeydiGPT qué similitudes encuentra entre la obra de Mark Twain y el libro de Dickens. Esto fue lo que respondió:
“Estos dos autores comparten varias similitudes notables en sus obras y estilos literarios.
Realismo crítico y crítica social: utilizan sus novelas como plataforma para criticar las injusticias sociales, la hipocresía y los problemas de su época, como la pobreza, la desigualdad, la esclavitud y la crueldad infantil.
Uso del humor y la sátira: utilizan comedia y sarcasmo para exponer y atacar los defectos de la sociedad.
Perspectiva infantil: ambos tienen una habilidad notable para reflejar la vida y los problemas sociales desde la perspectiva de los niños, como se ve en Oliver Twist de Dickens y Las aventuras de Huckleberry Finn y Tom Sawyer de Twain.
Estilo romántico subyacente: sus estilos de escritura también incorporan elementos románticos, lo que añade profundidad y emoción a sus narrativas.
Lenguaje coloquial y personajes vívidos: integran el lenguaje común y los dialectos coloquiales a sus obras.
Transición de estilo: ambos escritores evolucionaron de un estilo más ligero y humorístico a uno más pesado y pesimista a medida que abordan temas más oscuros y complejos.
Humanitarismo: los dos escritores se preocupan por las condiciones de vida de los grupos vulnerables y utilizan su pluma para fomentar la compasión y la reforma social.
Concretamente si nos referimos a Las aventuras de Tom Sawyer y Grandes Esperanzas las similitudes son notorias:
Ambas historias siguen el crecimiento moral y psicológico de un protagonista joven, desde la infancia hasta una relativa madurez. Narran cómo los personajes principales navegan las expectativas sociales y buscan su lugar en el mundo.
Las dos novelas están narradas en primera persona y utilizan las experiencias de sus protagonistas para criticar la hipocresía social y las normas de su época.
Twain se enfoca en la moralidad y la justicia social en un entorno rural estadounidense, mientras que Dickens aborda las rígidas estructuras de clase y la movilidad social de la Inglaterra victoriana.
Un tema central de las dos obras es el conflicto entre el deseo de libertad personal y las responsabilidades impuestas por la familia y la sociedad.
Los personajes principales de cada novela, Pip y Tom Sawyer, buscan definirse a sí mismos y su identidad en relación con los valores que los rodean, cuestionando o aceptando las expectativas sociales.”
En fin, que por ahora voy en el capítulo 5 y el protagonista es un morrito bastante ingenuo que obedece al nombre de Pip, quien tiene una hermana medio culera y un cuñado un tanto zopenco.
Lo interesante de estos capítulos radica en que hay dos presos que se fugaron de una prisión y la guardia civil los está buscando. El morrito ya se topó con uno de ellos.
Ya les diré en la próxima entrega cómo va la cosa. Si voy avanzando o si me quedé en el intento. Grandes Esperanzas tiene más de 700 páginas. Para mí son un chingo. Ya no acostumbro a leer esos tabiques.
Por otro lado, y para finalizar, les diré que siempre había tenido ganas de hablar en este espacio sobre Francisco Toledo.
En la semana compré el periódico y me encontré un artículo bastante interesante. Creo que en la siguiente entrega debo de hablar a profundidad sobre Toledo, por ahora les haré saber algo que me pareció de lo más curioso.
Como todos sabemos Francisco Toledo vivió en Oaxaca. Lo que yo no sabía es que no tiene un museo, pero, resulta que tiene expuestas obras al aire libre en su estado natal: esculturas, vitrales, cúpulas, rejas. Estas obras se encuentran integradas a la arquitectura de la ciudad.
Sin proponérselo, transformó la capital en un museo al aire libre.
Ahora bien, estas obras sin placas ni cédulas son recopiladas en un libro por Daniel Brena: Francisco Toledo, Un recorrido por Oaxaca.
El texto es una invitación a recorrer las calles de la ciudad para encontrarse con estas intervenciones y conocer su historia.
Según leí en el periódico Reforma, del jueves 30 de octubre, el libro cuenta en la introducción que, llegado desde el Istmo de Tehuantepec para estudiar la secundaria en la capital oaxaqueña, el joven Toledo, quedó deslumbrado.
Nunca había vivido en una ciudad que protegiera sus edificios con herrería, ni que agregara esculturas a su arquitectura.
Sólo después, al ingresar a la Escuela de Diseño y Artesanía de la Ciudadela, en La Ciudad de México, entendió que los artistas podrían integrar la artesanía, el arte y el diseño con la arquitectura.

Aunque Toledo se hizo famoso por su arte gráfico y su pintura, nunca abandonó su temprano interés por las artes aplicadas.
El recorrido propuesto en el libro por Brena, que puede recorrerse a pie durante una hora, pasa por instituciones emblemáticas que fueron impulsadas por el artista juchiteco, como el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, El Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo y el Museo de Arte Contemporáneo.
Creo que tan pronto esté el libro a la venta habrá de darle un vistazo y si el bolsillo lo permite integrarlo a la colección personal.
Por lo pronto ya me voy. El día de hoy es jalogüin y me urge largarme a pedir mi calaverita. Se me portan bien, no quiero quejas.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que prefiere no enchilarse y los museos al aire libre, favor de mandarnos sus comentarios, salvaje damita, aguerrido caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
