Una soledad demasiado ruidosa
La novela de un autor checo cuyo argumento es que un libro va directo a la guillotina y reflexionar sobre la belleza de la vida, de esto trata la columna de Gabriel Duarte

La novela de un autor checo cuyo argumento es que un libro va directo a la guillotina y reflexionar sobre la belleza de la vida, de esto trata la columna de Gabriel Duarte

Por Gabriel Duarte
Ciudad de México, 29 de junio de 2025 (Neotraba)
Insensatos lectores: en días recientes decidí revisar un libro que leí algunos años atrás. Recuerdo bien la anécdota: va de un sujeto que trabaja en un lugar donde se dedican a reciclar papel.
El libro se llama Una soledad demasiado ruidosa, escrito por un autor checo denominado Bohumil Hrabal (que pinche nombre tan pinche). En unos momentos más les escribo algo sobre el texto y un poco sobre la vida del escritor.
Lo que sucedió con esta novela es que me hizo recordar una historia que algunos años atrás nos contó una maestra en un salón de clases. Nos dejó leer El libro vacío de Josefina Vicens. Por aquellos días no era una obra del todo conocida. Nos dijo que, en cierta ocasión, por algún extraño motivo, llegó a un sitio donde justamente reciclaban papel. Estaba esperando a alguna persona cuando vio pasar una montaña de libros que iban a guillotinar.
Se trataba de la primera edición de El libro vacío, se acercó y no podía creer que los fueran a destruir. A su juicio era una de las mejores novelas que se había escrito en nuestro país por una mujer (y tenía toda la razón). Decidió que salvaría la mayor cantidad de ejemplares que le fuera posible. Compró todos los que pudo con lo que tenía en la bolsa. Se fue llorando porque la gran mayoría de los ejemplares terminarían guillotinados.
A la gente que trabaja allí le daba igual triturar periódicos viejos, hojas mal impresas, cajas de cartón o primeras ediciones. Podría decir, incluso, que la postura de la maestra les pareció ridícula. ¿Una mujer sacando todo el dinero que trae en su bolso para llenar la cajuela de su coche con unos libros inservibles? Lo anterior me hizo recordar el final de La lista de Schindler.
Algo similar sucedió con un libro de Francisco Tario llamado El jardín secreto. Sólo se editó una vez y hasta donde recuerdo fue un texto póstumo, lo publicó la familia del autor. El tema es que fue un verdadero fracaso, no se vendió ni madres, y todo el tiraje terminó en el reciclado.
Yo quería tener las primeras ediciones de Tario y un gran amigo me ayudó a conseguirlas. Cierto día llegó con un ejemplar de pasta verde editado por Joaquín Mortiz y se trataba ni más ni menos que de El jardín secreto. Jamás me dijo de dónde lo sacó, hay veces que he llegado a pensar que el gran Sergio Núñez tiene una imprenta (¿no sería más fácil que imprimieras dinero y nos dejamos de mamadas, Sergiño?)
Volviendo al libro del escritor cuyo nombre no sé ni cómo escribir: Bohumil Hrabal (1914-1997) nació en Brno, República Checa. Fue Doctor en Derecho. Antes de ser reconocido como un gran escritor desempeñó los oficios más extraños: cartero, tramoyista, obrero metalúrgico, empleado ferroviario y también trabajó en una planta de reciclaje de papel de libros censurados.
Empezó a publicar en 1963 con un gran éxito, pero, tras la ocupación soviética, en la antigua Checoslovaquia, sus libros fueron prohibidos. De su obra cabe destacar: Yo que he servido al rey de Inglaterra, Una soledad demasiado ruidosa, Personajes en un paisaje de infancia, ¿Quién soy yo?, Bodas en casa, La ciudad donde el tiempo se detuvo y Los palabristas.
En cuanto a Una soledad demasiado ruidosa, este sería un pequeño resumen: “Hanta trabaja en una trituradora de papel prensando libros y reproducciones de cuadros. La novela nos cuenta la historia de ese hombre y su relación absolutamente amorosa con los libros que destruye por oficio y algunos que salva por pasión.
