Mr Gwyn del gran Alessandro Baricco
Gabriel Duarte escribe sobre uno de los libros de Baricco: un escritor decide publicar una lista de ciertas cosas que piensa dejar de hacer, entre ellas, abandonar la escritura.

Gabriel Duarte escribe sobre uno de los libros de Baricco: un escritor decide publicar una lista de ciertas cosas que piensa dejar de hacer, entre ellas, abandonar la escritura.

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 27 de julio de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: el día de hoy seré muy breve. Les recuerdo que aún no regresa mi editor de vacaciones, pero yo decidí seguir trabajando. Debo confesar que me resulta inevitable: necesito estar escribiendo para sentir que la vida tiene algún sentido.
Para empezar, les diré que hacía mucho tiempo que un libro no me emocionaba tanto. Baste con mencionarles que en este momento estoy a diez páginas de acabarlo y me rehúso a seguir leyendo.
Es tan bueno que resultó ser toda una adicción. De hecho, he optado por leerlo poco a poco. La historia sólo tiene 178 páginas y es imposible parar. Si bien es de esos textos que cualquiera podría concluir en dos días, yo he decidido extenderlo el mayor tiempo posible.
Todo comenzó con la recomendación de un amigo en El Péndulo. Cómo se agradece cuando en una librería pueden hallarse vendedores a los que les gustan los libros, pero sobre todo aquellos a quienes les gusta leerlos. Algunas ocasiones me han dado ganas de madrear a este tipo de individuos que no saben ni siquiera quién escribió Pedro Páramoy aun así tienen el atrevimiento de trabajar en una librería.
Quería comprar la última novela de Alessandro Baricco. Mi amigo me comentó que conocía dos títulos del mismo autor que eran muy buenos. El más reciente no lo había leído. El problema radicaba en que las dos novelas que me sugería estaban completamente agotadas y no entendía por qué no las habían reeditado.
Así que, me di a la tarea de buscarlas. Cabe señalar que este individuo fue el mismo que me recomendó Un verdor terrible de Labatut, por lo tanto, leería cualquier cosa que este pulgoso sujeto me aconsejara.
Los dos títulos son: Mr Gwyn y Tres veces al amanecer. El primero ya lo tenía, pero lo había perdido en un robo y por algún extraño motivo lo volví a encontrar en Gandhi. Y digo extraño porque lo busqué en varias partes y no apareció por ningún lado, ni siquiera en librerías de viejo, en el corredor de Balderas, en el centro o en el tianguis que se pone los sábados en San Fernando.
El ejemplar que encontré tiene desgastado el lomo por la luz. Se ve que llevaba mucho tiempo sobre una estantería a la espera de algún despistado lector. Y fue así que nos encontramos.
Antes de que se me olvide, les diré que hay algunas novelas que llegan a colocarse en el limbo de los libros. Esto ocurre cuando la edición que se busca es muy reciente y está agotada. Sucede que esos textos aún están en manos de los lectores y todavía no forman parte del circuito de libros que se ofrecen en ferias o en sitios donde se venden novelas de segunda mano.
Ahora bien, les hablaré un poco sobre Mr Gwyn: va de un exitoso escritor que de un día al otro decide publicar una lista de ciertas cosas que piensa dejar de hacer, entre ellas está el hecho de abandonar la escritura. Su editor no lo puede creer y algunos lectores tampoco.
Después de un tiempo, sin saber qué hacer, le da por escribir retratos, que quede claro que no dije pintar, dije escribir. No quisiera profundizar en el tema, por si alguien tiene el deseo de leer el libro, así que, sólo les comentaré que alquila un estudio y lo decora de un modo bastante peculiar.
Las personas que desean un retrato escrito deben asistir a ese lugar cuatro horas diarias durante 32 días y posar desnudas para el autor.
Por otra parte, la construcción del personaje me parece una verdadera obra maestra. El escritor resulta ser un tipo impredecible, contradictorio, paradójico y absurdo, es decir: un sujeto completamente humano.
A mí me parece que estamos frente al nuevo Bartleby que alguna vez escribiera Melville. Si no han leído Bartleby creo que, por vidita suya, no deberían esperar más tiempo. Es un pequeño cuento del autor de Moby Dick. Aunque tal vez preferirían no hacerlo.
Les diré que algunos días atrás un amigo, que también escribe en Neotraba, me envió un texto que justamente va de lo que les acabo de comentar. Su columna habla de un sujeto que vive de la manera más austera que alguien pudiera imaginarse. No gasta en nada, incluso usa platos desechables, pero da la casualidad de que él sí reutiliza su vajilla, que consiste en un vaso de unicel, que algún día fue habitado por un atole, y un plato en el que le vendieron un huarache con costilla.
Su departamento sólo cuenta con los muebles básicos. El asunto es que en lo único que gasta es en comida y en libros. La peculiaridad mayor de este tipo es que toda su biblioteca está maltratada. No compra nunca un libro en buenas condiciones. Si está deteriorado, subrayado, con el lomo estropeado, con hojas dobladas o con la portada a punto de caerse, se lleva el libro, de lo contrario no lo compra. Actúa de un modo en el que casi nadie actuaría.
Si quisieran saber por qué hace las cosas de esa manera, tendrán que leer la columna de mi amigo. Tan pronto regrese nuestro editor de vacaciones y se publique el texto del gran Sergiño, se los haré llegar. La verdad es que es muy interesante y también me resulta bastante curioso observar las manías que algunas otras personas tienen. Hay ciertas cosas que yo nunca haría que para algunos otros pueden ser de lo más normal.
En la siguiente entrega ya les diré qué tal está el final de Mr Gwyn. Por último, debo comentarles que en esta novela se habla sobre un texto llamado Tres veces al amanecer. Estoy por llegar al final y aún no veo en dónde o por qué lo mencionan, pero resulta que el libro existe y esjustamente la novela que leeré al terminar Mr Gwyn.
Ese libro lo conseguí manejando mi acuamotito, ya les contaré qué fue lo que sucedió.
Me parece que después de todo esto, debo darle otra oportunidad a Abel que justo es la última entrega de Alessandro Baricco. Y como dirían los españoles: “Joder, tío, pero qué bien escribe este gilipollas”.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna que sigue escribiendo y a la espera de que regrese su editor, favor de enviarnos sus comentarios, legendaria damita, inigualable caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