Lo que a primera vista parece un trabajo monótono es para él un gozoso modo de vivir. En cada uno de los montones de papel que prensa conviven libros, litografías, ratoncillos aprisionados y su propio esfuerzo.
“Con cada bala doy sepultura a una preciosa reliquia, al ataúd de un niño cubierto de flores marchitas, con orla de aluminio y cabello de ángel”. Mientras deambula por Praga, Hanta alterna sus reflexiones sobre Hegel, Lao-Tse, Nietzsche, Novalis o Kant con los dispersos y pintorescos recuerdos de su juventud.
Con la maestría de Kafka o de Hasek, Hrabal hace aparecer en toda su fuerza la magia de una ciudad cuya atmósfera casi indefinible atenaza progresivamente el alma.
En Una soledad demasiado ruidosa se entrecruzan reflexiones sobre el sentido de la creación artística en nuestros días, la contemplación inconsciente de una ciudad fascinante, la evocación de una soledad existencial totalmente asumida y la constante y complacida exploración del universo literario.
Pero cuando pasamos la última página de ese libro, un sentimiento prevalece sobre cualquier otro: del mismo modo que Hanta jamás olvida algunas frases que lee, nosotros conservaremos siempre en la memoria estos fragmentos de belleza arrancados al tiempo que constituyen Una soledad demasiado ruidosa.
Y todo este desmadre para decirles que sigo sin comprender el mundo. Me pregunto algo: ¿cómo es posible que la basura de algunas personas sea el tesoro de otras? Buscando libros me di cuenta de dónde provienen las bibliotecas y los ejemplares más hermosos que pudieran imaginarse: algunas personas tiran los libros a la basura, otras las regalan porque les estorban y algunas más los venden a un precio ridículo.
En lo que a mí respecta, me queda claro que cuando abandone este mundo no voy a dejar gran cosa, vivo un tanto al día, tengo un auto destartalado y una camioneta vieja, ahorros no tengo y tampoco una propiedad. Lo único que sí tengo es mi biblioteca y eso para mí tiene un gran valor. En breve les contaré cómo es que llegó a mi casa Don Quijote de la Mancha y cómo me vi obligado a leerlo. Por ahora sigo pensando a quién regalaré mis libros antes de partir.
Por otro lado, y para finalizar, había pensado en compartirles alguna nota del periódico, pero no he visto nada interesante, ya saben, sólo me encuentro con lo de siempre: instituciones mexicanas acusadas de lavar dinero del narco y Donald Trump que sigue necio con el tema de los migrantes. Al menos parece que Irán e Israel ya le pararon a su desmadre.
También pensé en extender un poco lo que pienso sobre el gran Carin León, las letras de sus canciones me dejan pensando mucho en el empleo del lenguaje y la postmodernidad en la que vivimos, pero lo que más llama mi atención es el modo en el que canta y vive la música. Es una especie de Eros Ramazzotti norteño, que canta corridos tumbados con diversos géneros y ritmos.
Y ya pensándolo bien, mejor les dejo una rola del gran Kanka con el inigualable Manuel Medrano y con eso terminamos por el día de hoy. A pesar de todas las dificultades y de los imbéciles que gobiernan el mundo (en particular uno color naranja), llego a la conclusión de que la vida de verdad merece la pena: “Qué bello es vivir”.
Cualquier duda o sugerencia con esta columna llena de una soledad demasiado ruidosa, y que piensa que la vida puede ser magnífica, favor de mandarnos sus comentarios, amable damita, gentil caballero.

Gabriel Duarte. Ciudad de México 1972. Es Licenciado en Mercadotecnia por la Universidad Tecnológica de México. Estudió literatura en SOGEM. Está por publicar su primera novela.
